Texto por Natalia Sánchez Carranza
La coeducación, definida por el diccionario de la Real Academia Española (RAE) como el acto de “enseñar en una misma aula y con un mismo sistema educativo a alumnos de uno y otro sexo”, está lejos de ser realidad en la actualidad. A pesar de que cada vez son menos las escuelas que separan a los niños y a las niñas, dentro de los salones de clases se transmiten por parte de los profesores ideas de diferenciación de género.
Los estereotipos de género vienen desde la infancia y afectan todos los aspectos de la vida tanto de mujeres como de hombres. Son inducidos a los niños de manera involuntaria, casi automática, porque así es como fue educada esa generación, con cuentos, juegos e incluso el lenguaje. Los cuentos hacen que los niños se relacionen con los héroes valientes a los que les gusta luchar, la acción y la aventura. Las niñas, en cambio, relacionan su género con la delicadeza, dedicadas a mantener su belleza, el orden del hogar y la familia.

Respecto a los juegos, un niño se entretiene con superhéroes o carritos y una niña juega con las muñecas o la cocinita. Un menor que quisiera salir de este molde podría ser incluso objeto de burla para los demás. Todas estas costumbres tienen bases sexistas que pasan desapercibidas y quedan grabadas en las cabezas de los infantes, asignando así roles de género que influyen en las decisiones que toman en la vida como sus prioridades, su elección de carrera y su manera de tratar a los del sexo opuesto.

Siendo evidente el problema, la pedagoga Cecilia Azorín propone algunos lineamientos para asegurar la igualdad de género dentro de las aulas educativas:
1) Lo más importante es que se seleccione material curricular revisado, como los libros de texto, que no contenga prejuicios y estereotipos sexistas. También es muy importante que los juegos y las actividades sean distribuidas a los niños equitativamente sin hacer diferencia de capacidades o de preferencias. Es decir, no dividir por colores ni por actividades a los niños y a las niñas.
2) Señalar y rechazar la discriminación por género entre los alumnos es también primordial, pues como dichas prácticas pueden venir desde sus hogares o incluso de la televisión, deben ser corregidas.
3) Es fundamental utilizar un lenguaje inclusivo y no utilizar frases o chistes sexistas. La capacitación de los profesores es indispensable para lograr estos objetivos.

En conclusión, la igualdad de género es un problema latente que amenaza a la sociedad hoy en día. La educación tiene un gran poder de cambiar las prácticas de discriminación y diferenciación de género, por lo que es de suma importancia que se haga visible esta problemática y se capacite a todo el personal educativo.
La coeducación de calidad tendría muchos beneficios para los hombres y las mujeres porque se eliminarían las barreras que se imponen sobre sus capacidades y sobre lo que tienen que pensar y hacer en su vida. Una sociedad inclusiva y equitativa es posible y la mejor herramienta es la educación de quienes formarán la sociedad de las próximas generaciones: las niñas y los niños.
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