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ESTILO DE-VIDA

Carta al cielo para el ángel que me daba fuerza y llenaba de amor: mi abuelita

Jamás creí que no te tendría más, que dejaría de escuchar tu canto, tus risas y anécdotas.

Este artículo fue originalmente publicado por Dulce García en febrero del 2021.

Mi corazón está roto, mi familia está rota, mi futuro está roto. ¿Cómo puedo seguir? ¿Cómo lograré avanzar sin la presencia de mi abuela? El pilar, mi 'tita', la fuerza de mis días. 

La vida está llena de ciclos, mi favorito: conocer a los abuelos. Esos seres que te aman incondicionalmente, guardan tus secretos, hacen la comida más deliciosa y te cuentan anécdotas bellísimas. La llegada de un nieto siempre ilumina su vida, es un pequeño ser de uno de sus más grandes amores: sus hijos. De inmediato su vida se llena de colores sin saber que los colores se los están dando a la vida de ellos.

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Tener una abuelita es tener a una cómplice, amiga, ejemplo a seguir. La infancia se vuelve más linda y divertida a su lado, y qué decir de los manjares que probamos de su cocina, sin conocer de dónde viene ese sazón o qué ingrediente secreto tiene para que en ningún otro lado sepa igual.

Presente en todo momento, en los buenos y malos, siempre dándonos la mano, esa mano arrugadita llena de amor, para sostenernos y aplaudirnos en cualquier situación. En cada fiesta, en cada regaño, en cada celebración y en cada domingo de reunión familiar, ahí estaba ella, con su cobijita en las piernas y cambio en sus bolsillos para regalárselo a los nietos 'aunque sea para un refresco'. Porque así son las abuelitas: protectoras, dulces, consentidoras, con el corazón más grande y puro. 

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Tantas sonrisas compartidas, pláticas, chistes e incluso lágrimas... jamás creí que terminarían. Tus ojitos se fueron apagando, tu sonrisa acabando, tu voz ya no se escuchaba, y con ella, mi corazón. Nunca estuve lista para verte partir, aún no lo estoy, en mi mente se quedó aquel último abrazo y ese beso lleno de miedo. ¿Qué será de mí? ¿Qué significado tendría mi vida sin tu presencia? 

Me rehuso a creer que ya no estás, te sigo buscando y me parte el alma recordar que no podré verte más. En mi mente tengo clavada la vez que te vi llorar, pocas veces lo hiciste, al menos frente a mí. Te quedaban días, sollozabas como si supieras que el momento se acercaba... y de pronto llegó, la peor mañana en la vida de muchos. Abriste tus alas, lista para llegar al cielo y seguir brillando como lo hiciste aquí. 

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No importa cuántos días han pasado desde aquella vez, todas tus enseñanzas y recuerdos siguen aquí, recordándote en todo momento. De pronto me invaden imágenes de mi infancia, los momentos más felices de mi vida, tú estabas a mi lado. Lloro, mamá llora, los tíos lloran, primos y hermanos... haces mucha falta. La casa está incompleta, no se siente igual. Miro tus suéteres, huelo tu perfume, veo aquel sillón donde siempre te encontraba y me vuelve a partir el corazón.

Recuerdo la sensación cuando supe la noticia. Un golpe al corazón y un hueco en el estómago. Sentí frío por todo el cuerpo, se fue toda mi energía y las lágrimas salieron solitas. No podía creerlo. No quería aceptarlo. 

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Todos te abrazan, dicen 'lo siento' y te ofrecen estar ahí. Nada sirve. El dolor que siento no se borra y estoy segura que jamás se irá. Trato de distraerme, de sonreír, de seguir mi vida y avanzar. Porque no soy la primera ni la única que ha pasado por esto. Incluso tú lo pasaste, y entonces me repito 'no quiero volver a vivir esto' pero recuerdo que aún está el abuelo a quien debemos cuidar porque le parte tu ausencia, aún están mis papás y hermanos. Sabemos que todos en algún momento nos iremos, te tocó primero. Me doy cuenta que así es esto, así es la vida, que por más que intente sanar, esta herida siempre estará aquí, en mi corazón, y me acompañará a cada paso que dé porque siempre me harás falta, tanta falta. 

Pero a pesar de todo esto. Sé que de alguna forma sigues a mi lado amándome y protegiéndome, que nunca me vas a dejar sola. Tú siempre estás y estarás en mi mente y corazón, en cada paso que doy, siguiendo cada enseñanza y consejo que me diste con todo tu amor. Jamás te irás, abuelita, porque aunque aquí haces mucha falta y quizá me olvidé por mucho tiempo que no eras eterna, trataremos siempre se sonreír y vivir la vida bailando, tal y como tú lo hiciste. 

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No llorar no puedo prometerlo pero lo que sí puedo hacer es jamás despedirme de ti. Esta carta es un hasta pronto, un espérame desde donde estés para que cuando llegue el momento de reencontrarnos, vuelva a sentir tus cálidos abrazos y el beso en la frente. 

Estamos aprendiendo a vivir con tu ausencia. Es difícil, muy duro, pero quédate tranquila que aquí tu lugar siempre estará guardado, en el corazón de cada uno de nosotros que te amamos y extrañamos eternamente. 

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Buen viaje, abuelita, vuela, vuela muy alto. Gracias, infinitas gracias por el tiempo que compartimos juntas. TE AMO.

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Etiquetas:cartas de amor
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