La primera vez que emprendí la aventura de irme de casa con la finalidad de experimentar cosas nuevas con personas que no eran mi familia e incluso para vivir las responsabilidades que eso conlleva, nunca imaginé que terminaría guardando mis cosas en las maletas una y otra vez.
Al principio fue todo un sueño; el departamento perfecto, el costo perfecto, la zona perfecta y ¿la roomie perfecta?
Pasaron dos años muy emocionantes en los que me divertí, conocí muchas personas e hice de mi roomie una amiga que poco a poco empecé a considerar como mi hermana, sin embargo, un episodio triste en su vida hizo que se empezara a comportar de forma extraña conmigo y por primera vez en mucho tiempo tuvimos nuestra primera discusión que, al dejarme un raro sentimiento, decidí irme del lugar y de su vida, porque entendí que posiblemente mi ciclo ahí ya estaba terminando.
Lo siento, siento mucho haberme ido después de esa pelea, pero estoy segura que sabías que fue lo mejor. Antes no me había dado cuenta de tu forma tan controladora de ser, pero algunos amigos me abrieron los ojos y me recordaron varios episodios en los que pasó y fue entonces que me di cuenta que esa relación en realidad no era sana para mí, porque siempre di mucho.

Después de esa primera experiencia, por las circunstancias viví en otros lugares sin realmente conectar con las personas, pero eso estaba bien para mí. Y luego de viajar y experimentar cosas diferentes, una vez más necesité buscar un lugar con compañeros de departamento.
Otra vez estaba dispuesta a hacerlo a largo plazo y cuando pensé que finalmente había encontrado el “lugar perfecto”, otros raros episodios volvieron a dejarme intranquila.
Sí, tú roomie que bebía casi toda la semana y no me dejaba dormir porque a altas horas de la madrugada te la pasabas cantando muy fuerte y recibías visitas una y otra vez y no me avisabas… Tú roomie que también bebías y bebías e incluso me mirabas de una forma muy incómoda y te la pasabas hablando mal de las mujeres por tu machismo… Tú roomie que no me creíste por lo que pasaba con el otro roomie y lo minimizaste… Tú roomie que no hacía la limpieza porque “nunca estabas”… Tú roomie que eras mentirosa y tenías comportamientos “mala vibra”… Tú roomie que hacía fiestas sin avisar…
A todos ustedes les quiero decir algo:
Aunque vivir con ustedes llegó a ser todo un reto, debo decir que han sido grandes maestros, porque gracias a ustedes me di cuenta sobre lo que no quiero en mi vida y lo que no quiero de las personas con las que viva en el mismo techo, así que gracias, no me queda nada más que decir muchas gracias y adiós…
Ahora mi paz, mi tranquilidad y salud mental es mi prioridad y por eso, aunque hacer y deshacer las maletas una otra vez sea una tarea bastante agotadora, no importa, gracias a eso descubrí cuál es mi camino.
La primera vez que emprendí la aventura de irme de casa con la finalidad de experimentar cosas nuevas con personas que no eran mi familia e incluso para vivir las responsabilidades que eso conlleva, nunca imaginé que terminaría guardando mis cosas en las maletas una y otra vez.
Al principio fue todo un sueño; el departamento perfecto, el costo perfecto, la zona perfecta y ¿la roomie perfecta?
Pasaron dos años muy emocionantes en los que me divertí, conocí muchas personas e hice de mi roomie una amiga que poco a poco empecé a considerar como mi hermana, sin embargo, un episodio triste en su vida hizo que se empezara a comportar de forma extraña conmigo y por primera vez en mucho tiempo tuvimos nuestra primera discusión que, al dejarme un raro sentimiento, decidí irme del lugar y de su vida, porque entendí que posiblemente mi ciclo ahí ya estaba terminando.
Lo siento, siento mucho haberme ido después de esa pelea, pero estoy segura que sabías que fue lo mejor. Antes no me había dado cuenta de tu forma tan controladora de ser, pero algunos amigos me abrieron los ojos y me recordaron varios episodios en los que pasó y fue entonces que me di cuenta que esa relación en realidad no era sana para mí, porque siempre di mucho.

Después de esa primera experiencia, por las circunstancias viví en otros lugares sin realmente conectar con las personas, pero eso estaba bien para mí. Y luego de viajar y experimentar cosas diferentes, una vez más necesité buscar un lugar con compañeros de departamento.
Otra vez estaba dispuesta a hacerlo a largo plazo y cuando pensé que finalmente había encontrado el “lugar perfecto”, otros raros episodios volvieron a dejarme intranquila.
Sí, tú roomie que bebía casi toda la semana y no me dejaba dormir porque a altas horas de la madrugada te la pasabas cantando muy fuerte y recibías visitas una y otra vez y no me avisabas… Tú roomie que también bebías y bebías e incluso me mirabas de una forma muy incómoda y te la pasabas hablando mal de las mujeres por tu machismo… Tú roomie que no me creíste por lo que pasaba con el otro roomie y lo minimizaste… Tú roomie que no hacía la limpieza porque “nunca estabas”… Tú roomie que eras mentirosa y tenías comportamientos “mala vibra”… Tú roomie que hacía fiestas sin avisar…
A todos ustedes les quiero decir algo:
Aunque vivir con ustedes llegó a ser todo un reto, debo decir que han sido grandes maestros, porque gracias a ustedes me di cuenta sobre lo que no quiero en mi vida y lo que no quiero de las personas con las que viva en el mismo techo, así que gracias, no me queda nada más que decir muchas gracias y adiós…
Ahora mi paz, mi tranquilidad y salud mental es mi prioridad y por eso, aunque hacer y deshacer las maletas una otra vez sea una tarea bastante agotadora, no importa, gracias a eso descubrí cuál es mi camino.
La primera vez que emprendí la aventura de irme de casa con la finalidad de experimentar cosas nuevas con personas que no eran mi familia e incluso para vivir las responsabilidades que eso conlleva, nunca imaginé que terminaría guardando mis cosas en las maletas una y otra vez.
Al principio fue todo un sueño; el departamento perfecto, el costo perfecto, la zona perfecta y ¿la roomie perfecta?
Pasaron dos años muy emocionantes en los que me divertí, conocí muchas personas e hice de mi roomie una amiga que poco a poco empecé a considerar como mi hermana, sin embargo, un episodio triste en su vida hizo que se empezara a comportar de forma extraña conmigo y por primera vez en mucho tiempo tuvimos nuestra primera discusión que, al dejarme un raro sentimiento, decidí irme del lugar y de su vida, porque entendí que posiblemente mi ciclo ahí ya estaba terminando.
Lo siento, siento mucho haberme ido después de esa pelea, pero estoy segura que sabías que fue lo mejor. Antes no me había dado cuenta de tu forma tan controladora de ser, pero algunos amigos me abrieron los ojos y me recordaron varios episodios en los que pasó y fue entonces que me di cuenta que esa relación en realidad no era sana para mí, porque siempre di mucho.

