Quiero iniciar esta carta dándote gracias infinitas, por todo, por los momentos, por las risas, las lágrimas, las oportunidades, el cariño, el amor, los abrazos, los secretos, las enseñanzas, el aprendizaje, las lecciones, por tu amistad. Gracias por llegar a mi vida y dejarme entrar a la tuya, por querer quedarte y mantener la bonita conexión que nació sin que lo esperáramos. Por quererme y por darme tu amor incondicional, porque, aún siendo yo, quisieras ser mi amiga.

Quiero que sepas y estés segura de que valoro todo lo que tú eres y lo que me has brindado con las manos extendidas pero, sobre todo, con el corazón abierto, sin ningún costo, sin esperar nada cambio, sin condiciones. Valoro que lo des todo con el alma, te valoro a ti completa porque eres una mujer excepcional, enorme, valiosa, fuerte y vibrante. Gracias por darle luz a mi vida y más por demostrarme que la amistad verdadera existe, incluso que puede tocarse, porque la nuestra es tan grande que siento que puedo abrazarla.

Eres una persona admirable de la que todos debemos aprender, una mujer llena de luz y de brillo, eres inigualable, única y todo aquel que tenga la oportunidad de conocerte debería sentirse agradecido de tenerte presente en su vida porque tú, amiga, eres un ser especial que llena el corazón de cualquier persona que se ponga frente a ti. Así de poderosa eres, así de mágica, así tan tú.
No importa el lugar que pises, éste se mantendrá iluminado siempre y cuando tú permanezcas ahí, éste tendrá melodía siempre y cuando tú hables: éste se mantendrá funcionando siempre y cuando tú rías. Porque así es tu presencia, es latente, es vital, es inmensa y es fuerte. Debería ser un error que alguien se perdiera de ti, que alguien no te dejara entrar o que alguien te dejara ir, un error rotundo porque no tiene ni la más remota idea de todo lo que está renunciando: de ti.

Te admiro todos los días, lo que haces por ti, por crecer, por vivir, por ser feliz. Admiro quien eres y los pasos gigantes que das para convertirte en la mujer que buscas ser; que lo entregues todo por ese pedacito tuyo, por los que te rodean, por tu plenitud: por tu felicidad. Admiro lo gigantesca que eres y que sé que seguirás siendo, porque eres tan especial que ni siquiera tu límite será el cielo porque, hasta allá, sigue habiendo más para ti.

Gracias por recibirme con las manos abiertas en aquel lugar, pero más por hacerlo en tu corazón. Gracias también por confiar ciega e incondicionalmente en mí, por apoyarme, cuidarme y quererme hasta cuando yo me olvido de hacerlo. Me siento tan afortunada de conocerte que a veces no me creo que este plano tenga personas como tú: pero las tiene, aquí estás, estás y eres parte de mi vida, de este plano, de mi plano.

Te atesoro siempre y no puedo desearte otra cosa que no sea felicidad, la mereces, te mereces todo lo bueno de éste y todos los planetas. Y, si me das la oportunidad, estaré feliz de ver cómo te comes el mundo, porque ése es tu destino, el de ser quien tú quieras ser y, a quien elijas, ser la luz de todo aquel lugar que pises.

Gracias porque nunca dejaste de creer en mí y me diste tu amor incondicional, gracias por lo que fue, lo que es y lo que será. Gracias por la amistad, por tu existencia y por tu magia. Gracias, amiga, por dejarme ser tu amiga, porque eres uno de los regalos más bonitos que la vida trajo a mí y hago la más sincera promesa de cuidarlo en ésta y todas las vidas que están por venir.
Siempre que lo necesites te ayudaré con los pedazos de mi corazón a reparar el tuyo.
Con amor y mucha admiración, para M, la amiga que todos deberían tener en su vida.
VER MÁS:
12 razones por las que todo hombre necesita una mejor amiga.
30 promesas que debes hacerle a tu mejor amiga para reforzar su amistad.
Confirmado por la ciencia: Las mujeres quieren más a su mejor amiga que a su pareja.

