Estaba a punto de darme por vencida. Pasé 27 años esperando, pensando que tenía algo mal en la vagina, que mi clítoris estaba “hundido” como decían en algunos blogs de sexualidad o qué mi cuerpo tenía un problema de insensibilidad física. Ninguno de los hombres que me habían tocado —con o sin amor— pudieron provocarme el famoso, anhelado y misterioso orgasmo clitoriano. Cuando creí que efectivamente era una mujer maldecida a la que nadie nunca le estimularían el clítoris de la manera correcta, alguien llegó para comprobarme lo contrario.

Sin preámbulos estrafalarios ni recorridos extraños me bajo los calzones y con dos dedos comenzó a masajear de izquierda a derecha —y ¡casi sin rozarme!— milímetros debajo del clítoris. No con golpeteos, punzadas o caricias torpes como todos lo habían hecho. En ese momento supe que era posible, que no era un mito y que no pasaba nada malo conmigo: era tan capaz de sentir un orgasmo clitoriano hasta enloquecer como cualquier otra mujer.

¿Tú has tenido uno? ¿Cómo sabes que sí o por qué crees que no? Esto es lo que diversas mujeres sintieron cuando experimentaron un orgasmo clitoriano por primera vez.
-La piel de todo el cuerpo me punzaba.
-Mis manos y pies se contraían involuntariamente una y otra vez.
-Sentía electricidad corriendo hacia dentro y fuera de mi vagina.

-Mi entrepierna se electrificó.
-Me sudaban las manos, las plantas de los pies y sentía que algo me escurría entre las piernas.
-Creía que me iba a dar un ataque al corazón.

-No me importo nada, ni cómo me veía retorciéndome ni si él estaba disfrutando, sólo recuerdo que quería más.
-Aunque tenía los ojos cerrados recuerdo que me salieron lágrimas.
-No podía gemir sólo gritaba sin ritmo ni vergüenza.

-Sentía un hueco en el abdomen que se estiraba hasta el pubis placenteramente.
-Me ardían los labios vaginales y sentía que me iba a explotar algo desde ahí hacia afuera.
-Estaba casi segura de que me iba a hacer pipí pero no ocurrió.

-Se me nubló la vista, creo que en algún momento me maree, pero nunca había sentido algo tan placentero.
-No lo puedo describir sólo sabía que mi cuerpo no quería que esa sensación terminara.
-Me sentía culpable, no podía creer que tanto placer era real y menos para mí.

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