Después de esa primera experiencia, por las circunstancias viví en otros lugares sin realmente conectar con las personas, pero eso estaba bien para mí. Y luego de viajar y experimentar cosas diferentes, una vez más necesité buscar un lugar con compañeros de departamento.
Otra vez estaba dispuesta a hacerlo a largo plazo y cuando pensé que finalmente había encontrado el “lugar perfecto”, otros raros episodios volvieron a dejarme intranquila.
Sí, tú roomie que bebía casi toda la semana y no me dejaba dormir porque a altas horas de la madrugada te la pasabas cantando muy fuerte y recibías visitas una y otra vez y no me avisabas… Tú roomie que también bebías y bebías e incluso me mirabas de una forma muy incómoda y te la pasabas hablando mal de las mujeres por tu machismo… Tú roomie que no me creíste por lo que pasaba con el otro roomie y lo minimizaste… Tú roomie que no hacía la limpieza porque “nunca estabas”… Tú roomie que eras mentirosa y tenías comportamientos “mala vibra”… Tú roomie que hacía fiestas sin avisar…
A todos ustedes les quiero decir algo:
Aunque vivir con ustedes llegó a ser todo un reto, debo decir que han sido grandes maestros, porque gracias a ustedes me di cuenta sobre lo que no quiero en mi vida y lo que no quiero de las personas con las que viva en el mismo techo, así que gracias, no me queda nada más que decir muchas gracias y adiós…
Ahora mi paz, mi tranquilidad y salud mental es mi prioridad y por eso, aunque hacer y deshacer las maletas una otra vez sea una tarea bastante agotadora, no importa, gracias a eso descubrí cuál es mi camino.
La primera vez que emprendí la aventura de irme de casa con la finalidad de experimentar cosas nuevas con personas que no eran mi familia e incluso para vivir las responsabilidades que eso conlleva, nunca imaginé que terminaría guardando mis cosas en las maletas una y otra vez.
Al principio fue todo un sueño; el departamento perfecto, el costo perfecto, la zona perfecta y ¿la roomie perfecta?
Pasaron dos años muy emocionantes en los que me divertí, conocí muchas personas e hice de mi roomie una amiga que poco a poco empecé a considerar como mi hermana, sin embargo, un episodio triste en su vida hizo que se empezara a comportar de forma extraña conmigo y por primera vez en mucho tiempo tuvimos nuestra primera discusión que, al dejarme un raro sentimiento, decidí irme del lugar y de su vida, porque entendí que posiblemente mi ciclo ahí ya estaba terminando.
Lo siento, siento mucho haberme ido después de esa pelea, pero estoy segura que sabías que fue lo mejor. Antes no me había dado cuenta de tu forma tan controladora de ser, pero algunos amigos me abrieron los ojos y me recordaron varios episodios en los que pasó y fue entonces que me di cuenta que esa relación en realidad no era sana para mí, porque siempre di mucho.

Después de esa primera experiencia, por las circunstancias viví en otros lugares sin realmente conectar con las personas, pero eso estaba bien para mí. Y luego de viajar y experimentar cosas diferentes, una vez más necesité buscar un lugar con compañeros de departamento.
Otra vez estaba dispuesta a hacerlo a largo plazo y cuando pensé que finalmente había encontrado el “lugar perfecto”, otros raros episodios volvieron a dejarme intranquila.
Sí, tú roomie que bebía casi toda la semana y no me dejaba dormir porque a altas horas de la madrugada te la pasabas cantando muy fuerte y recibías visitas una y otra vez y no me avisabas… Tú roomie que también bebías y bebías e incluso me mirabas de una forma muy incómoda y te la pasabas hablando mal de las mujeres por tu machismo… Tú roomie que no me creíste por lo que pasaba con el otro roomie y lo minimizaste… Tú roomie que no hacía la limpieza porque “nunca estabas”… Tú roomie que eras mentirosa y tenías comportamientos “mala vibra”… Tú roomie que hacía fiestas sin avisar…
A todos ustedes les quiero decir algo:
Aunque vivir con ustedes llegó a ser todo un reto, debo decir que han sido grandes maestros, porque gracias a ustedes me di cuenta sobre lo que no quiero en mi vida y lo que no quiero de las personas con las que viva en el mismo techo, así que gracias, no me queda nada más que decir muchas gracias y adiós…
Ahora mi paz, mi tranquilidad y salud mental es mi prioridad y por eso, aunque hacer y deshacer las maletas una otra vez sea una tarea bastante agotadora, no importa, gracias a eso descubrí cuál es mi camino.

