A veces pienso en todas las veces que me dijeron que el TDAH era solo “no poner atención”, que si me concentrara un poco más o si me esforzara de verdad, no tendría tantos problemas para enfocarme. Crecí escuchando frases como “es que no te educaron bien”, “te dejaron hacer lo que quisiste” o “si te hubieran puesto límites, no serías así”. Y durante mucho tiempo me lo creí, pensé que había algo mal conmigo, o peor: que era mi culpa.
Pero el TDAH no es el resultado de una “mala educación”, no se trata de padres permisivos o de niños malcriados. Es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la forma en que el cerebro regula la atención, las emociones y los impulsos. No se cura con castigos, ni con sermones sobre disciplina, ni con regaños, no desaparece porque alguien te diga “ponte las pilas”, simplemente no funciona así.
Entender eso me cambió la vida, porque durante años pensé que todo lo que me costaba, terminar tareas, concentrarme, organizarme, controlar mis emociones, era una falla personal y no, no lo era. Un cerebro con TDAH funciona de otra manera, no peor ni mejor, solo diferente, tiene otros ritmos, otras formas de conectar ideas, de sentir, de crear.

He aprendido que tener TDAH no significa que no puedas lograr cosas, sino que necesitas hacerlo a tu manera, que necesitas entornos más flexibles, rutinas que se adapten a ti, personas que te comprendan. No padres que te castiguen por no encajar, ni profesores que te digan que “podrías ser brillante si tan solo te esforzaras”, porque muchas veces sí lo intentamos, solo que el esfuerzo no se nota igual.
Cuando alguien dice que el TDAH se debe a una “mala educación”, lo que realmente está haciendo es invisibilizar una condición real que requiere comprensión, apoyo y acompañamiento y también le está quitando a esa persona la posibilidad de entenderse desde la empatía y no desde la culpa. Porque claro, es más fácil decir “le faltan límites” que aceptar que la salud mental es compleja, que los cerebros no son iguales y que la crianza perfecta no existe.
Por eso, cuando alguien me dice que el TDAH es producto de una mala educación, pienso en lo injusto que es culpar a las familias y a los niños por algo que no eligieron, en lo importante que es hablar de neurodiversidad, de lo valioso que es reconocer que no todos aprendemos ni sentimos igual y en lo necesario que es dejar de ver el TDAH como un defecto, y empezar a verlo como una parte de quienes somos.
Si quieres escuchar más sobre este tema, escucha el episodio ¿El TDAH es un superpoder? Ft. Diego Barrazas & Dr. Ernesto Ramírez, uno de los episodios de YOLO, el podcast original de Cultura Colectiva.
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