Seamos honestas: enero no es un mes, es una prueba de resistencia, cada año pasa lo mismo, empezamos con toda la actitud, llenas de buenos propósitos, listas para conquistar el mundo… y luego, de repente, el tiempo parece detenerse.
¿Cómo es posible que después de tanto tiempo todavía sea enero? ¿Quién autorizó esto? Aquí estamos, sufriendo con la cuesta, el frío, y la sensación de que al calendario se le olvidó de avanzar.
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Pero tranquila, porque hoy te vamos a contar la explicación psicológica detrás de esto y además te dejamos algunos tips para sobrevivirlo sin perder la cordura (o el sueldo en el intento).
Spoiler alert: sí, hay luz al final del túnel, pero está lejísimos.
Las razones por las que sentimos que enero dura una eternidad
La cuesta de enero: empezamos en modo pobre
Empezamos fuerte, porque el primer problema de enero es que llega con toda la maldad del universo en forma de deudas navideñas. Diciembre fue pura fiesta, regalos, cenas y outfits espectaculares, pero, seamos sinceras, la tarjeta de crédito no se paga sola.
Enero nos obliga a poner los pies sobre la tierra de nuevo, y esa sensación de estar en “modo pobre” hace que cada día se sienta más largo.

Además, la quincena de enero parece ser la más eterna de todas, los días pasan y nada que llega el depósito. La falta de dinero, sin duda hace que enero se sienta como un mes infinito.
Las fiestas se fueron, pero el cansancio se queda
Después de todo el desastre decembrino, enero llega como un balde de agua fría, se acabaron las posadas, los brindis, las vacaciones y las ganas de socializar.
Regresar a la rutina pega fuerte porque, además de que extrañamos dormir hasta tarde y andar en pijama todo el día, estamos agotadas. ¿Cómo no sentir que el tiempo va en cámara lenta si estamos funcionando con las pilas al 20%?

Y como si no fuera suficiente, el clima tampoco ayuda, hace frío, los días están grises y pareciera que el sol también se fue de vacaciones.
Los propósitos de año nuevo
Ahora, hablemos de los propósitos de año nuevo, todas llegamos a enero con una lista llena de metas súper ambiciosas, que si comer más saludable, ir al gym, ahorrar dinero, leer más libros…
Y sí, al principio empezamos con todo, pero conforme pasan los días y nos damos cuenta de que lograr estas metas requiere más esfuerzo del que pensamos, el entusiasmo se va desinflando.
¿Y qué pasa? Nos sentimos culpables. Cada vez que pedimos un tamal en lugar de la ensalada o que nos saltamos el día de pierna en el gym, enero nos lo recuerda con saña.

Ese combo de expectativas altas más la realidad no tan ideal, hace que los días se sientan aún más pesados y mucho más largos.
La explicación psicológica detrás de este fenómeno
Enero es un mes sin muchos eventos emocionantes después de los Reyes Magos todo es trabajo, escuela y rutina. Sin fechas importantes a la vista, cada semana parece igual a la anterior.
Además, los días son más cortos (gracias, invierno), pero curiosamente, las horas se sienten interminables, una contradicción que solo enero puede explicar.
Y ni hablar de las redes sociales, mientras tú cuentas los días para la quincena, parece que todo el mundo está logrando sus metas, viajando o viviendo la vida perfecta.
El “efecto comparación” hace que enero se sienta aún más largo porque, seamos sinceras, nada genera más ansiedad que sentir que nosotras no estamos avanzando.
Aquí está la buena noticia: enero, aunque se sienta eterno, no dura para siempre, tal vez los días parezcan alargarse como si estuvieran en cámara lenta, pero tranquila, porque el mes se va a acabar.
Cuando menos lo esperes, estarás quejándote de lo rápido que llegó febrero y de cómo ya se te fue el año volando, mientras tanto, respira, toma las cosas con calma y date un descanso cuando lo necesites.
Así que, aunque parezca que enero tiene como mil días, nosotras lo enfrentamos con actitud y si el tiempo no se apura, al menos podemos aprovecharlo para organizar nuestras vidas (o maratonear Bridgerton, lo que funcione mejor).
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