Fiestas de adultos con niños o sin niños, un gran debate generacional que siempre da de qué hablar.
Todo comenzó en redes sociales, luego de que se viralizara la captura de pantalla de una conversación en la que una mujer le dice a su amiga que no podrá asistir a su boda porque en la invitación especificó que los niños no pueden ser parte de su evento.
La internauta aseguró que lugar al que sus hijos no fueran bienvenidos, ella tampoco lo sería.
Esta conversación generó un enorme debate, sin embargo, ambas posturas tienen puntos a favor porque no todos nos entienden a los padres, pero tampoco a los anfitriones que deseamos que un día especial, como lo es una boda por ejemplo, salga como siempre lo planeamos.
¿Los niños son rechazados… o simplemente no es algo de lo que ellos deban o puedan ser testigos ahora?
No es que no sean bienvenidos, muchas veces es algo técnico, incluso económico; recordemos que para hacer una fiesta como un boda, por ejemplo, el pago es por platillo. En sí, las fiestas son caras, contando niños lo es aún más.
También es que nos da pavor que el evento que hemos organizado por meses, o años, no salga como deseamos. Se sabe que los niños son inquietos, y está bien, pero eso a veces puede salirse de control.
Otro gran punto es que son momentos que los niños aún no están en edad de ser testigos; los borrachos se salen de control y el ambiente puede ser pesado para ellos.
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A favor de que los niños sean parte de los eventos de adultos
1. Nuestros hijos son parte de nuestra esencia y, al ser lo más importante para nosotros, debemos compaginar adonde sea que vayamos con su cuidado y vigilancia. Son parte de nosotros y no son algo que podamos desechar.
2. Dejar a nuestros niños con algo es algo complicado, caro e imprevisible. No todos tenemos esa posibilidad de dejarlos con nuestra pareja, abuelos, familiares o una persona de confianza que se encargue de ellos y nosotras nos sintamos 100 por ciento seguras de que estarán bien.
3. Los niños también son parte de la sociedad y por qué les negaríamos la participación a una celebración alegre, sobre todo de personas que quieren a sus padres.
4. La situación individual de cada invitado es diferente y los anfitriones deberían entenderlo un poco, sobre todo cuando se tratan de amistades cercanas.
En contra de que los niños sean parte de eventos de adultos
1. Mi casa, mis normas. Los anfitriones estamos en todo el derecho de decidir las características de nuestras fiestas. A veces, aunque no lo decimos, no queremos lidiar con niños que corran o lloren por todo el evento.

2. El alcohol y lo que éste provoca no debería ser un espectáculo para niños. De hecho, no lo es, mucho menos las conversaciones adultas que puedan surgir. Ningún padre queremos que nuestro hijo vea situaciones que no son aptas para su edad, no quiere decir que no las vayan a vivir en algún momento, simplemente que no es ahora que deban ser testigos de éstas.
3. Los anfitriones buscamos un momento para que los padres seamos libres de nuestras arduas responsabilidades maternales o paternales y no siempre lo vemos de esta manera. Somos más que una madre o un padre, y está bien darnos un respiro para salir con nuestros amigos, sin niños, sin responsabilidades, al menos por unas horas.
4. Como lo hacemos en el trabajo, está bien que no llevemos a los niños a algunos eventos como bodas o XV años, o lo que sea. Son sólo algunas horas y se vale acompañar a nuestras amistades o familiares a solas.
A favor o en contra, en algo coincidimos: los niños son parte de nosotros, por eso, ambas posturas ven por el bien de ellos y de nosotros. Pero no estamos listos para tener esta conversación… ¿o sí?
