Desde hace muchos siglos existe un ritual para afianzar una amistad que va más allá de la simple camaradería. Los hombres ya pasaban mucho tiempo juntos y tenían sentimientos profundos mutuos, pero su relación no siempre era reconocida como una amorosa. Así nació la adelfopoiesis, una especie de matrimonio bizantino entre hombres cristianos para unir a dos amigos para el resto de la eternidad (o lo que les durara el amor).
La palabra adelfopoiesis viene del griego que significa, literalmente, “hermanarse”. Supongamos que dos hombres eran muy amigos, incluso si estaban casados, cada uno con sus propios matrimonios heterosexuales y sus familias. Si ellos de verdad deseaban pasar más tiempo e irse a vivir juntos, podían hacerlo a través de este ritual. Este tenía dos propósitos: solidificar una amistad entre dos hombres, pero también como una alianza que los hacía más fuertes (pensemos en una onda Game of Thrones en donde cada relación interpersonal es también una forma de fortalecerse políticamente).

La adelfopoiesis comenzó como una forma inocente de hacerse aun más amigos y unirse espiritualmente (sin llegar al “amor carnal”, recordemos que estamos hablando de la Iglesia). Alrededor del siglo VI fue que los hombres descubrieron el poder de este matrimonio cristiano y lo usaron estratégicamente. Con el paso del tiempo la adelfopoiesis pudo practicarse con más de una persona (aunque solía ser una sola “pareja” a la vez). El emperador Basilio I usó esta boda entre amigos para ayudarse a fundar el imperio Macedonio, y también tuvo varias esposas a lo largo de su vida.
Pável Florenski, en el libro ‘The Pillar and the Ground of The Truth: An Essay in Orthodox Theodicy in Twelve Letters’, describe los pasos a seguir en el ritual de la adelfopoiesis:
– Los hombres, se colocan frente a la cruz y las escrituras, el mayor se coloca a la derecha y el más joven del lado izquierdo.
– Se hacen oraciones para pedir que ambos sean unidos en el amor.
– Se les ata con un cinturón, ponen las manos sobre los evangelios y cada uno recibe una vela prendida.
– Se leen los versos de la Primera carta a los corintios 12:27 a 13:8 y del Evangelio de Juan 17:18-26, así como el Padre Nuestro.
– Los “hermanos” reciben los regalos santificados de una copa común e intercambian besos (en la mejilla).
Uno de los rezos que pueden llegar a leerse durante la “boda” es el siguiente: “Dios todopoderoso, que fuiste antes que el tiempo y serás por todos los tiempos, que se rebajó a visitar a los hombres a través del seno de la Madre de Dios y Virgen María, envía a tu santo ángel a estos tus servidores, que se amen el uno al otro así como tus santos apóstoles Pedro y Pablo se amaban, y Andrés y Jacobo, Juan y Tomás, Jacobo, Felipe, Mateo, Bartolomé, Simón, Tadeo, Matías y los santos mártires Sergio y Baco, así como Cosme y Damián, no por amor carnal, sino por la fe y el amor del Espíritu Santo, que todos los días de su vida permanezcan en el amor. Por Jesucristo, nuestro señor. Amén”.

