Los ídolos y héroes o heroínas que generamos en la infancia son lo que marcará nuestras fortalezas, carencias o miedos durante la adultez. Infancia es destino, dictan algunos por allí. Y ante eso, ante el proclive juego de representaciones que configuramos a lo largo del tiempo con base en ciertas figuras, hallamos el caso Disney. Primero, analizado por la marca misma y, segundo, criticado por profesionales de la psicología.
El imperio de animación y entretenimiento mundial dice que, en efecto, mucho de lo que ha plasmado en sus historias a través de las Princesas Disney es en varios niveles equivocado, pero que en sus últimas producciones ha intentado resarcir esas perspectivas dañinas en sus seguidoras, incluyendo narrativas más inclusivas y de empoderamiento femenino. Expertos psicólogos plasman en distintos estudios hasta la fecha cómo tales caricaturas fortalecen estereotipos y crean inseguridades, trastornos (alimenticios o de conducta) y objetivaciones. Incluso Mérida de Valiente ha sido cosificada, sexualizada y desprovista de su carácter combativo con los años.

Hoy, Disney Enchanted Fine Jewelry ha lanzado en colaboración con Zales –firma de diamantes– una línea de joyas preciosas destinadas para la mano de una futura novia. Con una mirada contemporánea y relativamente en renuncia a las miradas clásicas de la mujer-que-sueña-con-una-boda-de-cuento, la campaña y los diseños buscan la sobriedad en balance con el lujo. Pero, ¿esto rompe con la mirada totalizadora del género como un sector que busca incansablemente emular a una princesa que se consuma al hallar un hombre?
Quizás no. Si hubieran incluido una amplia variedad étnica y cultural, incluso de orientaciones sexuales en su campaña, otra historia sería. Sin embargo, decidieron apostar de nuevo por protagonistas caucásicas, blancas, obedientes a cierto sexismo y con el enfoque machista de que todas las mujeres quieren sentirse deseadas por un hombre a través de regalos costosos. En este caso: uno que involucra el compromiso nupcial.
Revisemos ese aspecto entonces en las piezas centrales de la colección:
Cenicienta
De oro blanco y rosa de 14 quilates, y un diamante de medio quilate al centro, este anillo se centra en las características principales de este cuento: un carruaje en forma de calabaza y dos coronas.

Bella
En oro amarillo o rosa, tiene un rosa en el medio como referente claro de su historia de amor. Hay diferentes diseños.

Blancanieves
Con 5 diseños distintos bajo su nombre, destaca el modelo que emula al moño característico de la princesa y su feminidad indiscutible.

Elsa
En sus dos modelos existentes, en oro blanco de 14 quilates y un gran diamante al centro, las figuras de la novia predominan como signo indiscutible del reino de Arendelle.

En cualquiera de los casos, a excepción tal vez del que pertenece a Frozen o de aquél que alude a Mérida con un arco y flecha, no se conceptualizó ninguna característica personal que no obedeciera a la feminidad u obsesiones con la sensualidad dominante del mundo. ¿Por qué no se exaltó la bibliofilia de Bella, la naturaleza guerrera de Pocahontas o de Mulan? ¿Dónde quedó la curiosidad intelectual de Ariel –aún cuando haya vendido su voz por un hombre– o la fortaleza de Tiana?
Amar las joyas y ser una fanática de los diamantes está perfecto, ser una fiel seguidora de las Princesas Disney también; el punto está en que para muchas niñas, adolescentes y mujeres no existe un balance de role models cuyo contrapeso se fundamente en otros aspectos humanos que no sean necesariamente la realización del matrimonio, el color rosa y la delicadeza salvable. Podemos cambiar la manera en que consumimos Disney y gozamos de sus historias.
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