Un día, así sin darme cuenta, así de la nada, dejaste de amarme. No quería ni pensarlo, pero tus ojos me lo gritaban de mil y un formas y yo no quería escucharlos; tus besos ya no eran dulces, ya eran de hiel; tus manos ya no eran cálidas, eran de hielo. Tu cuerpo ya no temblaba, sólo se apartaba. Tu corazón ya no latía rápido cuando tenía al mío cerca. Fue así, fue hasta que me di cuenta de todo esto, que tú ya no sentías nada por mí y que yo tenía que alejarme de ti.

No sé cómo pasó. No sé cuándo ni por qué. Me dejaste de amar sin darme la oportunidad de que yo lo hiciera también, me dejaste con todo este sentimiento mientras tú te alejabas, no pensaste que cuando te fueras yo me iba a quedar roto, roto y amándote. Lo entiendo. No iba a obligarte a que te quedaras a mi lado, no te retendría, no me atrevería a cortarte tus alas, las alas que también amé.

Después de esto, hablo con mi corazón parta decirle que no podemos seguir amando a alguien que dejó de hacerlo, no por egoístas, tampoco por coraje, simplemente porque es hora de que nos amemos a nosotros y entendamos que nosotros debemos estar en primer plano mucho antes que tú. Hoy entiendo que no puedo seguir enamorado de una sombra, de un recuerdo, de un deseo y mucho menos de una idea; no puedo seguir amando la sudadera que dejaste, el libro que nos describe, la canción que me dedicaste cuando te fuiste; no puedo seguir amando a un fantasma, a tu voz cuando la imagino, ni a tu cuerpo cuando lo sueño. No puedo seguir amándote.

Entonces, ¿dejé de luchar porque dejaste de amarme o porque es hora de amarme a mí? Ahora lo pienso mejor. Gracias por hacerlo, porque entonces no me habría dado cuenta de lo poquito que me amaba yo, de lo poco que me consideraba y valoraba. Gracias por dejar de amarme porque entonces ahora yo te dejo de amarte, no porque tú lo hayas hecho primero, sino porque es hora de que lo haga para mí. Por mi corazón y por mí, por eso, hoy, dejo de luchar por ti.
VER MÁS:
Por qué tu corazón no quiere renunciar a esa persona que te hace daño.
La única razón por la que no quería alejarme de ti: amarte.
Para la persona que casi se convierte en mi todo pero no tuvo la fuerza para quedarse.

