¿Por qué es mejor hacerle ghosting a tu pareja antes de terminar la relación?

Viernes, 24 de noviembre de 2017 12:50

|Carolina Romero

Ghosting es una manera de hacerse “el fantasma” para desaparecer de la vida de alguien sin dejar rastro: no llamadas, no mensajes, no explicaciones de por qué todo terminó.



Ted conoce a Victoria en la boda de unos amigos en común y desde el primer momento él queda flechado. Las cosas suceden de manera natural y comienzan a charlar. Con el paso de los minutos Ted se da cuenta que Victoria no es una chica normal; no quiere besarlo. Dice que un mal beso podría arruinar el buen momento que han pasado. Ella quiere ser inolvidable, dejar en él un dulce recuerdo que no se contamine con una despedida. Entonces, le pide que cierre los ojos, emula un beso y le pide que cuente hasta tres antes de abrir los ojos. Cuando lo hace, ella ya no está. No deja rastro alguno de su presencia, desaparece por completo y Ted conoce el ghosting por primera vez.


 

Ghosting es una manera de hacerse “el fantasma” para desaparecer de la vida de alguien sin dejar rastro: no llamadas, no mensajes, no explicaciones de por qué todo terminó. Es un método cruel que deja muchas confusiones a quien lo padece. Sin embargo, en la vida práctica hay quienes creen que es mejor esconderse en lugar de terminar una relación y lastimar al otro. ¿Cobarde?, ¿ruin?, ¿bajo? Probablemente, pero ellos encuentran razones y son las siguientes:


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Alejandra, 30 años


 

Lo acepto, fui yo quien desapareció. Pero aunque me siento un poco culpable, no me arrepiento. El tipo era un idiota. Un día, me invitó a comer. Me invitó, repito. Yo estaba saliendo de una entrevista de trabajo —en la que por cierto me fue muy mal— y recibí su mensaje: “Hola, guapa. Seguro fue un mal día, te invito a comer”. Con lo poco que me quedaba de entusiasmo, llegué a la cita, en espera de poder desahogarme y recibir un abrazo de quien, se supone, me quería. Eso no pasó porque nunca dejó de hablar sobre sí mismo. Al final me dijo, “bueno, ya me tengo que ir tú pagas, ¿no?”. Con toda la decepción del mundo a cuestas; sólo dije “sí, no te preocupes”. Desde ese día no volví a hablar con él —y no pienso hacerlo. ¿Por qué tendría que darle explicaciones a alguien a quien le importé un comino?


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Sofía, 28 años


 

Alejarme de él sin decir una palabra es el acto de amor más grande que he hecho en mi vida. Él no sabía que mis problemas aumentaban y yo preferí no decírselo. Cuando tomé la decisión de internarme, sabía que era algo que tenía que vivir por mí misma. No podía hacerlo cargar con un peso tan duro. Preferí que me odiara pensando que había sido una persona cruel y terrible a que sufriera conmigo un proceso del que no sabía si iba a salir con vida o no. Desaparecí de su vida y creo que fue lo mejor que pude hacer. Me he enterado que ahora tiene una bebé de 8 meses y que es feliz. Lo amé entonces y lo amo ahora y no me arrepiento de haberme quitado de su camino.


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Julio, 27 años


 

Lo hice un poco por miedo. Comencé a salir con ella cuando éramos menores de edad. Todo marchaba bien hasta que un día comencé a recibir amenazas por parte de alguien desconocido. Me decía con detalle dónde estábamos y lo que habíamos hecho. Temí no sólo por mi integridad sino por la de ella. Decidí que era mejor dejar el asunto por la paz. Sin darle muchas explicaciones, le dije que debíamos terminar. Por una extraña razón, ella entendió que lo que le pedía era tiempo, de lo que me enteré hasta que pasaron algunos años, cuando se molestó al verme con otra persona.


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Inés, 24 años


 

Nos conocimos en la oficina y nos caíamos bien. Un día, en una fiesta, nos besamos. Nos seguíamos viendo diario —porque trabajábamos en el mismo lugar— pero su actitud comenzó a cambiar. Yo intentaba acercarme y él constantemente me evitaba. No dijo nada, no hubo una explicación de su cambio de actitud; simplemente se fue alejando de mí poco a poco. Al final, nos volvimos buenos amigos.


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Sebastián, 26 años


 

Para empezar, anduve con ella sin pensarlo. Yo había salido de una relación muy larga —cerca de 5 o 6 años—, todavía extrañaba a mi ex. Pensé que estar con alguien más me ayudaría a olvidarla, o por lo menos me distraería. Al poco tiempo me di cuenta de que era imposible; yo no quería estar con ella, sólo recordaba mi relación pasada. Pero en lugar de decírselo, comencé a dejar de contestarle los mensajes y llamadas. En algún momento le inventé que saldría de vacaciones por mucho tiempo. No era directo porque no quería lastimarla, así que esperé hasta que ella me terminara.


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Enrique, 23 años


 

Es una técnica. Inconscientemente, lo tengo planeado. Aunque siempre les aclaro que “no es algo serio, sólo pasarla bien un rato”, ellas parecen pensar otra cosa. Me alejo porque es una manera sana de no lastimar y porque además, eso me deja la puerta abierta para cuando quiera volver. No lo hago con la intención de hacerlas sentir mal, sino de evitar problemas.


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Ana, 25 años


 

Lo he hecho y me han hecho. En el primer caso, me ha pasado cuando, tras una noche de fiesta, termino besando a alguien que en realidad no me gustaba. Él me escribe y me llama después, pero yo dejo de contestarle porque, honestamente, no tengo interés alguno en volverlo a ver. También me ha pasado que me hacen eso a mí; pero cuando investigo, resulta que la principal causa es que tienen novia.


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Graciela, 26 años


 

Anduve con un chico inmaduro, pero no lo supe sino después, cuando desapareció. No es que yo estuviera enamorada exactamente, pero sí sentía ilusión porque me gustaba mucho físicamente. Cuando salimos de vacaciones de la escuela, prometió que me llamaría para salir. Esperé la llamada por una semana, no salí de mi casa. Jamás llamó. Meses más tarde, una amiga me confesó que se trataba de un cruel juego que él planeo con sus amigos: había sido objeto de una apuesta, por eso jamás me buscó.

 

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En conclusión, es conveniente para quien lo hace, pero no para quien lo recibe. Quedarte sin respuestas sobre alguien con quien se supone que entablaste una relación —por más casual que sea— no sólo es frustrante, sino injusto.



Sin embargo, a todos nos toca, de vez en cuando, ser víctimas y verdugos. Es una cuestión de enfoques donde nadie puede lanzar la primera piedra.

 

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REFERENCIAS:
Carolina Romero

Carolina Romero


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