
El Plan de Iguala fue un hito en la historia de nuestro país. Este documento avala por completo la independencia de México de España. El Plan de Iguala no sólo instituyó oficialmente la autonomía, también estableció principios importantes para guiar a la nueva nación. Sin embargo, como consecuencia no deseada, desató corrientes políticas y sociales que definirían a la nación durante las próximas décadas.
Antecedentes del Plan de Iguala
La guerra de independencia de México creó profundas divisiones sociales y étnicas en el país. Por un lado, los mexicanos de clase alta buscaban reemplazar el dominio extranjero con gobiernos que actuarían a su favor. Por otro lado, envalentonados por la posibilidad de crear un orden completamente nuevo, las castas (personas de ascendencia indígena, africana o mixta) intentaron terminar con el gobierno que los mantenía subordinados y privados de sus derechos. Miguel Hidalgo y José María Morelos, lideraron los primeros movimientos independentistas en México, lucharon junto a sus aliados de casta, para acabar con la estratificación social marginada y la discriminación, que había caracterizado a la sociedad mexicana desde la Conquista. Tales movimientos amenazaron a las clases altas predominantemente blancas, que rápidamente dejaron de lado sus diferencias y unieron fuerzas.
Foto: INAH
Características del Plan de Iguala
Las contrarrevoluciones siguientes consiguieron reprimir, pero no vencer, el movimiento de las castas. México siguió siendo una sociedad dividida. En vísperas de declarar la independencia de España, las élites mexicanas pretendían que el Plan de Iguala actuará como un compromiso entre las clases divididas de México. El Plan de Iguala fue un pacto de conveniencia entre los conservadores realistas liderados por Agustín de Iturbide y los liberales liderados por Vicente Guerrero.
Mucha gente luchó por la independencia de México, pero un hombre la hizo realidad: Agustín de Iturbide, un criollo que servía en el ejército realista en México, creó una solución política que puso fin al conflicto entre realistas y rebeldes. Iturbide se dio cuenta de que todos los mexicanos habían sufrido bajo el dominio español, lo que significa que los peninsulares eran el verdadero enemigo de la población indígena de México. Elaboró un marco que ofrecía a los mexicanos tres garantías: independencia, igualdad y religión. Iturbide se reunió con los insurgentes y les explicó sus beneficios y aseguró su cooperación.
Las tres garantías se convirtieron en el Plan de Iguala: la independencia implicaba que México tendría que ser declarado estado soberano. Igualdad comprendía el hecho de que ya no habría distinción entre las castas. La religión declaró que el catolicismo sería nombrado religión oficial.
Agustín de Iturbide, Wikimedia Commmons
Convencidos de que el plan garantizaría el éxito, los líderes rebeldes acordaron con Iturbide dejar de lado sus diferencias para que todos los mexicanos pudieran trabajar por el bien común. Reunidos en la localidad de Iguala el 24 de febrero de 1821, Iturbide (en representación de los criollos) y Vicente Guerrero (en representación de los ex insurgentes) firmaron el plan. Sus fuerzas conjuntas se llamaron Ejército Trigarante, hicieron a un lado al ejército realista restante y entraron en la Ciudad de México en agosto de ese mismo año.
Tratado de Córdoba
Otro logro fue el Tratado de Córdoba. Este tratado fue un acuerdo sobre la independencia de México, fue pactado por Juan O’Donoju y Agustín de Iturbide. Proporcionó las pautas para elegir al emperador del recién creado estado soberano de México.
Finalmente el virrey español Juan O’Donojú firmó el plan, reconociendo la independencia de México de España en el Tratado de Córdoba. Aunque los funcionarios en España se negaron a reconocer el tratado hasta 1836, México había obtenido su independencia.
Iturbide se convirtió en emperador de México el 22 de julio de 1822. Su reinado en el poder duró poco, porque la inestabilidad política y financiera continuó azotando al nuevo México. Más tarde, el rey Fernando VII declaró que O’Donoju no tenía autoridad para firmar el Tratado. Posteriormente, el congreso anuló tanto el Plan de Iguala como el Tratado de Córdoba. Afirmaron que la nación mexicana no estaba obligada por su propio consentimiento, ni por el de sus representantes designados según el derecho público de las naciones libres. Ese mismo día, el congreso también decidió exiliar al emperador Iturbide a Italia. Afirmaron que se apoderó de la corona a través del poder y todos los derechos a la corona fueron despojados de cualquier miembro de su familia. El Congreso estaba bajo una nueva influencia en este punto, la de Antonio Lopez de Santa Anna y Vicente Guerrero.
En marzo de 1823, se aceptó la oferta de abdicación de Iturbide. Después de marcharse a Europa, la situación en México siguió empeorando e Iturbide se dio cuenta de que su sacrificio era en vano. Iturbide continuó recibiendo informes de México de algunos asesores de que si regresaba sería aclamado como un libertador y un líder potencial contra la invasión española. Iturbide regresó a México para ayudar, pero fue capturado tan pronto aterrizó. Los funcionarios locales lo ejecutaron ese mismo día. Después de su ejecución, el gobierno mexicano tardó más de diez años en darse cuenta de su error. En ese momento sus restos fueron transportados a la catedral de la Ciudad de México.
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