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ESTILO DE-VIDA

No te di ni la mitad de lo que tenía para ti y terminaste yéndote

Me sobraron tantas cosas que no pude darte a tiempo…

Para ti tenía reservado el cielo entero, las estrellas, el sol y la luna. Tenía guardadas mañanas de luz y noches brillantes; pan tostado con mermelada y café, un cachito de mi cama y más grande el de mi corazón. Tenía un par de cajones en el mueble de mi ropa y mi falda más bonita para los viernes de vino; tenía mi libro favorito y una pila de películas que veríamos los domingos. Tenía guardada para ti mi energía y mis ganas, mis sueños y mis ilusiones, mi amor y mis abrazos. Mis besos y mi mirar.

Tenía más de un pensamiento, un lugar en mi mesa y domingos para estar en cama. Tenía miles de historias, un sinfín de canciones y muchos suspiros después de una mirada. Me sobraron tantas cosas que no pude darte a tiempo… porque te fuiste demasiado pronto, demasiado rápido: muy fugaz.

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Te iba a dar más de lo que cupiera en mis manos, más de lo que le di a nadie jamás, más, incluso, de lo que me he dado a mí. Pero preferiste irte, irte porque no soportaste que alguien te amara tanto, porque tú sólo quisiste jugar sin antes advertirme las reglas del juego; irte cuando ya habías destrozado mi corazón, irte porque no soportaste tanto compromiso: tanto amor.

Te acepté tal y como eres, amé hasta el rincón más insólito de ti; tu secreto más oscuro, el peor de tus miedos. Amé tus lágrimas tanto como tu sonrisa, amé tus ojos y tu alma que pude ver a través de ellos. Te amé tanto que tenía el corazón a punto de explotar; tanto, tanto, que no pude darte ni la mitad de lo que tenía para ti.

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Preferiste irte por la salida fácil, por la peor de todas, la que terminó por destrozarme toda. Romperme el corazón. Lo tomaste todo y te lo llevaste, dejándome sin más, sin fuerzas, sin energía, sin ganas. Entonces guardé el resto, lo que sobró para dármelo a mí. No podía seguir débil, con el alma en mil pedazos, vacía. No podía quedarme esperando a que volvieses, que recapacitaras, mucho menos que cambiaras… lo podía hacer yo, y no por ti, sino por mí.

No iba a permitir que me apagaras mientras tú brillabas, ya no. Entonces, teniendo todo lo que destinaba para ti, me lo di a mí. Me entregué completamente a sanarme, curarme y abrazarme: amarme más que a nadie. Convencerme de que primero estoy yo, de que primero soy yo.

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Sí, no te di ni la mitad de lo que tenía para ti. Pero fue mejor de lo que esperé, ahora tengo mucho más para mí: sólo para mí.

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