Las generaciones calificadas como millennials, centenials o nativos digitales, han sido determinados con un coeficiente intelectual más bajo que el de sus padres, pues científicos aseguran que estos últimos crecieron sin una tecnología tan desarrollada.
De acuerdo con el doctor en neurociencia y director de investigación del Instituto Nacional de la Salud de Francia, Michel Desmurget, las pantallas han provocado que los jóvenes tengan un coeficiente intelectual muy pobre que les impide desarrollar sus capacidades totalmente.

El experto nerocientífico francés menciona que las mismas pantallas que cada vez tienen más influencia en los jóvenes, los convierte en menos inteligentes que la generación pasada. Desmurget sabe que esto se debe a la exposición temprana que tienen los niños y jóvenes a las pantallas, sin embargo, son dañados en aspectos de inteligencia como el lenguaje, memoria, concentración y cultura general, situación que es reflejada en su rendimiento académico.

“Los principales fundamentos de la inteligencia de una persona, es decir, lo que nos ayuda a organizar y entender el mundo, están amenazados psíquicamente y también físicamente. La arquitectura cerebral se construye a medida que crecemos y sus características finales dependen de la experiencia que transitamos la cual modifica tanto la estructura como el funcionamiento de nuestro cerebro”. “Así es como en respuesta a las vivencias, algunas áreas del más complejo de nuestros órganos se vuelven más gruesas, otras más delgadas; algunas conexiones se desarrollan, otras se desvanecen”.

Hoy en día la tecnología se ha hecho indispensable, para estudiar, trabajar, incluso para comunicarte y, de hecho, según Desmurget, los chicos y jóvenes dedican más tiempo a cualquier pantalla, sobre todo a la de los celulares, de forma recreativa y no educativa. Menciona que los preadolescentes usan trece veces más la tecnología para divertirse que para fines relacionados con la escuela. En los países occidentales los niños menores de 2 años pasan todos los días casi 3 horas, mientras que los de 8 a 12 años pasan de 5 a 7 horas aproximadamente.

Sin duda es tema sumamente preocupante, sin embargo, la incógnita es: ¿la tecnología es amiga o enemiga? Más bien se trata de saber utilizarla, pero sobre todo de no usarla como sustitución de otras actividades, simplemente saber combinarla y distribuirla bien para que no absorba todo nuestro tiempo y atención.
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