Usar Ozempic empezó a ser prácticamente un must para las personas (sobre todo mujeres) que quieren bajar de peso rápido. Y es que lo que a todxs en algún momento se nos olvida, es que este medicamento en realidad fue creado para personas con Diabetes tipo 2. Y sí, usarlo sin supervisión médica puede ser fatal. Incluso podrías perder la vida.
Aunque ya se habían reportado muertes relacionadas con el uso de Ozempic, la mayoría habían ocurrido en contextos médicos o clínicos, donde hubo complicaciones graves pero al menos existía una supervisión profesional. Lo que hace este caso distinto —y mucho más alarmante— es que ya llegamos a un punto en el que existe un mercado negro de semaglutida, donde cualquier persona puede inyectártela en una estética, sin conocer tu historial médico, sin revisar dosis, sin seguimiento y sin validar si lo que te aplican siquiera es el medicamento real. Este ya no es solo un problema de estética: es un problema de salud pública.
Ozempic: La carrera de morir o ser delgada
En redes sociales y en consultorios “clandestinos” se está normalizando la idea de que bajar de peso rápido es una urgencia, aunque no haya una enfermedad detrás. Y ahí entra el caso de Karen McGonigal, una mujer inglesa de 53 años, madre de tres hijas, que murió después de recibir una inyección ilegal de semaglutida (Ozempic) comprada por apenas 20 libras. No fue en un hospital, no fue con un endocrinólogo, y ni siquiera hay certeza de que el contenido fuera legítimo: ella fue víctima de una economía estética sin reglas, donde la delgadez vale más que la vida.
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Karen intentó conseguir el medicamento por la vía oficial, pero fue rechazada porque no cumplía con los criterios médicos. Ese fue el momento en el que el sistema dejó de verla como paciente y la trató como “no apta”. Entonces buscó una alternativa rápida, “accesible” y supuestamente sin complicaciones… hasta que su cuerpo no resistió.
Este caso abrió una investigación penal en Reino Unido, pero lo más fuerte no es el proceso legal: es lo que revela culturalmente. Karen no quería solo perder peso, quería recuperarse emocionalmente tras una ruptura. Y eso nos duele reconocerlo porque muchas mujeres hemos estado ahí: queriendo cambiar el cuerpo para sentirnos suficientes, valiosas o vistas.
Ozempic y otros medicamentos a base de semaglutida no son “inyecciones milagro”. Alteran procesos hormonales, digestivos y metabólicos. Requieren análisis previos, monitoreo, seguimiento y ajustes de dosis. No es un tratamiento que debería existir en manos de una esteticista ni de un consultorio improvisado.
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Cuando se usa sin supervisión:
- puedes no saber si la dosis es correcta o tóxica,
- no hay manera de detectar complicaciones a tiempo,
- puedes estar inyectando un producto falsificado,
- y tu cuerpo queda completamente desprotegido.
Esto ya no es “ponerse más delgada”. Esto es exponer la vida.
No podemos romantizar esto ni dejarlo en un simple “ten cuidado”: lo que está pasando es que la cultura del cuerpo perfecto llegó tan lejos, que ahora literalmente hay mujeres muriendo por cumplirla. Y nadie merece eso.
Si decides usar Ozempic o cualquier semaglutida, que sea porque un profesional evaluó tu salud, te acompañó y determinó que tu cuerpo realmente lo necesita. No porque la presión estética te empujó a jugártela sola.
