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Home Estilo de Vida Viajes

Volcán de Fuego en alerta: qué significa y qué pasó

Irinea Funes by Irinea Funes
agosto 18, 2026
in Viajes
Volcán de fuego en alerta: qué significa y qué pasó

Hay volcanes que duermen décadas y hay volcanes que simplemente no descansan. El Volcán de Fuego, uno de los más activos de América Latina, volvió a recordarle al mundo —y a sus vecinos más cercanos— que convivir con él no es metáfora: es una realidad que exige planes de emergencia, rutas de evacuación y decisiones que se toman en minutos.

La erupción más reciente fue descrita por las autoridades guatemaltecas como la más intensa desde la catástrofe de 2018, un año que quedó grabado en la memoria colectiva del país centroamericano. Esta vez, las columnas de ceniza alcanzaron más de 7.000 metros de altura y la dispersión llegó hasta 130 kilómetros hacia el Pacífico. El cielo naranja sobre las laderas no era un filtro: era lava y ceniza en movimiento.

Qué es la alerta anaranjada y por qué importa

La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres —conocida como Conred— maneja un sistema de alertas escalonado. La alerta anaranjada es el segundo nivel más alto, justo debajo de la alerta roja. Su activación no es un protocolo burocrático: implica evacuaciones obligatorias, cierre de rutas, movilización de refugios y coordinación entre instituciones de salud, seguridad y gobierno local.

En esta ocasión, cerca de 1.700 personas fueron evacuadas de comunidades ubicadas en las faldas del volcán, que se distribuyen entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango. En total, la erupción afectó de manera directa a unas 29.000 personas en 18 comunidades. Que no se hayan reportado víctimas hasta ahora no es casualidad: es el resultado de años de aprendizaje doloroso y de protocolos que, cuando funcionan, salvan vidas.

El fantasma de 2018

Para entender la gravedad de lo que ocurrió, hay que mirar hacia atrás. La erupción del Volcán de Fuego en junio de 2018 fue una de las peores tragedias naturales en la historia reciente de Guatemala. Los lahares —esos ríos de lodo, roca y material volcánico que descienden a velocidades devastadoras— arrasaron comunidades enteras. Las cifras oficiales hablaron de más de 400 muertos y desaparecidos. Aldeas como San Miguel Los Lotes quedaron sepultadas.

Ese evento cambió la forma en que Guatemala gestiona las alertas volcánicas. Y también cambió la percepción internacional sobre el Fuego: dejó de ser un volcán fotogénico para convertirse en un recordatorio permanente de que la belleza del paisaje centroamericano tiene un precio geológico.

Las autoridades mantienen ahora una vigilancia especial ante la posibilidad de lahares provocados por las lluvias pronosticadas. El material volcánico acumulado en las laderas, combinado con precipitaciones intensas, puede desencadenar flujos secundarios horas o incluso días después de que la erupción principal haya cedido.

Fuego, turismo y la pregunta que nadie quiere hacerse

El Volcán de Fuego es, paradójicamente, uno de los atractivos más fotografiados de Guatemala. Desde el volcán Acatenango —su vecino inactivo— miles de viajeros emprenden cada año una caminata nocturna para ver al Fuego en acción desde una distancia que, en condiciones normales, se considera segura. La imagen de la lava descendiendo de noche, con el cielo despejado, es de las más compartidas en cualquier perfil de viajes por Centroamérica.

Pero eventos como este abren una conversación incómoda: ¿cuándo el turismo de aventura cruza la línea hacia la imprudencia? Las rutas al Acatenango suelen cerrarse durante erupciones importantes, pero la demanda de experiencias extremas sigue creciendo. La respuesta no es eliminar el turismo volcánico —que representa una fuente de ingresos vital para comunidades locales— sino entender que el Fuego pone las reglas.

Guatemala tiene uno de los paisajes volcánicos más imponentes del continente. El Fuego, el Santiaguito, el Tajumulco: una geografía que fascina precisamente porque está viva. Pero «viva» también significa impredecible. Y esta erupción, más que cualquier folleto de viaje, lo deja claro.

Tags: viajes

Irinea Funes

Irinea Funes

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