En el mundo hay más de 9 millones de niños menores de 5 años en riesgo de muerte. La elevada cifra se debe a que sufren desnutrición crónica que aunada a sus ambientes de pobreza, violencia y pérdida de oportunidades, representan un gran riesgo a su vida. Según datos del Programa Mundial de Alimentos, otros 9 millones de niños están en riesgo de caer en este abismo. Sin embargo, el problema no se trata de la producción de los alimentos, sino de la repartición de los mismos.
Caso distinto el que sucede en países como los Estados Unidos donde la repartición de los alimentos no es un problema entre las clases medias y altas. Ahí en particular, existen múltiples posibilidades de consumo para las distintas comidas. El desayuno, específicamente, es la comida más importante del día, pero en los Estados Unidos persiste una dieta basada en azúcares, misma que va en detrimento de la salud de los niños.

Saki Suzuki, 2 años y medio. Tokio.
Frijoles, arroz blanco, sopa misoshiro, kabocha squash en salsa se soya, sake dulce y pepinillos. Huevos cocidos y salmón ahumado.

Por ello, la fotógrafa del New York Times, Hannah Whitaker, se dio a la tarea de retratar el desayuno de los niños en siete diferentes países con miras a analizar sus dietas. En un mundo ampliamente globalizado, los desayunos típicos o tradicionales se han visto reemplazados por productos estadounidenses, de producción masiva y fácil distribución. Sin embargo, dichos alimentos suelen ser altos en azúcares y grasas, modificando la alimentación clave durante la infancia. En los casos entrevistados, Hannah comprendió cómo algunos padres experimentan grandes dificultades para inculcar alimentos en sus hijos que en primera instancia los rechazan por sus olores y sabores fuertes. Pero que conforme van introduciendo los alimentos e ingredientes típicos de cada país, sus hijos se van haciendo más proclives a consumirlos.
Durante su viaje, la fotógrafa comparó las dietas de los niños con las de los estadounidenses, notando que los alimentos consumidos en los Estados Unidos son “sencillos” en su composición, agradables a la vista y al olfato, pero muchas veces poco saludables. Caso contrario al de los alimentos alrededor del mundo, cuyos padres deben de esforzarse para inculcar hábitos saludables en sus hijos y relegar la comida “estadounidense” a ocasiones especiales, como los fines de semana.
Por ejemplo, un niño en las Filipinas estará gustoso de desayunar arroz freído con ajo y pescado deshidratado a las 6 de la mañana. Mientras que los niños de los Estados Unidos rechazarían esos platillos, incluso durante la comida. Es entonces, una cuestión cultural.
Doga Gunce Gursoy, 8 años. Estambúl.

Miel, crema, pan tostado, aceitunas verdes y negras. Huevos cocidos, mantequilla, quesos de cabra, oveja y vaca. Mermeladas de diversos sabores, tomates, pepinillos, rábanos. Jugo de naranja, leche y platillos típicos.

Aquellos padres que se esfuerzan en lograr que sus hijos coman platillos y alimentos tradicionales, deben de hacerlo desde temprana edad. Algunos estudios apuntan a que los gustos de los niños se adquieren a través de la dieta de su madre, pues los compuestos que conforman la comida viajan a través de los fluidos amnióticos hasta el bebé. Sin embargo, al nacer y por instinto, los niños rechazan alimentos con texturas, olores, colores y sabores extraños para evitar “envenenarse”. Hecho que conforme los niños interactúan con su entorno se va desgastando hasta suplir el instinto por las costumbres culturales. Lo cual se logra a través de una exposición continúa a los alimentos y por supuesto, a través del ejemplo de los padres.
Te compartimos las fotografías del trabajo de Hannah Whitaker del New York Times.
Nathanaël Witschi Picard, 6 años. París

Kiwi, baguette con mantequilla, mermelada de zarzamora. Cereal con leche y jugo de naranja recién exprimido.

Phillip y Shelleen Kamtengo, ambos de 5 años de edad. Malawi

Papas hervidas, mango, té negro y un pan a base de maíz.

Koki Hayashi, 4 años de edad. Tokio

Pimientos verdes salteados, pescado deshidratado, salsa de soya y semillas de sésamos. Huevo crudo y arroz hervido. Raíces de loto, bardana y zanahorías salteadas. Salsa de soya y vino de arroz. Sopa misoshiro, pera asiática en rodajas y leche.

Viv Bourdrez, 5 años. Amsterdam.

Vaso de leche con pan, mantequilla sin sal con chispas dulces (chocolate, vainilla y fruta).

Aricia Domenica Ferreira, 4 años y Hakim Jorge Gerreira Gomez de 2 años. Brasil.

Leche con chocolate / café con leche. Rollos de jamón y queso y pan con mantequilla.

Birta Gudrun Brynjarsdottir, 3 años y medio. Islandia

Platillo típico a base de agua, leche, azucar moscabada, maple, mantequilla y fruta. Ración de aceite de hígado de bacalao.

Emily Kathumba, 7 años de edad, Chitedze, Malawi.

Gachas de harina con soya, papa hervida y calabaza. Jugo rojo recién exprimido.

Oyku Ozarsian, 9 años de edad. Estambúl

Pan, aceitunas verdes y negras, Nutella, jitomate en rodajas, huevo cocido, mermeladas de fresa. Mantequilla, miel y queso tradicional. Queso de leche de vaca y diferentes tipos de quesos de cabra

Tiago Bueno Young, 3 años de edad, Brasil.

Leche con chocolate, cereal, pastel de plátano y pan tradicional.

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Fuente: New York Times

