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Home Estilo de Vida

Barbie Ferreira y Ozempic: cuando Hollywood borra los cuerpos que celebró

Irinea Funes by Irinea Funes
octubre 6, 2026
in Estilo de Vida
Barbie ferreira y ozempic: cuando hollywood borra los cuerpos que celebró

Hubo un momento, no hace tanto, en que Hollywood parecía dispuesto a ampliar su definición de cuerpo deseable. Barbie Ferreira era parte de ese momento: su personaje Kat en Euphoria existía en pantalla sin disculparse, sin arco de redención que pasara por bajar de peso, sin el chiste fácil. Era, para muchas personas, una señal de que algo estaba cambiando. La reaparición pública de la actriz en 2026 con una transformación física notable volvió a poner ese «cambio» en tela de juicio, y la palabra que llenó los comentarios fue la misma de siempre: Ozempic.

El fármaco que se convirtió en rumor permanente

Semaglutida —el principio activo detrás de marcas como Ozempic y Wegovy— es un medicamento aprobado originalmente para el manejo de la diabetes tipo 2 y, posteriormente, para la obesidad bajo supervisión médica. Su popularidad en círculos de alto poder adquisitivo no es un secreto: los reportajes de medios especializados llevan años documentando su uso en Beverly Hills, en sets de filmación y en salas de juntas de Nueva York.

El problema no es el fármaco en sí. El problema es el patrón: cada vez que una celebridad —especialmente una que había sido visible por no encajar en el molde— aparece con una silueta radicalmente distinta en cuestión de meses, internet llena el vacío de información con especulación. Y ese vacío existe porque casi nadie habla. Kelly Osbourne lo negó, luego lo confirmó. Oprah Winfrey tardó en reconocerlo públicamente. Amy Schumer lo discutió con más honestidad que la mayoría. Barbie Ferreira, hasta ahora, no ha dicho nada.

El silencio es comprensible. También es sintomático.

Body-positive no desapareció: fue absorbido

Sería fácil decretar que el movimiento de positividad corporal murió en manos de una inyección semanal. La realidad es más incómoda: el movimiento fue cooptado por las mismas industrias que pretendía desafiar. Las marcas adoptaron el lenguaje de la aceptación mientras sus productos seguían vendiendo inseguridades. Las plataformas celebraron la diversidad corporal en campañas mientras sus algoritmos premiaban ciertos cuerpos sobre otros.

Lo que está ocurriendo ahora es la siguiente fase de esa tensión. El acceso a fármacos que modifican el cuerpo de forma dramática y relativamente rápida no es democrático: requiere dinero, acceso a médicos específicos y, en muchos casos, un diagnóstico que justifique la prescripción. Cuando ese acceso se concentra en quienes ya tienen privilegios, el resultado es predecible: los cuerpos que el mainstream había «aceptado» regresan a la norma histórica, y lo hacen con una coartada médica que hace casi imposible la crítica directa.

Nadie puede —ni debe— juzgar las decisiones de salud de otra persona. Pero sí podemos observar el efecto colectivo: cuando las figuras que representaban visibilidad para ciertos cuerpos desaparecen de esa representación, el mensaje que queda en pantalla es el de siempre.

Por qué el caso de Barbie Ferreira importa más allá del chisme

Kat Hernández fue un personaje que importó a una generación específica por razones concretas. No era la amiga graciosa ni la chica a quien había que salvar de sí misma: tenía agencia, sexualidad, contradicciones. Eso fue posible, en parte, porque Ferreira existía en la industria ocupando un espacio que históricamente se le había negado a cuerpos como el suyo.

La pregunta que vale la pena hacerse no es si la actriz usó o no un medicamento —eso le pertenece a ella—, sino qué dice de Hollywood el hecho de que su transformación sea noticia, de que la industria siga operando bajo una lógica donde ciertos cuerpos son tolerados temporalmente pero nunca del todo bienvenidos. Y qué dice de nosotros que el debate se centre en el método y no en el sistema que hace que ese método parezca necesario.

La conversación que sigue pendiente

Ozempic no es la causa del problema; es el síntoma más reciente de una industria que lleva décadas enviando el mismo mensaje con distintos empaques. Lo nuevo es la velocidad y la accesibilidad relativa —aunque siga siendo un privilegio— con que ese mensaje puede materializarse en un cuerpo.

Mientras Hollywood no tenga que rendir cuentas sobre qué cuerpos financia, qué historias cuenta y a quién le da continuidad en pantalla, cada transformación viral seguirá siendo una conversación a medias: mucho ruido sobre el individuo, poco sobre la estructura que lo produce.

El cuerpo de Barbie Ferreira es suyo. La pregunta de qué mundo la rodeó para llegar aquí es de todas.

Tags: barbie ferreiracultura popeuphoriaozempic

Irinea Funes

Irinea Funes

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