La manifestación social más extrema y trágica de nuestros tiempos

Lunes, 21 de mayo de 2018 16:07

|José Daniel Arias Torres
suicidio

¿Podemos decir que el suicidio es realmente una decisión individual sin injerencia alguna de la sociedad y el Estado?



El suicidio es una manifestación política, más allá de las condiciones y motivos por los que el suicida comete el acto, se encuentra intrínsecamente en él una manifestación política, pues aunque esa no sea su motivación, el mensaje oculto de la acción ─una vez que se analiza el contexto y la historia individual y social─ queda claro.


El suicidio es la causa última de una serie de cuestiones y problemáticas que orillan a un individuo a cometerlo. En una primera instancia, podría parecer que es una acción ajena a cualquier situación macrosocial y en esencia lo es. No obstante, sólo se debe de analizar un poco el contexto y la historia tanto individual como social para caer en la cuenta de que el suicidio no es más que un fenómeno social reproducido y estigmatizado, que se ha hecho parte de los tabús de la población. Pero en realidad se trata de un problema incómodo de debatir y solucionar por la política, y lamentablemente ha quedado relegado por el sector salud al ser considerado un fenómeno menor en comparación con problemáticas sociales que golpean cada Estado, como la violencia, la inseguridad, el narcotráfico, la pobreza, la desigualdad, el racismo, etcétera.



suicidio 1



De igual manera, el suicidio es concebido como una práctica íntima en la cual el Estado no tienen injerencia o responsabilidad alguna; sin embargo, el suicidio es un síntoma de una sociedad que requiere ayuda. Y, lo que es más lamentable, en la mayoría de las ocasiones es una enfermedad que deliberadamente se ha dejado expandirse. No se puede concebir esta práctica como una condición propia de la individualidad del sujeto, pues el individuo al final de todo está construido por una estructura e instituciones dadas por el sistema, por lo que no podemos apartar la cualidad política y social del individuo. De esta forma podemos decir fácilmente que las condicionantes dadas en el contexto que favorecieron un suicidio fueron condicionantes facilitadas por una omisión del Estado, a través de las instituciones que estructuran al contexto social en el que el individuo se desenvuelve y se relaciona con sus semejantes.



suicidio 2



Si bien el Estado no puede impedir que alguien se suicide, sí puede reducir las condiciones sociales tóxicas que abundan en la atmósfera y que se han convertido en parte de la cultura de dominación. Es cierto que el Estado no tiene la capacidad de garantizar la felicidad de una persona, pero se supone que tiene las facultades y debería tener la capacidad de garantizar el bienestar social. Esto se logra mediante las políticas y el cobro de impuestos que se reflejan en las instituciones y su capacidad de interpelar a la sociedad en su totalidad, la infraestructura y niveles de vida con que cada individuo cuenta. El suicidio es entonces en su cara más profunda, una manifestación política que se hace en contra del Estado y su incapacidad de garantizar un bienestar social que, en la mayor parte de las ocasiones, se traduce en un bienestar individual.



suicidio 3



Mientras concibamos al suicidio como debilidad del sujeto que lo comete, ninguna solución será suficiente, pues se continúa atacando la consecuencia última de una enfermedad que se expande en todas las esferas de nuestra vida, hasta el punto en que las estructuras que giran en torno a la lógica de las relaciones sociales de violencia y dominación terminan por vencer la fortaleza del individuo.


Por otro lado, al ser una manifestación política el suicidio igualmente trastoca cuestiones que el Estado prefiere omitir, a pesar de abanderar con posturas políticas a través de los partidos políticos por medio de discursos y promesas para hacerse con el favor de determinado sector de la sociedad. Esta omisión posterga un debate que en algún momento deberá de ponerse sobre la mesa de análisis. El suicidio es una cachetada con guante blanco al Estado ausente, que así como defiende el derecho a una vida digna, niega el mismo derecho a la muerte que es, en términos concretos, la finalización de esa vida que se defiende y que por tanto igualmente debería estar envuelta con la misma aura de dignidad que se proclama. El suicidio es tan sólo una de las representaciones simbólicas más extremas de lo que conlleva la inacción política y la falta de mecanismos que faciliten la eutanasia, que es la presencia del Estado en la muerte como lo está en la vida.


**


La revista Psychological Science publicó cuatro pasos para ser feliz según la neurociencia, síguelos y comienza hoy mismo a aplicarlos en tu vida cotidiana. ¿Crees que requieres de la aceptación, una pareja perfecta, fama y fortuna para vivir plenamente? Piénsalo dos veces después de leer las cosas que no necesitas para ser feliz.



REFERENCIAS:
José Daniel Arias Torres

José Daniel Arias Torres


  COMENTARIOS