
Todos tienen la libertad de intercambiar nudes con su pareja; incluso ha sido una práctica llamativa ahora que estamos en pandemia y alejados. No se trata de decirte «No lo hagas», cuando en realidad ya es parte de las costumbres que tenemos cuando interactuamos sexualmente con alguien.
«No tenía por qué disculparme. Estuve en una relación saludable por cuatro años. Era larga distancia, así que tu novio o verá películas para adultos o fotografías de ti», dijo Jennifer Lawrence en una entrevista después de que se filtraran sus fotografías por un hacker. Su comentario nos recordó que en realidad ella no es la culpable, sino el individuo que decidió robar sus imágenes con mala intención y publicarlas.
De igual forma, el resto de las mujeres no tienen la culpa de confiar en un patán (sea hombre o mujer) y que sus fotografías terminen siendo compartidas en grupos de WhatsApp, de Facebook, o ser chantajeadas.
Sin embargo, en la actualidad, esta práctica de los patanes ya es sancionada de forma legal EN TODO MÉXICO de la mano de la recién aprobada Ley Olimpia y no hay motivo alguno para que nadie se salga con la suya si ha roto tu confianza y compartido contenido íntimo y personal.

¿Qué dice la Ley Olimpia NACIONAL?
Es delito:
✊ Difundir y/o vender videos, audios o fotos íntimas sin consentimiento del titular.
✊ Amenazar con difundir o vender videos, audios o fotos íntimas.
✊ Acosar sexualmente vía online.
✊ Si te graban o fotografían íntimamente sin tu consentimiento.
La culpable es la mente o la forma de pensar de esos individuos.
Un patán no necesita un motivo para compartir nudes más que el simple hecho de poder decirle a sus amigos o conocidos: «Mira esto». Les parece un logro, una meta. No consideran que están invadiendo la privacidad de alguien que confió en ellos y que implícitamente le dijo que esa fotografía era for his eyes only. Entonces, si no existe empatía, ¿cómo va a entender que compartirla en Internet es un delito? No hay miedo ni remordimiento, es solamente una acción que consideran “inocente” y que, “ellas tienen la culpa por enviarlas” —una idea que aún comparte gran parte de la población—.

Como mencionamos, esa es la primera parada para las nudes de alguien: los amigos. Pero quizás el hombre sea aún más patán y decida darles share en grupos de Facebook y WhatsApp que son exclusivamente para eso: publicar fotografías ajenas sólo para satisfacer el morbo del macho cliché. De igual forma quizá sienten que es emocionante subirlas a sitios web pornográficos o dedicados a ese tipo de contenido. Esos sitios ha declarado ese contenido como revenge porn, sin embargo en muchos de los casos no es vengativo.
Revenge porn
Hemos hablado previamente del revenge porn. El término se traduce como “porno de venganza”, ya que se considera que los usuarios que lo suben lo hacen como una especie de vendetta por rencor o por odio hacia alguna exnovia. Esto es una prueba de cómo, sin culpa, su propósito es exponer a esas mujeres sólo porque decidieron terminar una relación. Es una forma más de violencia de género. Se conocen las consecuencias de lo que podría pasar si las fotografías se exponen y se suben a Internet con malicia, y en algunos de los casos hasta sirve para chantajear a las víctimas.
La extorsión por nudes es probablemente lo más ruin que puede hacer alguien. Se amenaza a la víctima con publicar las imágenes si no cumplen con condiciones que van desde seguir en una relación violenta hasta una compensación monetaria, sólo por perversión o un impulso de poder. De igual forma se le dice al afectado que se publicarán con nombre, dirección y más datos que puedan poner en peligro su seguridad.

Hasta hace unos años en México no existían leyes que castigaran la difusión de imágenes ya sea de índole íntima sin consentimiento o incluso de la difusión de imágenes de manera ilegal de procedimientos legales que puedan vulnerar a las víctimas, si bien se trata de leyes aprobadas muy recientemente, aún existen países en nuestro continente y el mundo en el que aún no hay mecanismos legales para actuar y defenderse, pero en algunos lados se están iniciando conversaciones sobre el tema ya que, como mencionamos, es otra forma de violencia que puede hacerse para humillar o destruir la imagen pública de una persona. Todo por enviar una foto sin ropa.
Así que, aunque sea absurdo hacerlo, debemos de tener cuidado con qué mostramos en las fotografías y a quién son enviadas. Muchas veces se hace con plena confianza pero en ocasiones las personas ocultan ciertos aspectos de su personalidad y es cuando una fotografía se puede convertir en un arma para manipular a un individuo. Ahora que si sucede, puedes denunciar.

El tema adquiere otros matices cuando hablamos de adolescentes. La cultura de las nudes en los menores de edad es más que latente y sin que ellos lo consideren, están creando pºrnºgrafía infantil de forma inadvertida. Todas esas imágenes se pueden convertir en material para criminales y si la información de la víctima está comprometida, existen riesgos aún más grandes.
Todo comienza con un patán, sea hombre o mujer, un individuo que le parece gracioso o interesante compartir lo que se les envió con confianza. Es otro de los horrores de nuestra era, perder toda una vida por una fotografía.
*Este artículo fue publicado originalmente por Alonso Martínez el 17 de abril de 2018 y ha sido actualizado por Cultura Colectiva.
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