Reflexiones de Japón: en consonancia con la naturaleza

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Reflexiones de japón: en consonancia con la naturaleza
Reflexiones de Japón: en consonancia con la naturaleza

Hablar de la cultura japonesa pareciera desde nuestra perspectiva occidental, hablar de la posibilidad de ser capaces de traspasar al otro lado del espejo. Reconocerla es reconocer una cultura que buscando el goce, la paz y la armonía no necesitan más que voltear su mirada a la naturaleza.

El estar en consonancia con la naturaleza es primordial pues sólo en ella se pueden proyectar los anhelos, la sensibilidad; los miedos, el goce, la belleza. Aceptarla es aceptar los cambios, la apertura y cierre de ciclos: la vida.El amor y respeto hacia su esencia es algo que desde pequeños les es inculcado, va poco a poco instruyendo a los jóvenes japoneses en una sensibilidad y en una delicadeza que les ayudará a aprender y apreciarla como un eje esencial dentro de sus vidas y no como algo, que para nosotros, nos resulta muchas veces ajeno.

“Desde muy temprano los niños aprenden a amar las plantas, a las piedras, a los insectos. Y notad que digo amar, empleando la palabra en su más castizo sentido. Es amor, en efecto amor y no simpatía[1]”.

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Aprenden en Japón a escuchar los sonidos que emana la naturaleza; el crujir de las ramas, el vibrar de la hierba, el correr del agua en sus cascadas o ríos. Se vive en comunión con la naturaleza, y esto lo encontraremos proyectado en todos los aspectos de su vida.

Con la llegada de la primavera, la ciudad se llena de una pálida belleza, de la sakura, o flor del cerezo, y se da inicio al festival Hanami, en el que honorando al árbol, familiares y amigos se reúnen en los parques, y a su sombra disfrutan de ricos y abundantes picnics mientras celebran y contemplan su fugaz belleza.

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Fotografías de Pilar Turu

El árbol majestuoso, además tiene un fuerte mensaje. Sus flores, pueden verse sólo dos semanas al año; el resto son sólo hojas y tronco. En el Japón antiguo, la flor del cerezo se comparaba a los samuráis, pues ambos tenían una vida corta. El color de sus pétalos simbolizaba la sangre derramada en las batallas. Hoy en día, el simbolismo tiene que ver con la relación entre la vida y las flores del cerezo; ambas efímeras y frágiles, por lo que hay que celebrarlas.

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A diferencia de nuestra cultura, en Japón se le dedica a la naturaleza un espacio muy importante que se verá reflejado tanto en su cotidianidad, como en la literatura y en el arte, pues es inspiración y objeto de contemplación. Se respeta la naturaleza, se venera y se admira.“Luego, al llegar a la edad en que el carácter toma una forma definitiva, sus padres los llevan a contemplar los paisajes célebres, lo mismo que en Europa se lleva a los adolescentes a visitar los museos[2]”.

Si hablamos de arte como el elemento que es mímesis de la naturaleza del hombre, representación de sus anhelos y valores, etc., llama la atención en este aspecto como en efecto el arte de Occidente representaría en muchas ocasiones la grandeza del hombre, las proporciones perfectas y hasta exageradas del mismo, el horror al vacío en tanto a que emplean todo el lienzo para, con infinidad de elementos, tratar de expresar una idea o concepto, etc. Basta con ver el arte del Renacimiento de una manera muy general para darnos cuenta que la naturaleza, si es que aparece, es en segundo plano pero nunca es lo más importante. Se busca la representación tanto de la vanidad, el poder, como de la supremacía del hombre, los valores religiosos o morales, de Dios, etc. Vemos en este periodo Occidental cuadros abarrotados de elementos, de significados, metáforas, de ruido; de arquitectura, de los avances, descubrimientos, logros y poder del hombre.
Arte - reflexiones de japón: en consonancia con la naturaleza
Rafael Sanzio, El incendio del Borgo 1514
Fresco
670 cm (263.8 in)
Museos Vaticanos
En cambio, si analizamos por otro lado la obra “Bosque de pinos” de Hasegawa Tohaku (pintada sobre un biombo) del mismo siglo XVI, basta una breve ojeada para daremos cuenta de la importancia para el artista japonés del vacío y del valor de lo que está ausente, de la naturaleza, de la introspección. El medio a la contemplación. Hasegawa Tohaku fue un pintor de imágenes budistas formado en Kioto que se consideraba a sí mismo como el sucesor de Sesshu Toyo*[3].
Japon - reflexiones de japón: en consonancia con la naturaleza
Tohaku Hasegawa, Bosque de Pinos, XVI
Tinta sobre papel
156×347 cm
Museo Nacional de Tokio, Japón

“Se presenta en esta obra la silueta oscura de pinos altos que sobresalen de una densa y envolvente neblina matutina. Los árboles más lejanos apenas son visibles, lo que hace pensar que se trata de un paisaje de ensueño, misterioso y silencioso. Los espacios vacíos que presentan el diseño invitan a la plácida contemplación [4]”.Para la pintura zen, dejar un espacio blanco, austero y sin color ni forma, es una invitación al observador a dejarse llevar por la imaginación, de estimularlo. Es el wabi-sabi; la sencillez. Para la cultura zen, poder dejar la mente en blanco es la clave para lograr la meditación, y vemos cómo esto se refleja también en el arte. Abandonar todo pensamiento, y adentrarse en la naturaleza del ser es lograr la plenitud.

Al igual que vemos cómo el arte invita a la contemplación y a la introspección, la arquitectura japonesa también está diseñada para estar en consonancia con la naturaleza, para estar sincronizada con ella y para que no nos olvidemos nunca de su presencia, importancia y comunión con la misma.

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Fotografías de Pilar Turu Algo tan banal como lo podría ser para la cultura Occidental el acto de ir al baño, es para el japonés uno de los grandes placeres de la vida. Los baños tradicionales japoneses, al estar ubicados fuera de las paredes de las viviendas, permiten en este acto/momento tan natural y vital del hombre, ubicarse a la vez en la naturaleza y estar, de nuevo, en consonancia con ella. “Tales lugares armonizan con el canto de los insectos, el gorjeo de los pájaros y las noches de luna; es el mejor lugar para gozar de la punzante melancolía de las cosas en cada una de las cuatro estaciones y los antiguos poetas de haiku han debido de encontrar en ellos innumerables temas[6]”.

Nosotros, los occidentales, vemos a la naturaleza como algo ajeno que nos ofrece un beneficio; nos da madera para nuestros muebles y paredes, e inclusive calor en el frío. La buscamos para darnos un respiro, unas vacaciones “naturales”, pues a veces sentimos la necesidad de contemplarla y nos da paz, pero seguidamente nos entretenemos con cualquier cosa u objeto “más importante”. En nuestra cultura hemos aprendido a devaluar la sencillez de las cosas, a rechazar el estado más puro. Nos dejamos llevar por lo más caro, lo más bello y lo más ostentoso. Creemos que ese “más” es lo que nos da la felicidad. Ese “más”, por lo mismo, es el que nos ha ido poco a poco alejando de la naturaleza.
***
Referencias:

[1] Carrillo, E. Gómez. El Japón heroico y galante. Buenos Aires: Biblioteca Crisantema, 1935, p.175
[2] Carrillo, E. Gómez. Op. Cit., p.176
*[3] Sesshu Toyo (1420-1506) fue uno de los principales expositores del suibokuga (pintura con tinta), y un monje budista zen. Es considerado uno de los maestros de la pintura japonesa.
[4] Farthing, Stephen. Arte. Toda la historia. Barcelona: Blume, 2010, p.162

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