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Home Estilo de Vida

Somos la generación que no sabe qué es perder o extrañar y tenemos que hablar de esto…

Carla Martell by Carla Martell
septiembre 30, 2026
in Estilo de Vida
Manos sosteniendo una carta manuscrita y un teléfono con mensajes, símbolo del contraste entre extrañar antes y las redes sociales hoy.

Nuestros abuelos sabían perder a alguien de una manera que nosotros no conocemos. Una carta sin respuesta, un número de teléfono que dejaba de existir, una persona que se iba y simplemente desaparecía del mapa. Hoy, extrañar a alguien de verdad es casi imposible: cualquier persona que conociste en el kínder, cualquier ex que creías olvidado, cualquier amiga de infancia vive a un clic de distancia en Instagram o Facebook.

Antes, perder era real. Ahora, perder es opcional

Cuando nuestros abuelos o incluso nuestros papás dejaban de ver a alguien, no había red de seguridad. Si la relación terminaba o la vida los separaba, esa persona se convertía en un recuerdo puro: sin actualizaciones, sin fotos nuevas, sin manera de saber qué fue de su vida. Extrañar tenía un peso específico porque no había cura para eso. Solo tiempo y memoria.

Hoy el escenario es radicalmente distinto. Cuando alguien sale de tu vida, técnicamente no sale del todo: sigue posteando stories, sigue apareciendo en sugerencias, sigue siendo accesible. Y eso cambia todo el proceso emocional. el duelo por una ruptura en la era digital no sigue las mismas reglas que antes porque el objeto del duelo nunca desaparece realmente de tu pantalla.

No es un juicio moral. Es solo que el cerebro humano desarrolló mecanismos para procesar pérdidas cuando esas pérdidas eran totales. Cuando la pérdida es parcial o cuando la ilusión de acceso permanente existe, el proceso se congela. Y nos quedamos atrapados sin saber muy bien por qué no podemos soltar.

Lo que se fue con las cartas y los rollos fotográficos

Hay algo en lo que nuestros abuelos tenían razón aunque nunca lo dijeran así: la escasez emocional tiene valor. Una foto tomada en los años setenta era una decisión. El rollo tenía 24 o 36 exposiciones, y gastar una en alguien significaba que ese momento importaba de verdad. Una carta de amor tardaba días en llegar y cada palabra costaba algo: tiempo, intención, vulnerabilidad.

Ahora tomamos cientos de fotos en un día y borramos las que no nos gustan. Mandamos mensajes sin pensarlos dos veces y los dejamos en visto sin consecuencias reales. La abundancia digital no nos hizo más conectados en el sentido profundo; nos hizo más superficiales con la atención que le damos a cada cosa y a cada persona.

Amamos que exista WhatsApp, que exista la videollamada, que exista la posibilidad de hablar con alguien al otro lado del mundo como si estuviera en la misma habitación. Esos son logros reales. Pero en el camino perdimos algo que no tiene nombre fácil: la capacidad de dejar ir, de cerrar capítulos, de saber que alguien ya no es parte de tu historia y aceptarlo sin buscarle el perfil.

Por qué nos cuesta tanto soltar

La dificultad para soltar personas no es una debilidad generacional ni un problema de carácter. Es, en parte, una consecuencia lógica del entorno que habitamos. Si cada vez que sientes el impulso de buscar a alguien puedes encontrarlo en segundos, el músculo emocional que necesitas para hacer el duelo nunca se ejercita.

Soltar requiere ausencia. Y la ausencia, hoy, es casi un acto de voluntad radical: bloquear, silenciar, borrar, resistir la tentación de revisar el perfil de quien ya no está en tu vida. Nuestros abuelos no tenían que esforzarse para no saber de alguien; la vida simplemente los separaba. Nosotros tenemos que construir artificialmente esa separación que antes ocurría sola.

Y ahí está el peso real de todo esto: no es que seamos más débiles o más dependientes. Es que estamos usando herramientas del siglo XXI para procesar emociones que el cerebro humano lleva miles de años resolviendo con distancia y tiempo. La fórmula cambió pero nadie nos avisó.

  • cómo dejar de buscar a tu ex en redes sociales
Tags: redes sociales

Carla Martell

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