Sabemos que el tema de la gentrificación no es cosa menor y de hecho tiene muchas aristas. ¿Es incómodo? Sí, pero también muy necesario y es una prioridad hablar de ello porque lo que está sucediendo en la Ciudad de México es sólo la punta del iceberg.
La reciente marcha contra la gentrificación que ocurrió el pasado 4 de julio, abrió una conversación muy importante en el país. Y no, no se trata de xenofobia. La marcha fue convocada por vecinos de colonias como Roma, Condesa, Juárez, Doctores y Obrera, junto con colectivos activistas. Juntos denunciaron y condenaron el desplazamiento de residentes locales por el aumento de rentas y servicios, debido a la llegada masiva de extranjeros, especialmente estadounidenses. Esta situación se ha ido agravando cada vez más y el problema va más allá del aumento de las rentas, es cultural y de pertenencia.
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¿Qué es la gentrificación?
Primero lo primero, es importante dejar clara la definición de este fenómeno socio-cultural. La gentrificación es un proceso urbano que transforma barrios populares o de clase trabajadora en zonas más atractivas para personas con mayor poder adquisitivo. Aunque puede parecer un avance o mejora a la infraestructura y los servicios, las consecuencias detrás del fenómeno suelen ser profundas, dolorosas y muy desiguales.
¿Cómo ocurre la gentrificación?
- Revalorización del barrio: Inversiones privadas o públicas mejoran calles, parques y edificios.
- Llegada de nuevos residentes: Personas con mayores ingresos se mudan, atraídas por la ubicación o el estilo del barrio.
- Aumento de precios: Suben las rentas, el valor de las propiedades y el costo de vida.
- Desplazamiento: Los residentes originales, que no pueden pagar los nuevos costos, se ven obligados a mudarse.
- Cambio cultural: Se reemplazan negocios tradicionales por cafeterías, boutiques y servicios dirigidos a los nuevos habitantes.
¿Te suena familiar? La gentrificación es la razón por la que tu café ahora cuesta $100 pesos.

La gentrificación preocupa por muchas razones, primero porque la identidad barrial, la vida comunitaria, las costumbres e incluso el lenguaje se diluyen, llegando a un punto en el que prácticamente desaparecen. En colonias como la Roma o la Condesa ahora parece más normal hablar inglés que español. Ahora, también se crea una barrera entre quienes se pueden permitir vivir en estos sectores y los que tuvieron que mudarse para poder llegar a fin de mes.
Por otro lado, el auge de plataformas como Airbnb convierte viviendas en alojamientos temporales, reduciendo la oferta para residentes y volviéndose uno de los principales problemas. Y es que el problema no es el turismo en sí mismo, sino todo lo que ocurre alrededor de ello.
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¿Cómo frenar la gentrificación? 5 claves para que esto suceda
Después de entender cómo se da este fenómeno tan problemático y lo que es, ¿qué tendría que pasar para que se detenga? En un video reciente del creador de contenido Diego Ruzzarin, quien se dedica a cuestionar y analizar de manera profunda la filosofía, política, la economía e incluso la cultura pop; analizó el problema de la gentrificación en la CDMX después de la marcha del 4 de julio y propuso 5 políticas para amortiguar el fenómeno:
Adiós a plataformas de hospedaje:
Limitar o regular drásticamente servicios como Airbnb evita que se conviertan en hoteles furtivos. Al destinar esas viviendas de nuevo a arrendamientos de largo plazo, se amplía la oferta para quienes viven y trabajan en la ciudad, y se evita el encarecimiento acelerado de las rentas.
Control de rentas:
Establecer topes claros al aumento anual del alquiler –por ejemplo, un índice que no supere el nivel de inflación– protege a inquilinos de incrementos abusivos. Así, las familias no tendrían que mudarse cada año por subidas súbitas e insostenibles.
Vivienda popular estatal:
Si el Estado promueve proyectos donde la renta o el costo compra estén por debajo del mercado privado, se protege a quienes no pueden competir con la inversión de fondos nacionales o extranjeros.
No especulación inmobiliaria a capital extranjero:
Impedir que grandes fondos internacionales compren cientos de inmuebles como inversión garantiza que el barrio no quede en manos de un puñado de empresas. Con esto, las casas se mantienen disponibles para residentes locales y la plusvalía deja de ser negocio exclusivo de capitales ajenos.
Adiós a Blackrock:
Exigir transparencia y prohibir la adquisición masiva de bienes raíces por parte de gigantes como BlackRock –el mayor administrador de activos del mundo– evita la concentración extrema de la propiedad. Si no pueden revender o alquilar a precios desbordados, disminuye la presión sobre el costo de vida en los barrios tradicionales.
Estas cinco medidas no son magia, pero sí pasos concretos para devolver la CDMX a la gente que la habita desde siempre. Frenar la gentrificación implica poner límites al lucro desmedido y garantizar el derecho a la vivienda por encima de las ganancias inmobiliarias.
