La boca, los sonidos y las dinámicas de poder aparecen entre los intereses mejor puntuados en una encuesta realizada a más de 7 mil personas. Los resultados también muestran que la diversidad de gustos va mucho más allá de los estereotipos.
Hay quien se derrite por una voz, quien no puede dejar de mirar unas manos, quien encuentra irresistible el olor de otra persona o siente que la ropa interior es un personaje más en la historia. Y también hay quien lee todo esto y piensa: “Pues sí, ¿y?”.
Justo ahí está una de las conclusiones más interesantes de un estudio sobre intereses fetichistas realizado por JOYclub y el Instituto Mexicano de Sexología (IMESEX): muchas de las cosas que despiertan nuestro interés erótico son bastante familiares, aunque no necesariamente las llamemos fetiches.
La encuesta reunió respuestas de 7,009 personas de entre 18 y 89 años, provenientes de las 32 entidades federativas. Eso sí: se trata de una muestra no probabilística, por lo que los resultados describen a quienes participaron y no representan a toda la población mexicana.
¿Qué nos gusta? Una boca, una voz y otras sorpresas
El estudio preguntó por 33 intereses relacionados con partes del cuerpo, objetos, materiales, situaciones y estímulos. Y entre los mejor calificados apareció algo que probablemente no asociaríamos de inmediato con la palabra «fetiche»: la boca.
En una escala de cero a cuatro, estos fueron los diez intereses con las puntuaciones promedio más altas:
1. Labios, boca y lengua: 3.13
2. Sonidos específicos, como la voz o la respiración: 2.91
3. Dinámicas de poder y jerarquía: 2.86
4. Nalgas: 2.84
5. Juguetes u objetos de uso sexual: 2.79
6. Cuello: 2.47
7. Olores corporales: 2.43
8. Ropa interior: 2.40
9. Zona umbilical y abdomen: 2.38
10. Texturas físicas al tacto: 2.29
Sí: según las respuestas de esta muestra, una voz o una respiración obtuvieron una puntuación ligeramente mayor que las dinámicas de poder. Y la boca quedó por encima de otras partes del cuerpo que suelen protagonizar las conversaciones sobre fetiches.
Eso no significa que a todas las personas les guste lo mismo, sino que el deseo puede empezar en detalles que parecen cotidianos. A veces no hace falta imaginar una escena elaborada: puede bastar un tono de voz, una caricia o la manera en que alguien se acerca.
Que algo te guste no significa que tengas que ponerle una etiqueta
Cuando escuchamos la palabra «fetiche», es fácil pensar en prácticas muy específicas o en algo fuera de lo común. Pero el estudio abre una conversación más amplia sobre los estímulos que asociamos con el placer.
De las personas participantes, 47.4% reconoció tener un interés fetichista y otro 35.1% dijo que quizá lo tenía. Al mismo tiempo, más del 97% reportó algún grado de excitación ante al menos un estímulo en cada una de las tres categorías evaluadas: partes del cuerpo, objetos y materiales, y situaciones o contextos.
Esto no quiere decir que todas esas personas tengan un fetiche. Como señala el propio estudio, sentir excitación ante un estímulo no significa necesariamente identificarlo como tal.
Quizá a alguien le encanta el cuello de su pareja y jamás ha sentido la necesidad de explicarlo. Otra persona puede encontrar en cierto material o dinámica una parte importante de su vida sexual. Ambas experiencias tienen espacio en la conversación.
De hecho, entre las personas que respondieron la pregunta sobre la frecuencia de sus intereses fetichistas, solo 7.6% dijo que eran un elemento central y necesario para su vida sexual; para muchas otras aparecían de forma frecuente u ocasional, sin ser indispensables.
¿Y qué pasa cuando lo contamos?
Compartir lo que nos gusta puede dar curiosidad, emoción y también un poquito de miedo. Sobre todo cuando todavía existe la idea de que tener un interés distinto al de otra persona nos hace «raros».
Entre quienes identificaron tener un interés fetichista y lo compartieron con una pareja sexual, la reacción más reportada fue la apertura y disposición a explorar: 56.2%, de acuerdo con el comunicado del estudio. Otro 20.2% encontró curiosidad, aunque sin participación activa, mientras que 4.4% recibió incomodidad o rechazo.
Pero aquí viene un dato importante: aunque 96.2% de las personas encuestadas consideró que el consentimiento es importante o muy importante, solo 49.6% dijo que siempre conversa con su pareja antes de incorporar un interés fetichista a una experiencia sexual compartida.
Y sí, hablar de lo que nos gusta también implica hablar de lo que no. Preguntar, escuchar, establecer límites y respetar un «no» son parte de hacer que la exploración sea una experiencia cómoda para quienes participan.
Tal vez lo normal es que no nos guste lo mismo
Uno de los hallazgos del estudio es que las diferencias entre hombres y mujeres fueron leves o nulas en muchos de los intereses evaluados. También hubo matices: por ejemplo, los hombres puntuaron más alto en pies, ropa interior y axilas, mientras que las mujeres lo hicieron en manos y brazos.
Pero, más allá de buscar una regla para cada género, quizá lo más revelador es que hay muchas formas de experimentar el deseo, incluso entre personas que comparten una misma identidad u orientación.
Al final, puede que algunas de nuestras preferencias nos parezcan muy convencionales y otras no tanto. La cuestión es que no existe una lista universal de cosas que deberían gustarnos. Hablar de ellas con curiosidad, respeto y consentimiento puede ser mucho más interesante que intentar decidir cuáles son «normales».
Fuente: Estudio sobre intereses fetichistas en una muestra de la población mexicana, realizado por JOYclub e IMESEX, y comunicado de prensa del 13 de octubre de 2026.
