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Home Estilo de Vida

Susana Zabaleta y el amor que sabe que tiene fecha de caducidad

Irinea Funes by Irinea Funes
agosto 28, 2026
in Estilo de Vida
Susana zabaleta y el amor que sabe que tiene fecha de caducidad

Hay amores que llegan con todo: química, confianza, conexión real. Y hay amores que, desde adentro, ya saben que no van a durar para siempre. Susana Zabaleta tiene uno de esos, y lo que hace extraordinario su caso no es el romance en sí, sino la claridad brutal con la que ella lo nombra.

La cantante y actriz ha vuelto a hablar sobre su relación con Ricardo Pérez, el comediante y conductor con quien encontró algo que pocas personas encuentran a cualquier edad: la libertad de ser exactamente quien eres frente a otra persona. Pero también ha repetido algo que muy poca gente se atreve a decir en voz alta: que ese amor tiene un final escrito, y que ella lo ve venir.

Las dos razones que ella misma pone sobre la mesa

Susana no especula ni dramatiza. Habla con una lucidez que incomoda porque obliga a pensar. Hay dos razones concretas que ella identifica como los puntos donde sus caminos inevitablemente se separarán.

La primera es el deseo de Ricardo de ser padre. Él quiere hijos. Ella ya vivió esa etapa. No es una incompatibilidad menor ni algo que el amor solo pueda resolver: es una diferencia de proyecto de vida que ninguna cantidad de cariño puede disolver sin que alguien renuncie a algo fundamental.

La segunda razón es más íntima y, quizás por eso, más poderosa: Susana anticipa el momento en que el cambio físico que trae la edad la lleve a no querer que nadie más vea su cuerpo. No lo dice como queja ni como tragedia, lo dice como una certeza sobre sí misma. Y en esa honestidad hay algo que pocas conversaciones públicas sobre el amor se permiten: reconocer que nuestras propias inseguridades futuras también son parte de la ecuación.

Por qué este tipo de amor nos descoloca

Vivimos saturados de narrativas sobre el amor eterno. La cultura popular, las películas, incluso los memes construyen la idea de que cuando encuentras «a la persona correcta», todo lo demás se acomoda. Susana y Ricardo rompen ese esquema sin drama y sin victimizarse, lo cual resulta casi más difícil de procesar que una ruptura escandalosa.

Porque aquí no hay villano. No hay traición ni desamor. Hay dos personas que se quieren de verdad, que se eligen todos los días, y que al mismo tiempo son lo suficientemente honestas para saber que ese «todos los días» tiene un número limitado de días.

Eso genera una especie de duelo anticipado colectivo en quienes los seguimos, porque nos obliga a preguntarnos cosas incómodas: ¿cuántos de nuestros amores actuales también tienen una fecha de caducidad que preferimos no ver? ¿Cuántas veces elegimos la ilusión de lo eterno sobre la honestidad de lo que realmente es?

Amar sabiendo el final: ¿valentía o resignación?

Hay una distinción importante entre resignarse a perder algo y elegir disfrutarlo plenamente a pesar de saber que se irá. Lo que Susana describe suena más a lo segundo. No es una relación en pausa ni una historia que se vive a medias por miedo al golpe final. Es, según ella misma lo cuenta, un amor donde la confianza, la conexión y el cariño son mutuos y genuinos.

Eso plantea una pregunta que vale la pena sostener un momento: ¿es posible amar mejor cuando dejamos de pretender que el amor dura para siempre? Quizás la conciencia del límite, lejos de restarle valor a lo que se tiene, le da una textura diferente. Más presente. Menos distraída en construir un futuro imaginario y más atenta a lo que existe ahora.

No hay respuesta única. Pero la conversación que Susana abre, con esa mezcla de romanticismo y pragmatismo que la caracteriza, es exactamente el tipo de conversación que el mundo adulto necesita tener con más frecuencia y menos vergüenza.

La lección que nadie pidió pero todos necesitaban

Al final, más allá de la historia de dos personas públicas, lo que Susana Zabaleta pone sobre la mesa es un recordatorio incómodo y necesario: amar libremente implica también amar sin aferrarse. Implica tomar decisiones desde la honestidad, no desde el miedo a quedarse solo. Implica respetar los deseos del otro aunque esos deseos apunten en una dirección diferente a la tuya.

Y quizás lo más difícil de todo: implica disfrutar lo que tienes hoy sin sacrificarlo en el altar de un «para siempre» que nadie, en realidad, puede garantizar.

Eso no es resignación. Eso, en muchos sentidos, es la forma más honesta de querer a alguien.

Tags: cultura poprelaciones de parejaricardo perezsusana zabaleta

Irinea Funes

Irinea Funes

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