Cuando eres niño sueñas con crecer para ser un adulto, crees que seguro es la etapa más maravillosa y podrás hacer lo que quieras: no más tareas, no más quehaceres, no más regaños de mamá y mucha televisión. Mientras vas creciendo te das cuenta de que no estabas tan acertado como creías, tu infancia ha quedado a un lado y, ahora de adulto, deseas con todas tu ganas volver a esos días en los que tu única preocupación era saber qué película verás por la noche, o que la ducha no fuera tan larga para seguir jugando, o que el examen de mate no viniera tan difícil porque no fuiste bueno.
Ahora estás en el camino de los veintes y la pregunta más frecuente que pasa por tu mente es “¿qué demonios estoy haciendo con mi vida?” La repites una y otra vez y no llegas a ninguna respuesta, pensabas que podrías comerte al mundo en un sólo mordisco y aún, ni siquiera, has dado una probada. Creías que sería más fácil de lo que vives ahora y que ser adulto era lo más genial del mundo.

De acuerdo con Alexandra Robbins y Abby Wilner, los veintes se tratan de la crisis de la mediana edad, una temporada por la que muchos jóvenes atraviesan y están llenos de incertidumbre y desazón cuando no les falta mucho por llegar a los 30 y sienten que no han hecho gran cosa de su vida como tenían planeado para entonces. Según el investigador Ran Zilca, menciona que esta crisis tiene cuatro fases:
1. Te sientes atrapado
Has tomado decisiones grandes en tu vida, has estudiado lo que querías y dedicarte a lo que te gusta, quizá diste un paso más en tu relación amorosa y hasta puede que ya te hayas mudado de la casa de tus padres, sin embargo, tienes dudas si lo que has decidido fue lo mejor, sientes que no hay marcha atrás y sientes asfixia.

2. Catarsis
Muchas personas no te tratan como el adulto que ya eres porque aún te ven como un niño, lo que termina afectándote (aunque si tienes esta reacción, quizá no seas tan maduro como crees). Esto puede llevar a que rompas con decisiones importantes, sin embargo, no deberías hacerlo porque debes continuar con tu vida.

3. Nuevos recursos
Tienes sentimientos de soledad que incluso pueden llevarte a la depresión, sin embargo, de acuerdo con el experto, en esta etapa la mayoría de los casos buscan nuevas actividades que los mantengan ocupados, lo que lleva a que descubran aficiones y pasiones nuevas.

4. Seguridad y emoción
Descubres que sí eres capaz de enfrentarte a la vida de adulto, tienes motivación para seguir adelante y conseguir tus objetivos que, para este momento, ya se encuentran más claros. Tienes ganas de vivir el adulto maduro que llevas dentro y que salga, ahora sí, a comerse al mundo.
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