La matrescencia es la transformación física, emocional, psicológica y social que vive una mujer cuando se convierte en madre —un proceso tan profundo como la adolescencia, pero del que casi nadie habla en los cursos de preparto. El término tiene más de 50 años: lo acuñó en 1973 la antropóloga estadounidense Dana Louise Raphael para describir exactamente lo que miles de madres sienten y no saben cómo nombrar. La ciencia lleva décadas documentando que la pérdida de identidad materna no es una señal de que algo está mal contigo; es parte de un proceso universal con duración medible y, finalmente, con nombre propio.
El cerebro que tienes hoy no es el mismo de antes de parir
Estudios con resonancia magnética muestran que la maternidad reorganiza regiones cerebrales vinculadas a la empatía, la cognición social y el vínculo afectivo, y algunos de esos cambios persisten durante años. No es metáfora: el órgano físico cambia. Esto explica fenómenos que las madres viven a diario —detectar el llanto de tu hijo entre el ruido de una calle llena, ese estado de alerta que no se apaga ni cuando el bebé duerme— y que el entorno tiende a minimizar como ‘sobreprotección’ o ‘ansiedad’.
La psiquiatra Alexandra Sacks fue una de las principales responsables de devolver el término matrescencia a la conversación pública, con un argumento central: lo que las madres sienten no es una patología, es un proceso. Ese reencuadre importa porque la diferencia entre ‘estoy enferma’ y ‘estoy en medio de una transformación’ cambia radicalmente cómo una mujer se relaciona con su propia experiencia. Un estudio publicado en Medicina de Familia SEMERGEN en 2024 encontró que la maternidad afecta el estado psicológico de las mujeres con independencia de factores de riesgo externos —sin importar si tienes pareja, dinero o red de apoyo— y que las madres primerizas sufren un impacto mayor que quienes ya habían pasado por el proceso antes.
También es necesario separar la matrescencia de la depresión posparto clásica, que es un trastorno diagnosticable que se acota entre las 6 y 8 primeras semanas después del parto. La matrescencia no tiene fecha de caducidad: puede extenderse entre 2 y 3 años, y eso no la convierte en un problema clínico per se. Son fenómenos distintos. Confundirlos lleva a patologizar lo normal o, al contrario, a ignorar síntomas que sí requieren atención profesional —ansiedad severa, incapacidad de vincularse con el bebé, pensamientos de autolesión siempre merecen apoyo especializado en salud mental perinatal.
No perdiste a la mujer que eras: la estás reconstruyendo
Una de las experiencias más reportadas por madres es dejar de ser llamada por su nombre para convertirse en ‘la mamá de’. Los grupos de WhatsApp cambian, los planes cambian, las conversaciones cambian, y en algún punto del primer año muchas mujeres miran al espejo y no reconocen quién les devuelve la mirada. Eso no es una crisis de identidad clínica: es, según la evidencia, la parte más intensa de la matrescencia.
Un estudio fenomenológico publicado en 2025 en PMC/NIH propone el concepto rebirthing the self —un renacimiento del yo— para describir lo que ocurre: la identidad no desaparece, se reconstruye. La tensión entre la ‘yo de antes’ y la ‘yo de ahora’ no es una regresión; es el trabajo interno más exigente que una persona puede atravesar sin que nadie lo nombre en la sala de espera del ginecólogo.
El contexto cultural agrava todo esto. Vivimos en la era de la maternidad instagrameable, donde la presión social exige recuperar la figura, la productividad y la alegría en semanas, mientras que la realidad neurológica de la matrescencia puede durar años. Y la expectativa de ‘recuperar’ quién eras antes tampoco es el objetivo correcto: la evidencia apunta a que se trata de reconstrucción, no de regreso. Pretender volver a ser exactamente la misma persona de antes genera expectativas irreales que aumentan la frustración, no la resuelven. Dana Raphael, que además de acuñar ‘matrescencia’ fue pionera en introducir el término ‘doula’ y cofundó el Human Lactation Center con estatus consultivo ante la ONU, lo entendió décadas antes de que el tema llegara a los titulares: necesitamos vocabulario para lo que vivimos. Nombrar el proceso es el primer paso para no sentir que te estás perdiendo.
- Qué es el cuarto trimestre del embarazo y cómo afecta a las madres

