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ESTILO DE-VIDA

Lecciones de un filósofo para conseguir la felicidad absoluta

 

Sí, este filósofo tiene algunas lecciones para conseguir la felicidad, pero no vas a querer seguirlas.

 

¿Por qué? Porque no se trata de la fórmula de la felicidad que ofrecen las revistas del corazón, tampoco es la que prometen en le televisión y mucho menos está cerca de la que presumes por Instagram. Esta es una felicidad personal, sin alarde, sin máscaras y sin simulacros: es una felicidad real y por ello requiere un compromiso y una convicción verdaderos. Si no lo crees, continúa hasta el final:

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¿Quién era Epicteto?

 

Epicteto fue un filósofo nacido en Roma en el 50 d.C. al que la tradición ha situado dentro el estoicismo tardío. A diferencia de muchos filósofos antiguos, era un esclavo. Aunque luego de muchos años fue liberado, sufría de cojera que lo acompañó hasta la muerte. Algunos estudiosos aducen este padecimiento a una enfermedad de juventud, otros aseguran que fue derivado de los maltratos físicos y los fuertes azotes que le propinaba su amo.

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Así como Sócrates, Epicteto no escribió nada, sin embargo, uno de sus alumnos —Flavio Arriano— fue quien recogió sus enseñanzas y las transcribió para que sobrevivieran a la posteridad. La obra más conocida es el Enquiridion, una especie de manual donde se sintetiza su enseñanza moral. Aunque no es un recetario de felicidad —esto sería reducir su riqueza filosófica— sí nos da algunas luces sobre cómo vivir una vida libre de turbaciones. 

 

Lo primero que hay que saber es que, para Epicteto, el mundo está dividido en dos: lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros.

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División fundamental 

Qué no depende de nosotros:

 

—El cuerpo

 Sí, el nuestro. Cambia, enferma, envejece y muere sin que demos nuestra opinión. Además, nuestro sexo, complexión, color de piel, altura y todo lo que somos de manera material y no podemos modificar.

 

—La reputación o la fama

 Puede que te hayas esforzado por ser una persona reconocida, no a gran escala, pero entre tus personas cercanas. Sin embargo —y es algo que sabes por experiencia— siempre habrá personas que tengan una opinión de ti —buena o mala—aun sin conocerte.

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—El mundo en general

 Si hay un terremoto, si el dólar cae, si 2+2 es 4, si muere Donald Trump, en fin… nada de eso es algo que puedas controlar ni en lo que tu opinión tenga injerencia alguna.

 

Qué depende de nosotros:

 

—Nuestras opiniones

—Nuestros deseos

—Nuestras aversiones

 

¿Es poco? Probablemente. Pero sólo es en tu vida interior donde tienes el poder de decisión y donde tu voluntad, efectivamente, opera.

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«Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas, las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas».

 


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El origen de la infelicidad

 

Según este filósofo, toda nuestra infelicidad radica en un error primordial: el confundir estos dos ámbitos; es decir, tomar lo que está bajo nuestra potestad por lo que no lo está y viceversa. Al tener claro qué si y qué no depende de nuestra voluntad y actuar en consecuencia, se obtiene la felicidad.

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«Y si, al contrario, creyeres ser tuyo solamente lo que de verdad te pertenece, y supieres considerar como externo o extranjero lo que en efecto lo es, cierto que nada será capaz ni bastante para desviarte de lo que te hayas propuesto hacer; que no emprenderás cosa alguna que te pese; que no acusarás a nadie, ni murmurarás; que ninguno te ofenderá; que no tendrán enemigos, ni padecerás jamás un mínimo desplacer».

 

Por ejemplo:

 

Si hoy llueve, no depende de mí. Puedo enfadarme, alegrarme, llorar, correr en círculos… no importa lo que haga o lo que desee, la lluvia no cesará. Si pienso que tengo injerencia en ello, sólo me frustraré y eso me hará infeliz.

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En la vida emocional sucede exactamente lo mismo. Pongamos el caso de que estás enamorada de alguien desde hace muchos años. Te has esforzado por caerle bien, gustarle y que sienta cariño por ti, sin embargo, el que eso suceda no depende de ti en lo absoluto. Es alguien externo, es un terreno donde tu deseo no modifica nada.

 


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No pierdes, sólo devuelves

 

«Nunca digas que has perdido alguna cosa, sino siempre di que la has devuelto». La muerte y la pérdida no es una tragedia y no debes tomarla como tal, sólo debes tomarla como una restitución a quien te la dio —Dios, Universo, Destino—.

