Qué extraña sensación la de querer echar a la basura todo el esfuerzo que me ha costado llegar hasta donde estoy, cumpliendo ese sueño que me llenaba de gran ilusión desde que era niña.
Crecí con la idea de que si me dedicaba a aquello que realmente amo, el trabajo no se sentiría como trabajo. Sin embargo, llevo meses sintiéndome cansada, harta e insegura. ¿No se supone que debería ser al revés?
He platicado con varios amigos y lo más extraño es que todos coincidimos, el sueño resultó ser una pesadilla. De pronto siento que no debo quejarme, pues estoy donde siempre quise, dedicándome a lo más amo, pero creo que eso ya no es suficiente.
Entiendo que hay responsabilidades y retos, no tengo problema con eso, pero me encuentro en un punto en el que siento que ya no me queda la camiseta, esa que mi jefe quiere que me ponga por la empresa que al parecer, no le importo ni un poquito.
Les juro que hay días en los que despierto con toda la intención de seguir dando todo, pero hay muchos más en los que me siento ahogada, sin motivación, simplemente con la obligación de cumplir, de sacar la chamba.
Al principio lo aceptaba, me era muy complicado decir que ‘no’, de alguna manera me sentía agradecida por la oportunidad; sin embargo, conforme ha pasado el tiempo, me pongo a pensar si realmente es lo que quiero en mi vida.
La presión y la carga de trabajo me rebasaron, mi creatividad se nubló y mis ganas de querer seguir se esfumaron. Me llena de tristeza saber que aquello que alguna vez se convirtió en mi motivación, ahora es lo que me tiene harta.
Ser jefe implica liderazgo y empatía, dos cualidades que parecieran no conocer en la actualidad. No los juzgo porque sé que también hay que sacar el ‘barco a flote’, pero no estaría mal recordar que los empleados no somos máquinas, somos humanos…
Quizá no les sea tan fácil percatarse, pero ese tipo de actitudes nos están complicando la existencia, pero sobre todo, afectan nuestro autoestima, seguridad, haciéndonos sentir insuficientes, aun dando el 200 por ciento.
No pido que todo sea color rosa, pero sí que nos escucharan, que nos pregunten de vez en cuando cómo nos sentimos, porque está claro que la respuesta no es positiva.
Dedicarse a lo que amas es de las satisfacciones más hermosas en la vida porque ayuda a amortiguar los golpes más fuertes, pero hoy puedo comprobar que es mentira que es algo que siempre te hará feliz.
