
Este es mi momento, sin compartirlo con nadie. Todo para mí: mis pensamientos, mi tiempo, mi dinero, mis planes, mis gustos pero sobre todo, mi amor completito. Qué gran época, jamás me había sentido tan tranquila, tan feliz y poderosa. Quizá para algunos suene sorprendente e incluso lleguen a criticarme pero no tengo que dar explicaciones de mi soltería y lo bien que me hace sentir.
Ya me cansé de dramas, mensajes obligados por las mañanas, que no se te pase el de buenas noches y pensar por dos personas para todo. Amo enfocarme en mí y en lo que me hace sentir bien. Por años creí que mi felicidad estaría junto a alguien e incluso soporté actos que en este momento jamás aceptaría. No sé, era más joven, inmadura o quizá no había probado las mieles de la soltería. Lo aceptaba, bajaba la mirada y decía que estaba feliz. En realidad no pero no lo sabía.
Supongo que sucede de esa forma por varias razones, la sociedad dice que debes estar con alguien, compartir todo lo que poseas y tratar de encontrar ‘un punto medio’ a las diferentes personalidades y hábitos. Así lo hice, así lo hicimos todos. Es ‘lo correcto’, lo normal y lo ‘bien visto’. Entonces empecé a cuestionarme. ¿Por qué la gente quiere encajar en un molde y que los demás también lo hagan? Yo quiero mis cosas para mí, compartirlas cuando yo quiera y seleccionar dónde, cómo, con quién y cuándo.
Me agoté, porque es verdad ¡qué agotador es tener a una pareja! preocuparte si se siente bien, qué le gusta que le digas, cómo prefiere que actúes, pensar si no te está mintiendo, si lo conoces lo suficiente o qué sigue en su relación. Hay una presión constante por todos lados para hacer lo mismo que los demás, como una especie de rompecabezas donde las piezas constan de: conoces a alguien, se gustan, son novios por algunos años, se casan, viven bajo el mismo techo, tienen hijos y se quedan juntos eternamente hasta que la muerte los separe. Como ‘debe ser’ y sin alterar el orden porque de lo contrario, habrías arruinado todo y el mundo se viene encima.
No, yo no entro en ese molde. Estoy segura que muchas personas no nos sentimos cómodas o identificadas con ese estilo de vida. Afortunadamente nos tocó vivir en un tiempo donde podemos cuestionar y cambiar las reglas establecidas. Sí, tenemos que soportar comentarios e incluso miradas de los más conservadores pero también hemos ganado suficiente poder para mantenernos firmes con nuestras decisiones diferentes. El tema de la soltería es uno. No soy egoísta, simplemente mi corazón, alma y sobre todo paz mental se sienten bien así, sin pareja, enfocándose en mi bienestar únicamente.

Con esto no quiero decir que odio a los hombres o no me gusta conocer gente nueva. Para nada. Me encanta platicar, bailar, salir a tomar un trago o planes divertidos. Hasta ahí. ¿Algo formal? no, yo no soy para tener una relación formal. Y bueno, finalmente estamos en ese momento donde no debemos juzgar las decisiones de otros ¿verdad? Esta es la mía y me siento sumamente feliz con ella.
Amo mi soltería. Amo leer libros por horas acostada en el sillón junto a la ventana. Amo que en casa solo haya mi té favorito. Amo preparar galletas y tardarme lo que me tenga que tardar. Amo salir de viaje, conocer lugares nuevos y no sentirme atada a una ciudad con la presión de volver. Yo me siento libre, como un ave con el poder de abrir las alas y explorar el mundo cuando quiera. No me gusta que me aten como por mucho tiempo me sentí en relaciones complicadas que frenaban mi vuelo. Hoy quiero disfrutar, disfrutarme y experimentar todo lo que mi cuerpo puede sentir, ver, oler y degustar…
Amo estar sola y ser la dueña de mi tiempo. Amo pensar solo en mí y mandar mensajes cuando yo quiera mandarlos. Amo ver a otras personas y que encuentre atractivas a más de una sin que a alguien le moleste. Amo apreciar las cosas bonitas del mundo y sin duda, mi soltería es una de ellas.

