No importa qué tanto crezca, siempre voy a querer acercarme a ti para que me regales un consejo, me tomes de la mano y me guíes, y resuelvas mis dudas… o simplemente para que me abraces y nos acompañemos toda la vida.
Estamos lejos, es cierto, pero siempre cerquita del corazón del otro. Conectados y sincronizados al ritmo de nuestros latidos, porque nuestro amor es tan inmenso que no le importa la distancia.
Carta para agradecer a mi papá, que no me suelta la mano sin importar lo adulta que sea
No importa qué tanto crezca, siempre seré la niña de papá que busca llamar tu atención; que busca tu mano, tu orgullo y no defraudarte. La que tiembla de miedo en la oscuridad y en el día planea comerse al mundo de un bocado al despertar.
“Cuando dejo mis zapatos pegaditos a los tuyos, no sé bien, no entiendo bien si estoy construyéndome un futuro o curándote un pasado… pero sé que este cuento no acabó…”

No importa qué tan adulta sea y lo mucho que me esté construyendo un futuro, eso no sería posible si el camino no lo compartieras conmigo, porque sin mamá, mi hermano y sin ti, yo nada nunca.
No importa qué tanto crezca, no dejaré de acudir al teléfono para llamarte, hablarte por horas de mi artista favorito y tú lo escuches el mismo tiempo sin colgar. Para platicar de la vida, de nuestra música favorita, de cine, de viajes y de uno que otro chisme. No colgaré el teléfono porque siempre querré hablar contigo.
Agradezco la conexión que tenemos, tanta que decimos las mismas cosas al mismo tiempo; no podría ser más afortunada de tenerte porque la vida me ha premiado con dos perfectas guías, el soporte de mi vida… incluso, mi vida entera.
No importa qué tanto crezca, no puedo ser más afortunada de acudir al teléfono y, al llamar, siempre estés tú del otro lado para contestar.
Que siempre estés tú dejando tus zapatos pegaditos a los míos.
