La razón por la que todos traemos los labios partidos cuando hace frío y cómo salvarlos antes de que duela

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El verdadero motivo por el que tus labios se parten cada que hace frío

Hay pocas cosas más molestas en invierno que sentir los labios partidos, es ese tipo de incomodidad que no se quita sin importar cuanto bálsamo nos pongamos: te pasas la lengua para humedecerlos (aunque sabes que eso solo lo empeora), sientes cómo se estiran al hablar y hasta un simple beso se vuelve un reto.

Cuando llega el frío, todos sacamos las chamarras, el café caliente y las cobijas, pero casi nadie piensa en que los labios también necesitan abrigo. A veces hasta los confundimos con resequedad normal o creemos que basta con ponerse “un poquito de bálsamo” cuando ya están agrietados, pero en realidad, lo que pasa con los labios en esta temporada tiene una explicación científica mucho más interesante.

Y no, no es solo el clima, detrás de esos labios partidos hay una mezcla entre biología, mal hábito y descuido emocional (sí, también). Así que si te ha pasado que amaneces con los labios cuarteados o te arden incluso sin sonreír, esto es lo que realmente está pasando con tu piel.

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La razón por la que todos traemos los labios partidos cuando hace frío

La razón por la que todos traemos los labios partidos cuando hace frío

Primero hay que entender algo: los labios no tienen glándulas sebáceas, esas que se encargan de mantener la piel hidratada y protegida. En otras palabras, son una de las zonas más vulnerables del cuerpo, porque no pueden generar su propia “grasita natural”, además, la capa de piel que los cubre es súper delgada, alrededor de cinco veces más fina que la del resto de la cara, lo que los deja completamente expuestos a los cambios de temperatura, el viento, el sol o el frío.

Cuando el aire se vuelve seco (como en otoño e invierno), la humedad ambiental baja y el agua que normalmente se mantiene en la piel se evapora más rápido, esa pérdida de humedad hace que los labios se resequen, pierdan elasticidad y, eventualmente, se agrieten. Por eso sientes esa sensación de tirantez o ardor, y por eso parece que ningún bálsamo “funciona” si ya se partieron.

Lo curioso es que el cuerpo intenta compensar esa falta de hidratación pero de la peor forma posible: haciéndote pasar la lengua por los labios. El problema es que la saliva contiene enzimas digestivas (como la amilasa y la lipasa) que literalmente descomponen tejidos, así que, en lugar de ayudar, esa costumbre termina empeorando la resequedad, es como intentar apagar un incendio con gasolina.

No es solo el clima, también es el estilo de vida

No es solo el clima, también es el estilo de vida

Aunque el frío es el principal responsable, no es el único, la falta de agua, la exposición constante a pantallas (sí, el aire seco de las computadoras también influye), los cambios bruscos de temperatura y hasta la alimentación pobre en vitaminas A, B y E pueden hacer que los labios se partan más fácil.

Además, los bálsamos labiales no siempre son lo que prometen, algunos contienen ingredientes como mentol, eucalipto o alcanfor que dan una sensación “refrescante”, pero en realidad irritan más la piel, otros tienen fragancias o colorantes que resecan a largo plazo. Por eso, si sientes que entre más te lo aplicas, peor se ponen tus labios, probablemente no estás imaginando cosas.

También hay un factor psicológico: el estrés, pues en épocas frías, el cuerpo produce menos serotonina y más cortisol, lo que altera la regeneración de la piel y aunque suene exagerado, el estrés puede hacer que te muerdas o lamas los labios sin darte cuenta, generando microheridas que luego duelen el doble con el frío.

Cómo evitar que el invierno te los parta otra vez

Cómo evitar que el invierno te los parta otra vez

La prevención empieza con lo básico: hidratación real. Tomar suficiente agua (aunque no tengas sed) es clave, porque los labios no pueden absorber humedad del ambiente, pero sí desde el interior del cuerpo. A eso súmale una alimentación con frutas y verduras ricas en vitaminas A y E, como zanahoria, mango o aguacate, que ayudan a regenerar tejidos.

Después viene el cuidado externo, busca bálsamos con ingredientes como manteca de karité, aceite de coco, lanolina o cera de abeja, evita los que tengan alcohol o fragancias, y aplícalos varias veces al día, incluso cuando sientas que “no lo necesitas”. Si vas a salir, usa uno con protector solar: los rayos UV también dañan los labios, incluso en invierno.

Un tip que casi nadie menciona: exfoliarlos suavemente una vez por semana. Puedes hacerlo con una mezcla casera de azúcar y miel, o con un exfoliante específico para labios, así eliminas la piel muerta y permites que los bálsamos penetren mejor. Y lo más importante: no te los lama, ni aunque te dé ansiedad, ni aunque se sientan secos, la saliva solo los daña más. Si de plano no puedes evitarlo, carga siempre tu bálsamo favorito y reaplica cada vez que sientas la necesidad.

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