A veces, lo más bonito nace en los momentos más difíciles. Así pasó con La Flor del Colibrí, un proyecto que empezó con salsa macha y hoy reúne distintos productos orgánicos que enaltecen el nombre de México.
Detrás de este emprendimiento, que estuvo presente en el Neni Fest, están Sheila y Diana, dos mujeres que decidieron convertir la adversidad en una oportunidad para sanar, crear comunidad y ofrecer productos naturales con historia, raíces y un impacto real.
Pero esto no es sólo una historia de productos orgánicos, es una historia de resiliencia, amistad y fuerza femenina.
De una ruptura al renacer
Todo arrancó en 2016, cuando Sheila, una de las fundadoras, atravesaba un divorcio. En lugar de quedarse en pausa, decidió dar un paso adelante. Con el apoyo de sus amigos, comenzó a vender salsa macha entre conocidos. Así fue creciendo lo que hoy es La Flor del Colibrí.
El nombre no es casualidad. Fusiona lo femenino representado por la flor, y la libertad y ligereza del colibrí. Una metáfora perfecta para lo que representa este emprendimiento.

De amigas a socias: un match perfecto
La segunda parte de esta historia se escribe con Diana, quien ya tenía su propio proyecto de productos naturales y radica en otro estado del país. Se conocieron, conectaron y decidieron unir fuerzas. Desde entonces, han creado una mancuerna poderosa que combina talento culinario, visión de negocio y una gran misión social.
“Nos complementamos. Sheila es práctica y creativa en la cocina, yo soy más de ventas y atención al cliente. Juntas hacemos un gran equipo”, destacó Diana en entrevista con Cultura Colectiva.
Más que vender, buscan transformar
Su propuesta va más allá de llenar estantes. Quieren educar sobre lo que comemos y su origen. Por eso sus productos vienen directo de las regiones donde se producen: café y miel de Veracruz con floración exclusiva, pinole de Tabasco, miel de maguey de Guadalajara. Todo con propósito.
Parte de su misión es enseñar a las personas que, por ejemplo, no todas las mieles son iguales, que algunas tienen propiedades específicas para la salud, como la inulina en la miel de agave que ayuda a personas con diabetes o a deportistas.
También buscan que sus clientas, y en especial otras mujeres, conozcan y reconecten con ingredientes que pueden convertirse en su nueva forma de vida o incluso en una fuente de ingresos.

Emprender con propósito y alma
Ser mujer y emprender no ha sido fácil. Pero ambas coinciden en algo: no se trataba solo de salir adelante, sino de abrir camino para otras. Por eso, uno de sus objetivos es impartir cursos que enseñen a hacer productos cosméticos y alimenticios con ingredientes naturales.
Quieren empoderar a mamás solteras, mujeres en situaciones difíciles, mujeres que quizás aún no saben que tienen en sí la capacidad de transformar sus vidas desde la cocina o el autocuidado.
“No se trata de vender por vender, sino de ofrecer algo que realmente sirva para el bienestar de quien lo consuma”, explicó Sheila.
¿Qué viene para La Flor del Colibrí?
Diana y Sheila ya trabajan con un químico para desarrollar nuevos productos a partir de los residuos del café orgánico o del aceite de oliva. Innovar y aprovechar todo lo que la tierra ofrece es su siguiente meta. Y lo quieren hacer compartiendo el conocimiento, creando comunidad y formando una red de mujeres que, como ellas, apuestan por lo natural como forma de vida.
La Flor del Colibrí no es solo un emprendimiento, es una historia de renacer, de unión, de mujeres que con ingredientes de la tierra y mucha alma están transformando su mundo y el de otras.

Participar en el Neni Fest fue sólo el inicio
El Neni Fest 2025 no sólo les dio visibilidad, fue una validación de todo el esfuerzo que hay detrás de cada frasco, cada bolsa de café, cada palabra de aliento que comparten con sus clientas.
Este evento, celebrado el 2 de abril en el Museo Yancuic de Iztapalapa, Ciudad de México, reunió a más de 2,000 mujeres emprendedoras que han transformado el comercio digital en el país. Organizado por la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO), el festival ofreció talleres, paneles y oportunidades de networking, con el objetivo de profesionalizar y empoderar a las llamadas “nenis” (Nuevas Empresarias con Negocios en Internet).

Para Sheila y Diana, fundadoras de La Flor del Colibrí, el Neni Fest representó un impulso a su negocio. Su historia nos recuerda que sí se puede empezar desde cero. Que un corazón roto también puede ser fértil. Y que cuando hay pasión, visión y apoyo mutuo, los sueños, por más chiquitos que parezcan, sí se cumplen.
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