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ESTILO DE-VIDA

No seré tu paño de lágrimas: me rompiste el corazón y así yo intenté reparar el tuyo

Hoy dejo de partirme el corazón para completar el tuyo. Hoy dejo de ser tu paño de lágrimas.

Me quedé porque te quería, te brindaba mi hombro porque nadie más lo hacía… y porque te quería. No me molestaba escuchar que te rompían el corazón y aún así les dabas todo, no me molestaba ser a quien recurrías después de ser lastimado y yo sin recibir nada a cambio. No me importaba desarmarme en mil pedazos para completarte a ti, que aunque yo también estuviera rota, te daba las piezas que me quedaban para que tú te sintieras completo, entero.

No te importaba si lo que me contabas me lastimaba, no tenías piedad y me desgarrabas con cada una de tus palabras, y yo, por quererte, me quedaba a escucharte; aún con mi dolor me quedaba para sanar tu corazón, para consolarte y hacerte sentir que todo estaría bien. No me importaba lo mucho que me dolía porque prefería que te dejara de doler a ti. Fui muy envidiosa conmigo, no me daba cuenta de que te daba todo mientras yo me quedaba sin nada.

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Me dejabas vacía, me absorbías, y no sabía de dónde sacaba fuerzas para dártelas a ti, sí, después de que ya me habías consumido toda. Era sólo tu paño de lágrimas, venías a mí cuando ya no tenías otra opción, cuando no tenías a quién recurrir. Venías a mí porque sabías que yo era la única persona que no te dejaría solo, que te seguiría escuchando aún después de que ya me habías lastimado, sabías que yo estaría para ti cada vez que lo quisieras.

Me olvidé de mí y de cómo yo me sentía, me olvidé del dolor que me provocabas o, más bien, lo dejaba a un lado porque no me dabas la oportunidad de expresarlo y que ahora tú me consolaras a mí. Hiciste menos mis sentimientos porque sólo te enfocabas en los tuyos, porque sólo te importaba que tú te sintieras mejor y yo, con el corazón destrozado, pasaba a no ser ni siquiera una opción.

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Por mucho tiempo te di las piezas que me quedaban para armarte a ti, para sanar lo que te había dañado a ti. Me olvidé de curarme a mí y de protegerme a mí. Me olvidé de repararme, de completarme, de abrazarme por sólo abrazarte a ti. Por mucho tiempo me olvidé de que toda esa atención que te daba, me la tenía que dar yo, yo antes de ti. No por egoísta, sino por amor propio. Porque antes de amarte a ti, tenía que amarme a mí.

Espero haberte ayudado de verdad, pero ya no más; hoy dejo de ser tu paño de lágrimas para ser el mío, dejo de ser el hombro en el que te recuestas cuando no tienes el de nadie más, para ser el mío propio. Dejo de sanarte para sanarme a mí. Nunca es demasiado tarde y, por fin, me di cuenta de que me estaba perdiendo por encontrarte. Y ya no.

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Me rompiste el corazón y aún así yo intentaba reparar el tuyo; aunque no espero que me lo agradezcas (porque sé que nunca lo harás) sí me voy porque es hora de que sane el mío, con mis propios pedazos, con mi propio hombro, con mi propio consuelo. 

Hoy dejo de partirme el corazón para completar el tuyo. Hoy dejo de ser tu paño de lágrimas.

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