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No desear y no temer

 

El deseo y la aversión son sólo dos caras de la misma moneda. Si deseas cosas que no dependen de ti, sufrirás porque puedes no conseguirlas; si aborreces cosas que no dependen de ti, sufrirás porque podrás contraerlas. Entonces, si limitas tus deseos y temores a lo que sí depende de ti —tus pensamientos y opiniones— no habrá razón para sufrir.

 

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Tú no eres lo que tienes

 

No te engañes con las cosas que no te pertenecen. Por ejemplo, si tienes un auto espectacular y las personas te felicitan por él, recuerda que es al auto a quien alaban, no a ti. No es algo que en sentido propio te pertenezca.

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Paga por tu tranquilidad

 

La tranquilidad de espíritu es el objetivo estoico. Para obtenerla, a veces hay que dar un pago. Supón que vas por la calle y por un descuido, tu teléfono celular cae dentro de una coladera. No hay nada que puedas hacer. Aunque tienes la opción de romper en llanto y maldecir tu vida y al mundo, esto sólo te hará sentir más miserable. Si quieres mantener la tranquilidad, debes decirte "muy bien, aceptar que mi teléfono se ha caído es lo que pagaré para mantenerme tranquilo".

No son los hechos, sino las opiniones que nos formamos de estos los que nos hacen infelices

 

Por ejemplo, estás en el trabajo y alguien dice que no sabes hacerlo bien, te exhibe delante de tus compañeros y tú mueres de vergüenza. Debes saber que no es tu jefe quien te está haciendo sentir mal, eres tú mismo al creer que su opinión es cierta y no sólo eso, sino que su opinión debe importarte. Además, si él lo hace es porque cree que está en lo correcto.

 

«¿Piensas tú que pueda dejar su opinión para seguir la tuya? Si no juzga sanamente de las cosas y se engaña, ya sufre la pena y padece todo el daño».

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Acepta el Destino

 

Los estoicos tenían una visión del mundo muy particular. En él, el Destino es una especie de director de orquesta; él es quien designa qué papel jugará cada uno de los músicos. Si no quieres ser infeliz, tienes que aceptar el papel que te ha tocado y hacerlo bien.

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¿Regalarías tu cuerpo? Entonces, ¿por qué regalas tu mente?

 

Eres un esclavo pero no te has dado cuenta. Andas por la vida con tu cabeza como llavero en las opiniones de los demás. Si deseas ser libre, debes tener esto en cuenta. La libertad es un espacio interior al que nadie entra si no lo permites.

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«Si alguno entregase su cuerpo al primero que encontrase para hacer de él lo que quisiese, seguro estoy de que no lo tendrías por bueno y que te enojarías; y no obstante, no tienes vergüenza de exponer tu alma al capricho de todo el mundo; porque luego que te dicen alguna injuria te turbas y dejas llevar del sentimiento y de la cólera».

No eres Dios

«Sólo Dios es enteramente libre y nuestra libertad consiste en la plena aceptación de sus designios, lo que nos da la tranquilidad de saber que todo está bajo su dependencia: el único mal está en nuestra voluntad. La esencia de esta voluntad es el querer la virtud y, para lograrla, es preciso: ordenar los deseos según la razón, el cumplimiento escrupuloso del deber y el control de los juicios según las reglas lógicas. A ello deben unirse la templanza, la castidad, la modestia y la veracidad».

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El concepto de Dios en los estoicos es complejo; por supuesto, no es un Dios cristiano sino una especie de ordenador universal.

En resumen:

 

«Nunca pidas que las cosas se hagan como quieres; mas procura quererlas como ellas se hacen. Por este medio todo te sucederá como deseas».

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¿Eres feliz? Si abriste este artículo es porque el título que acabas de leer fue una especie de promesa. Como puedes darte cuenta, no es sencillo y la felicidad a la que nos invita es más una especie de tranquilidad absoluta que a una vida eufórica y extrema. Y es que “felicidad” no es un concepto propio de la filosofía estoica, probablemente eudaimonia— traducida como 'buen vivir' sería más propia y justo era ése el objetivo de la corriente. Sin embargo, no hay duda, considerar estas lecciones nos permiten tener una vida sin tribulaciones ni tragedias gratuitas.

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Si quieres saber más sobre emociones y mente, conoce cómo superar una ruptura amorosa con inteligencia emocional según el budismo y descubre las razones para quedarte con la persona que amas aunque no te haga llegar al orgasmo.

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