Seguro te ha pasado que te disocias a en medio de una junta, en una clase o simplemente lavando los trastes. Estás ahí físicamente, pero tu conciencia se fue a un viaje astral a repasar una conversación de hace tres años o a imaginar un escenario que probablemente nunca pase. En el lenguaje de internet, decimos que estamos disociando, y aunque a veces lo usamos de broma para decir que estamos distraídos, este “irse de uno mismo” tiene una explicación científica fascinante.
Ya no es solo una forma de explicar por qué no pusiste atención a lo que te dijo tu jefe, la realidad es que ese estado de “ausencia” es una de las herramientas más poderosas de tu cerebro para no colapsar. En un mundo que nos bombardea con notificaciones, ruido y exigencias, disociar un poquito es como el sistema de ventilación de una computadora que está a punto de sobre calentarse.
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Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre allá adentro cuando “te vas”? No es que tu cerebro se apague; de hecho, es cuando empieza a trabajar de una forma que la ciencia apenas está terminando de entender. Es un mecanismo de defensa y, sobre todo, de recuperación cognitiva que te está salvando de un burnout seguro.
Lo que pasa en tu cerebro cuando te disocias a media junta que podría traer más beneficios de los que imaginas

Investigaciones de la Harvard Medical School explican que, cuando dejas de enfocarte en estímulos externos (es decir, cuando disocias del mundo real), se activa la Default Mode Network (Red Neuronal por Defecto), no es que el cerebro esté “apagado”, es que cambió de modo operativo.
Es como si tu cerebro fuera una oficina: durante el día, estás atendiendo clientes (estímulos externos), pero cuando “disocias”, cierras la puerta con llave para que el equipo de limpieza entre a organizar los archivos, tirar la basura acumulada y acomodar las carpetas. Esta recuperación cumple una función específica: evita que la actividad mental se mantenga en un nivel constante de exigencia.

A lo largo del día, tu cerebro acumula una cantidad absurda de información, decisiones y microestímulos. Sin esos momentos donde “bajas la carga”, tu capacidad para responder con claridad se va al caño.
Y aceptémoslo, no se siente nada mal resetear la mente de vez en cuando. Esa sensación de paz cuando te quedas viendo por la ventana del café y pierdes la noción del tiempo no es tiempo perdido, es tu cerebro redistribuyendo la carga mental y si no permites que esto pase, la fatiga se acumula y ahí es cuando llegan los errores, el mal humor y esa neblina mental que no te deja ni elegir qué serie ver.
Así que la próxima vez que alguien te diga “¡reacciona, estás en las nubes!”, puedes responder con total seguridad que estás en medio de un proceso de optimización cognitiva respaldado por Harvard. Disociar no es huir de la realidad, es preparar a tu cerebro para poder enfrentarla con mucha más precisión.
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