De mirada fría y llena de violencia, Miranda Priestly perfora el pecho de Andrea mientras se dirigen a una gala en París. Con voz tranquila, pero no carente de fuerza, le dice “todos queremos ser ellas” como si de esta frase pendiera el universo entero. Y quizá sea más que cierta. Con seguridad son palabras sentenciosas, pero inundadas de verdad. Con largas botas Chanel, chaquetas Rodarte, piezas de Narciso Rodríguez y elementos exquisitos que gritan sofisticación, desde aquel lejano 2006 muchos deseamos no ser una ficticia asistente en la revista Runway, sino de verdad participar en el mundo fashionista que se vive al interior de Condé Nast: Vogue Magazine.

No es ningún secreto que esta película –la cual está basada en una novela– está inspirada en las experiencias personales y verídicas de Lauren Weisberger como personal assistant de Anna Wintour, la verdadera dama de hielo en el ámbito de la moda. Partiendo de lo que se supone es un fiel retrato de lo que se vive en los pasillos de la editorial fashion más importante en el planeta Tierra, es posible admirar detenidamente cómo se mueven a través de la pantalla los espíritus de Grace Coddington, Tonne Goodman, Hamish Bowles, Phyllis Posnick, Valentino y Vera Wang entre otros.

Meryl Streep y Anne Hathaway son hoy, gracias a este titán del drama contemporáneo que conjuga humor con tiránica realidad, dos figuras imprescindibles en el imaginario del fashion. Dos seres que nos han enseñado cuánto sabemos del terreno de lo humano y los campos de la moda; principalmente, fue a consecuencia de ellas que se insertó más que nunca el nombre de Prada en nuestro vocabulario. Por su título original en inglés, claro (“Devil Wears Prada”).
Pero, ¿qué significa este italiano apellido más allá de una marca? ¿Qué conlleva esa maison no sólo como uno de los sellos más exquisitos del mundo?
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Prada comenzó como una firma italiana de bolsos de cuero en 1913, creada por Mario Prada. Pero el nombre es más famoso debido al éxito de su nieta, Miuccia, nacida en 1949 y el filme que mencionábamos en un principio.

La etiqueta se inició originalmente con el nombre de Fratelli Prada en la Galleria Vittorio Emanuele II. Esta tienda se encontraba en la capital italiana de la moda, Milán, y presentaba baúles, cajas de belleza y bolsas de cuero.

Mario Prada no creía en tener mujeres en ningún tipo de papel comercial o empresarial, pero cuando llegó el momento de nombrar a un sucesor, su hijo no tenía ningún interés en el negocio, así que fueron su hija y nieta, Luisa y Miuccia Prada quienes se hicieron cargo.

Prada se convirtió durante 1919 en el proveedor oficial de artículos de cuero para la Casa Real italiana y se le permitió emplear su escudo de armas en el logotipo de la firma.

Prada es famosa por su idea de “lujo interior”, lo que significa que no utilizan características llamativas en su mercancía; su tipo discreto de lujo está destinado a ser reconocido sólo por “aquéllos que saben”.

El logo de Prada nunca es tan obvio en las prendas de vestir y bolsos como en otras etiquetas, se ha dicho que esto se debe a un esfuerzo por no aparentar algo tan snob.

Años después de que Miuccia se hiciera cargo de la maison, Prada se hizo un nombre conocido en el mundo entero por una elegancia fresca y refinada en contraste directo con los sexys y pesados años 80.

Miuccia piensa que estamos demasiado obsesionados con la juventud, pero ha confesado tener miedo de liderar el cambio. “Es mucho más que un drama para las mujeres, es el negocio del envejecimiento. Nadie quiere envejecer y realmente creo que deberíamos encontrar una solución. Especialmente porque vivimos mucho más tiempo que la moda”, dijo en una entrevista para T Magazine.

En 2007, el celular Prada –en colaboración con LG– fue el primer teléfono en tener una pantalla completamente táctil.

Prada se sostiene en sus altos precios diciendo que cuesta mucho dinero producir sus diseños porque deben ser en las condiciones adecuadas. En una entrevista con WWD, también provocó a “izquierdistas intelectuales” que critican los ambientes de producción peligrosos, pero que sienten que la moda barata es más democrática. “Esto –dice– es un ejemplo de hipocresía”.
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Prada no sólo es una marca y mucho menos es la ropa que utiliza la mujer más mala del cine contemporáneo. Es historia, tradición y lujo en nuestro relato de la humanidad y la moda. Para aprender un poco del tema, puedes leer un poco sobre Prada: el surrealismo hecho moda y algunas frases de “El diablo viste a la moda” que nos recuerdan la importancia del estilo.


