A primera vista, parecía que 2024 podría haber sido otro año destacado para los vasos Stanley. Lo que comenzó como un simple recipiente para bebidas se transformó en un auténtico fenómeno cultural, convirtiéndose en el accesorio definitivo para los fanáticos de la hidratación de todo el mundo, e incluso en un accesorio de moda.
Pero ahora parece que hay mucha controversia que podría llevar a la marca directamente a la quiebra.
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El ascenso de los vasos Stanley
Todo comenzó cuando la usuaria de TikTok @danimarielettering compartió un video viral en el que revelaba que su vaso Stanley había sobrevivido a un incendio en un automóvil, con el hielo intacto en el interior.
Con 94,8 millones de vistas, este momento se convirtió en un triunfo de marketing fundamental para Stanley, que inspiró a la empresa a lanzar colores de edición limitada y colaborar con marcas como Starbucks y LoveShackFancy.
@themessengerontiktok Social media users are calling this woman’s video the best advertisement for a Stanley cup. #stanleycup #stanley #stanleytumbler #stanleycupfire
Es fácil decir que podemos agradecer el salto a la fama de los Stanley gracias al fenómeno TikTok, donde tanto influencers como otros usuarios mostraron sus colores vibrantes y su durabilidad, convirtiéndose en otro accesorio que todas querían tener.
De repente, los videos de tazas de edición limitada, como la versión del Día de San Valentín, se volvieron bastante populares, al mismo tiempo que escenas caóticas de compradores luchando por el último de estos vasos.

Según CNN, una colaboración de Stanley con Starbucks desencadenó un revuelo viral similar por el vaso rojo metálico Quencher de edición limitada para las fiestas.
Estos vasos que cuestan entre $900 y $1,300 se pueden encontrar en tiendas como Amazon, Liverpool, Walmart y Starbucks y se convirtieron en mucho más que recipientes para agua: se las consideraba “botellas de agua de apoyo emocional”, un compañero reconfortante para nuestras vidas ajetreadas.
La controversia de los vasos Stanley
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Sin embargo, las cosas empezaron a complicarse. En enero, circularon rumores de que los vasos contenían niveles peligrosos de metal. Aunque estas afirmaciones fueron desmentidas, el daño a la reputación de la marca ya estaba hecho. Para echar más leña al fuego, 2,6 millones de tazas de viaje Stanley fueron retiradas del mercado después de que 38 usuarios denunciaran quemaduras causadas por tapas defectuosas.
Stanley respondió en las redes sociales y afirmó: “Estamos comprometidos con la mejora constante y nos centramos en crear productos de calidad diseñados para toda la vida”. A pesar de sus esfuerzos, las cosas ya no volvieron a ser las mismas pues aparecieron personas criticando el ansia de consumismo, lo que llevó a que el popular artículo se convirtiera en una tendencia pasajera.
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“En más de un sentido, Stanley siguió las tácticas de la industria de la moda rápida, impulsando un consumo excesivo de un artículo que, en su propio lenguaje de marketing, está “hecho para toda la vida”, escribe Jessica Kutz para Analyst.
Para colmo, las quejas sobre su elevado precio y la falta de una verdadera función a prueba de derrames empujaron a muchos a buscar alternativas, como Owala, un nuevo contendiente en el juego de las botellas de agua que es más barato e igual de funcional.
Así pues, al despedirnos de la era de los vasos Stanley, nos preguntamos: ¿realmente fue solo otra moda pasajera? ¿Realmente necesitamos coleccionar más de diez Stanley en casa? y… ¿realmente valieron la pena tanto revuelo?
Esta nota fue escrita originalmente en inglés por Fernanda Cerdio
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