Alquimia sexual: secretos de la eyaculación según la filosofía de la Edad Media

Miércoles, 1 de agosto de 2018 17:56

|Beatriz Esquivel
orgasmo masculino en la edad media

El orgasmo masculino y la eyaculación han sido objeto de distintos secretos y teorías, entre ellas están las ideas de Giordano Bruno de la Edad Media y la alquimia sexual taoísta.


No es secreto alguno que a lo largo de la historia de la humanidad han existido un sinfín de teorías con respecto a la sexualidad humana y el sexo en sí mismo, muchas descabelladas, otras que se nos hacen del todo normales y, por supuesto, aquellas que provienen de descubrimientos científicos. Muchas de esas teorías han llegado hasta nuestros días a pesar del tiempo y la distancia. En ese sentido, en momentos históricos como en la Edad Media y el Renacimiento, tampoco era inusual que teorías de otros lugares del mundo fueran conocidas.


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En un texto de Culianu, Eros y magia en el Renacimiento, relacionado precisamente con el tema que hoy nos atañe, se establece que en Occidente se tenía conocimiento del coïtus reservatus, una práctica de los taoístas en China y también de «los yoguis tánicos en India y en el Tibet» que consiste en retener el esperma. Misma que Giordano Bruno —un filósofo y teólogo medieval, entre otras más— utiliza para describir sobre los vínculos que se realizaban entre las personas para poder controlarlas, así como las masas; incluso el propio Culianu lo establece como una especie de psicología de masas antigua, pues desde la perspectiva de la magia comenzó a hacer tratados íntimamente relacionados con los procesos de la memoria humana, a la cual Bruno llamó el arte de la memoria.


«En su desarrollo máximo, alcanzado por la obra de Giordano Bruno, la magia es un método de control sobre el individuo y los medios de comunicación, basada en el conocimiento profundo de las pulsiones eróticas personales y colectivas».


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Chang Wei-Che'ng, La unión de las esencias. Circa siglo VIII-IX, Dinastía Tang.


Por ello resulta interesante que dos cosmovisiones tanto del mundo, como de nuestra sexualidad, converjan de tal manera entre hombres que creían tanto en el balance e intercambio de energías como la unión de cosas como el sexo representaban. Ambos coinciden en que el sexo no tiene una finalidad de placer, sino de cierta conveniencia; el planteamiento de Bruno es poder influir sobre la otra persona, mientas que de los taoístas es cultivar la energía; asimismo, esta energía según el italiano es representada por el pneuma —en griego significa respiración, posteriormente fue interpretado como espíritu o alma—, para los taoístas se trata de prana —del sánscrito; a veces también conocido como qi o ki, que proviene del japonés—, ambas representando el aliento vital.


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El semen: el pneuma


En ese sentido, el semen es considerado la representación física del pneuma, en otras palabras el semen es la forma material del espíritu o el alma. Aunque para los taoístas es un tanto más específico, ese aliento vital se divide en Jing —que refiere a la energía sexual— y el qui —que es propiamente el aliento—.


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Da vitalidad


Al tratarse de una representación de ese aliento vital, ambas teorías constatan (en especial la taoísta) que al expulsarlo durante una relación sexual se pierde esa energía. Según el pensamiento oriental, el semen tiene un origen celeste, por lo que no debería desperdiciarse.


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Y longevidad


Relacionado con el punto anterior, al desperdiciar esa energía celeste, el hombre pierde longevidad, ya que esta energía —el Jing— al ser cultivada puede ayudarte a vincularte de nuevo con el cielo y por lo tanto alcanzar la inmortalidad o lo que también conocemos como la trascendencia. Asimismo está conectado con un ideal de mantener o recuperar la salud, pensando en ello no es difícil adivinar que los postulantes se hayan dado cuenta que mantener una vida sexual activa era parte clave de esto, pero sin caer en pasiones que impiden ese cultivo espiritual.


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Roman de la Rose: amantes en una cama. Siglo XIV.


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La eyaculación "libera" los vínculos


Según Giordano Bruno, sostener relaciones sexuales es una de las formas con las que puedes crear un vínculo con una persona, "hechizarla" y por lo tanto, tener influencia sobre ella. Dado que durante el acto sexual existe una convergencia de energías —y esto no es exclusivo de la propuesta de Bruno—, en el momento en el que el hombre retiene su eyaculación el vínculo se estrecha o se hace más fuerte, puesto que no está perdiendo fuerza vital.


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Se trata de un ejercicio de control


Puede parecerte bastante obvio, y lo es, tan sólo basta una lectura rápida de cualquier tratado de sexo tántrico o de las propuestas taoístas para darse cuenta que este tipo de encuentros tienen como punto clave el autocontrol del cuerpo, la energía y hasta de los orgasmos. En ese sentido, que un hombre evite la eyaculación durante el orgasmo es parte de un ejercicio de autocontrol en el que no permite que sea controlado o seducido por la otra persona, puesto que de dejarse ir —o seducir— perdería la influencia que quiere conseguir.


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Si bien la propuesta es que el hombre no eyacule durante el acto sexual, el orgasmo sí está permitido y en parte es esencial para reforzar los vínculos con la otra persona. También las ideas taoístas tienen como interés que las parejas puedan convivir y hacer que su energía fluya de forma armónica, y más allá de estas concepciones de alcanzar cierta trascendencia, lo cierto es que la aplicación de estas técnicas no puede tener más que distintas ventajas, desde que mejora nuestra salud, nos permite conectar de manera más íntima a nuestra pareja, saber reconocer nuestras emociones y las ajenas —lo cual habla de salud mental— y también supone ser una experiencia placentera, puesto que en ninguno de los preceptos anteriores está negado el orgasmo, sólo la eyaculación masculina.


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