¿Qué sentí cuando te conocí? Primero voy a iniciar contándote lo que sentí cuando me enteré que venías en camino.
Fue un viernes por la tarde, lo recuerdo bien porque estaba por hacer la maleta para salir de viaje ese fin de semana, era la boda de tu tía Denisse. Me hice la prueba solo para tener paz mental –no porque realmente esperaba que estuviera embarazada– de pronto vi el resultado y me sentí paralizada, con un hueco en la panza, no podía mover mis manos, ni mis pies, tampoco podía gesticular una palabra, creo que hasta dejé de respirar por unos segundos; estaba sentada en el sillón de la casa de tus abuelos con tu papá –de lo más tranquilo– tomándome la mano y diciéndome que todo iba a estar bien. Era real, estaba embarazada.
Pasaron minutos, que yo sentí como si fueran horas, cuando por fin pude reaccionar. No te voy a mentir, me llené de angustia, de miedo, de emoción, de preocupación, de miedo de nuevo y que fue escalando a pánico y luego nuevamente a emoción. Para ser sincera, no me sentía lista para ser madre, no sé si alguna mujer en algún punto de su vida se siente 100% lista para serlo; yo tenía 28 años aunque me sentía de 15, cuando me enteré que estaba embarazada de ti, mi bebé, mi dinosaurio, mi rex.
No sé en qué momento sucedió, no sé si un día desperté y me sentí con la capacidad, o más bien creo que fuiste tú, el que me dio la fuerza que necesitaba. Pero de pronto me sentí lista, me sentí preparada y se fue por completo casi todo ese miedo –porque sigo viviendo con miedo de que algo te pasé o que no sea lo suficientemente buena madre –. De un momento a otro todo, absolutamente todo mi ser, se llenó de amor y emoción. Cada latido tuyo, cada patada, cada movimiento, cada noche que no me dejabas dormir, cada día triste que compartimos (porque tienes que saber que sí pasamos muchos momentos malos, pero esa es otra historia), cada momento feliz, cada cosa que vivíamos me hacía amarte más y más. Todavía estabas dentro de mí, y yo ya sabía que el verdadero amor de mi vida eras tú.

Y llegó el día que llegaste a la tierra y yo me sentía en las nubes, 1 de mayo de 2019, el mejor día de mi vida. Sé que todas las mamás lo dicen, pero de verdad que ese día conocí el sentimiento máximo de amor. Fue como si todo ese amor que había estado creciendo y creciendo por nueve meses de pronto explotara en el momento que escuché tu primer grito. Y cuando te tuve en mis brazos hubieran explotando mil bombas más de amor dentro de mí, era tanto el amor que sentía en mi ser que ya no cabía en mi cuerpo y hasta se desbordó en forma de lágrimas que no podía controlar. Lágrimas de amor, lágrimas de felicidad, las mejores lágrimas de mi vida.
Jamás en toda mi vida creí que podía sentir esto por alguien, jamás creí que un ser humano fuera tan perfecto. Había estado enamorada profundamente, creía que conocía el amor, de hecho tú fuiste producto de ese amor que creía conocer. Pero no, lo que siento por ti, por mi bebé, mi hijo, lo supera todo lo que había conocido antes. Es algo que no puedo ponerle palabras, no existen en el lenguaje suficientes adjetivos que puedan describir lo que siento por ti. Mi corazón no es suficiente, todo mi ser desborda amor por ti.
Mi vida tiene un nuevo sentido, enseñarte a descubrir el mundo es lo que más felicidad me da. Escucharte hablar, reír, verte caminar, correr, descubrir olores, sabores, jugar, aprender, conocer. Estar existiendo en este mundo tiene sentido cuando tú estés bien, cuando tú estás feliz.
Disuelves todos los problemas, tú pones orden y prioridades en mi vida, simplemente quiero ser tu guía, tu mejor amiga, tu persona favorita. Creía que yo era la que tenía que darte vida, pero no, tú llegaste a darle sentido a la mía. Te amo por siempre y hasta la luna. Para ti NAE.

