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ESTILO DE VIDA

Amo ser adulta, pero a veces extraño a mi ‘yo adolescente’

A veces simplemente me gusta recordar todo lo que disfrutaba hacer cuando tenía 17 años y mis responsabilidades eran otras.

No voy a negar que amo mi vida tal cual es, es decir, todo lo que he vivido, bueno o malo, me ha llevado a ser la mujer que soy ahora. Para mí siempre ha sido difícil pensar que una edad define etapas marcadas por la sociedad que, si no se siguen de manera “adecuada”, te señalan como si fueras un “bicho raro” si lo que quieres hacer es viajar, conocer el mundo, aprender nuevas cosas cada día e incluso si no quieres tener hijos o casarte. Porque sí, según ellos, los que aman las prácticas tradicionales, a partir de los 30 años debemos tener una familia o un patrimonio y si no, mal.

Aunque esto no es el algo que me quite el sueño, he de confesar que sí extraño a mi ‘yo adolescente’ que tenía como única responsabilidad ser una buena estudiante que cumplía con sus tareas tanto en la escuela como en casa.

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Probablemente estás leyendo esto porque te sientes identificada y créeme, no somos las únicas...

Qué bueno era eso de ir a fiestas con los amigos y no tener que decir ‘ya me voy’ solo porque la semana laboral te cansó tanto que ya no tienes energía para seguir hasta las 3 o 4 de la mañana.

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Qué bueno era eso de comer tantas cosas ‘chatarra’ sin la preocupación de que al otro día no te van a caer bien o tu estómago se va a inflamar. (Sí, eso de ‘come frutas y verduras’ tenía mucha razón).

Qué bueno era eso de vivir con mamá y papá y no tener que preocuparse por pagar cuentas como la renta, la comida, los servicios, etc.

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Qué bueno era eso de tener solo que estudiar para los exámenes o hacer las tareas. Pese a que en ese momento se nos caía el mundo si algo no salía bien, ahora entiendo que no tenía por qué preocuparme de más.

Qué bueno era eso de disfrutar 100% el fin de semana levantándose tarde, comer el desayuno preparado por mamá y luego ver todo el día películas o series.

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Qué bueno era vivir la vida sin redes sociales o celulares, pues ahora estamos tan atadas a ello que si un día no lo tenemos sentimos que se cae el mundo. O cuando nuestras amigas llamaban a la puerta de la casa para salir al cine o simplemente platicar y pasar el rato.

Aunque posiblemente estas cosas ahora son distintas porque la adultez está llena de responsabilidades, por supuesto que es increíble disfrutar el momento con las personas que más queremos. Eso, eso no se cambia por nada...

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