Al diablo los estereotipos. ¿Quién dijo que el amor tiene color? Esta familia afroamericana confirma que no luego de ofrecerle una cariñosa familia y recibir con los brazos abiertos a Andrew, un chico blanco.

El proceso de la adopción puede ser muy engorroso, complicado y difícil. Andrew estuvo bajo custodia estatal desde que tenía seis años, los derechos legales de sus padres biológicos ya habían terminados para él y sus otros cuatro hermanos. Todos fueron adoptados de inmediato, menos él. Fue rechazado de muchas casas porque su expediente de conducta no era el mejor; al verlo, muchos padres de familia decidían buscar a otro chico. Por supuesto que fue traumático. Se volvió muy callado y apartado de las personas como mecanismo de defensa.
Un buen día, la familia Gill decidió abrirle las puertas de su hogar y recibirlo con los brazos abiertos por algunas semanas. Cuentan que fue complicado al inicio, solo cerraba la puerta de su cuarto y no quería hablar con nadie. Poco a poco fue accediendo y conociéndolos.
Hicieron una gran mancuerna luego de semanas. Los padres sus dos hijos recibieron con mucho amor al pequeño Andrew; de hecho, el hijo de los Gill, Joc, es más o menos de su edad, así que pudieron poco a poco tratarse como hermanos; todo inició con una complicidad en los videojuegos para luego convertirse en un fuerte vínculo. Pasó el tiempo y supieron que no querían despedirse de Andrew nunca más así que decidieron ofrecerle un hogar y papel importante en su familia, para siempre.
“El amor no tiene color”, dijo Andrew quien aceptó muy emocionado.
Le hicieron una hermosa fiesta de bienvenida a la familia con globos, el acta oficial de adopción y muchas sonrisas, abrazos y amor. La familia Gill solo quería ser un hogar momentáneo para niños y se propusieron no descansar hasta encontrarle un hogar. En sus planes no estaba la adopción pero luego de las dos oportunidades rechazadas, supieron que por algo Andrew se había cruzado en su camino y ahora es un miembro más de su cariñosa familia.
“Dios se aseguró de que la adopción no funcionara para que pudiera regresar con nosotros.”, dijeron.
Su historia ha causado sorpresa y admiración, en redes sociales aseguran que no es común ver a una familia afroamericana adoptando a un niño “blanco”. La ahora crecida familia Gill da una gran lección de amor sin importar cómo luzcas, el color de tu piel, de dónde vengas y cuál sea tu edad.
“Desde el principio, Andrew siempre nos ha dicho ‘Gracias por aceptarme’, ‘Gracias por no rendirse conmigo’. La gente leía su expediente y se asustaba. Nosotros sabíamos que era un buen niño y que solo había experimentado mucho trauma”, confesó su ahora mamá.
Ahora están felices y en el rostro de Andrew se puede ver una gran sonrisa que nunca debió borrarse.

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