Cada vez salimos menos, menos fiesta, menos antro y más running club y coffee raves, pero todo esto tiene una razón y se llama: hangxiety. Y aunque no lo creas, nos afecta más de lo que pensamos. No estamos promoviendo la salidera, solo queremos explicarte por qué ya no salimos tanto y no tiene que ver con el dinero… ¿o sí?
Antes, el plan perfecto era armar un pre, arreglarse y terminar a las 4 a.m. pidiendo tacos. Pero algo cambió. Cada vez más personas de nuestra generación están dejando de beber o eligiendo planes más tranquilos. Lo cool ya no es el after, sino el self-care Sunday con tu jugo verde o ver pelis con tus amigos en casa. Y no es que nos hayamos vuelto aburridos, es que estamos cansados. De los excesos, de las crudas eternas y, sobre todo, de la ansiedad que viene después.
Hangxiety: La razón psicológica por la que ya no tomamos tanto
La palabra hangxiety viene de hangover (cruda) y anxiety (ansiedad), y básicamente describe esa sensación horrible que te da después de tomar: angustia, culpa, nervios, pensamientos intrusivos y repetitivos de “¿dije algo raro anoche?”, “¿por qué hice eso?”, “ojalá pudiera borrar mi existencia por 24 horas”.
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Y no, no estás exagerando. El alcohol afecta los niveles de serotonina y dopamina, los químicos del cerebro que regulan tu humor. Cuando bajan, llega el bajón. A eso súmale la deshidratación, la falta de sueño y la sobreestimulación social… y boom: hangxiety mode on.
Y obviamente nos pega más porque nuestra generación creció hiperconectada, sobreexpuesta y constantemente analizando cada interacción. Así que cuando perdemos el control, aunque sea por una noche, el cerebro entra en modo alarma. El día siguiente no es solo físico, es mental: la mente se va pensando todo lo que pudo salir mal. Por eso muchas personas prefieren evitarlo del todo. Y ahí nacen nuevas formas de socializar sin alcohol: los mocktails, las dry parties, o simplemente no salir si no hay ganas.
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No tiene nada de malo salir de fiesta, bailar hasta el amanecer y disfrutarlo. Pero tampoco tiene nada de malo decidir no hacerlo. Si el cuerpo o la mente te piden descanso y sientes el hangxiety, está bien escucharlo. Si lo que te da paz es quedarte viendo series con tu mascota y un té, también está bien.
El punto no es dejar de vivir experiencias, sino aprender a hacerlo sin castigarnos después. Porque crecer también es entender que la resaca emocional duele tanto como la física.
