Lo que parecía la colaboración del año y una hermosa carta de amor a nuestras raíces mexicanas acaba de destapar una de las explotaciones más turbias del internet. Seguro viste en tus redes el lanzamiento del nuevo jersey de la Selección Mexicana, una joya bordada a mano por artesanas de Naupan, Puebla, de la mano de Adidas y la empresa socialmente responsable Someone Somewhere.
En la publicidad todo era sonrisas, orgullo y hasta un QR para conocer a tu artesana; pero detrás de cámaras, la realidad es una maquila precarizada, abusiva y con algunos detalles que podrían caer en lo ilegal.
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La creadora de contenido Luz Valdez soltó en TikTok una bomba exponiendo todo el hilo de irregularidades que vivieron estas mujeres. A través de testimonios de los propios artesanos, extrabajadores y estudiantes de servicio social, Luz desmenuzó cómo lo que se vendió como un proyecto altruista fue, en realidad, una explotación sistemática que deja claro cómo las grandes corporaciones usan la bandera del “impacto social” solo para lavar su imagen.
Es peor de lo que imaginamos: Las indignantes condiciones de trabajo de las artesanas que bordaron los jersey de la selección

Todo el drama empezó porque Adidas tenía miedo de meterse en problemas tras el escándalo previo con el diseñador Willy Chavarria, ahí entró al asunto Someone Somewhere (fundada por egresados del Tec de Monterrey) a prometerles que ellos se encargarían de la mano de obra sin que la marca se manchara las manos.
Pero para pasar las estrictas auditorías de calidad que exige la firma deportiva, a la empresa se le ocurrió la “brillante” idea de apropiarse de la Casa de la Cultura del municipio, un inmueble público, para transformarlo en su taller de maquila privado instalando muebles, internet y hasta un checador de entradas y salidas. Sí, desvío de recursos públicos y corrupción en toda la extensión de la palabra.
Una vez montado el teatro, reclutaron a más de 150 artesanas, pero las mantuvieron en el anonimato, solo usaron a dos o tres líderes para dar la cara en los viajes a Alemania y en las fotos comerciales. Per espérate, porque lo peor vino con el trabajo: los diseñadores crearon los patrones usando Inteligencia Artificial, haciendo diseños imposibles de tejer de forma tradicional y por eso capacitaron a las mujeres a la fuerza con técnicas ajenas, quitándoles toda su libertad creativa.

Jornadas de terror, castigos económicos y sueldos de miseria
Las condiciones humanas dentro de ese espacio eran terribles. Las artesanas cumplían jornadas pesadísimas con solo una hora de comida, sin ninguna prestación de ley y en un lugar donde a veces ni papel de baño había. ¿Y el sueldo? Una burla. A las artesanas obreras les pagaban entre 25 y 36 pesos por hora de bordado, exigiéndoles terminar al menos dos jerseys cada 5 horas.
Mientras tanto, Someone Somewhere se embolsaba ganancias de entre el 60% y el 72% por cada playera vendida.
“Por si fuera poco, el equipo de calidad revisaba las piezas con lupa. Si la tela se fruncía poquito o el bordado variaba, las obligaban a desbordar y rehacer todo desde cero sin pagarles ese tiempo; es más, se los descontaban de lo ya ganado”, dijo Luz en su video.
@luzvaldezmx ¿Que piensan de todo esto? Nota : Lo que existe en Naupan es IMSS- Bienestar , que es para las personas que no tienen Seguridad social , el IMSS queda a 40 minutos , aunque si Someone Somewhere de verdad quería ayudar y tenerlas bajo la legalidad bien pudo apoyar a las artesanas contratadas a realizar el trámite , el traslado a Huauchinango no es complejo .
El nivel de estrés fue tanto que muchas abandonaron el proyecto para irse a bordar playeras con otra marca del mundial que sí les pagaba lo justo (400 pesos por pieza). Cuando la empresa se enteró, las despidió y las obligó a firmar un contrato que les prohíbe volver a trabajar con Adidas en 5 años bajo amenaza de demanda legal.
Y no, no es todo, el descaro final viene con el marketing. Mientras gastaron millones de pesos contratando influencers para la campaña de lanzamiento, a los artesanos que aparecen en los videos promocionales no les pagaron absolutamente ni un peso. Los contratos los obligan a ceder sus derechos de imagen de forma perpetua., Luz Valdez incluso denunció que hay artesanos que llevan años sin trabajar ahí y la marca sigue explotando sus rostros para vender.

Este caso nos demuestra el lado más oscuro del greenwashing y la apropiación cultural: las marcas se quedan con los aplausos y los millones en la cuenta de banco, mientras que las verdaderas artistas se quedan con las manos lastimadas, los bolsillos vacíos y contratos de miedo.
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