Hola, tía Ceci y comunidad de Cultura Colectiva. Gracias por el espacio y por permitirme compartirles una reflexión que ha estado rondando mi mente desde que empecé a ir a terapia hace unos tres meses.
Tengo 28 años y, sinceramente, me he dado cuenta de que tengo una especie de adicción a las relaciones conflictivas. Sí, ya sé lo que están pensando, y créanme, estoy completamente consciente de que no es algo saludable. Pero, como dice el título, simplemente no puedo evitar enamorarme de las red flags andantes.
Desde que tengo memoria, siempre me he sentido atraída por hombres que, a kilómetros, se ve que no me harán bien. Hombres que no ven por sus hijos, tipos que aseguran que sus exes están locas, infieles que prometen dejar a sus parejas pero nunca lo hacen.
Es un patrón que se ha repetido una y otra vez en mi vida, y en terapia estoy empezando a entender por qué.
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Una parte de mí sabe que esto tiene raíces profundas en mi vida conflictiva en casa. Crecer en un entorno donde el amor y el conflicto iban de la mano ha hecho que, de alguna manera, normalice y hasta romantice los vínculos problemáticos. Es como si sintiera que solo librando batallas se llega al verdadero amor. Una idea que, ahora lo veo, está bastante distorsionada.
Me enamora lo comprometidos que pueden parecer los hombres infieles: la manera en que te prometen el cielo y las estrellas, asegurándote que tú eres la única que los entiende.
Los padres abandonadores, por otro lado, pueden ser increíblemente románticos. Te venden una historia donde ellos son las víctimas incomprendidas, y tú, la salvadora que va a traer luz a sus vidas.
Y ni hablar de la emoción que siento al salir con rufianes que me hacen sentir importante, como si estuviera trayendo un cambio positivo a sus vidas solo con mi presencia.
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En terapia, estoy descubriendo que todo esto no es más que una ilusión, un espejismo que me ha llevado a elegir relaciones que me dañan una y otra vez.
Quiero cambiar, de verdad que sí. Quiero aprender a identificar y a alejarme de esas red flags antes de que sea demasiado tarde. Pero, siendo honesta, no sé si podré lograrlo.
Es un proceso largo y difícil, y me doy cuenta de que hay una parte de mí que aún se siente atraída por esos hombres problemáticos. Quizás porque enfrentarse a esos desafíos me hace sentir viva, me da un propósito. O tal vez porque, en el fondo, aún no sé cómo se siente una relación sana y estable.
Sea como sea, estoy decidida a seguir en terapia, a seguir explorando estas partes de mí misma y a trabajar en mis patrones de comportamiento. No va a ser fácil, pero creo que es el primer paso hacia una vida amorosa más saludable y, con suerte, más feliz.
Gracias por leerme.
Con cariño, la ciega que no quería ver pero ahora sí quiere ver.
Soy la Tía Ceci y les quiero recordar que estoy para ustedes, el espacio de la Tía Ceci y esta comunidad es para externar eso que sienten y viven; si quieren compartir su historia, envíenla a tia@culturacolectiva.com
