¿Cómo era el matrimonio entre los aztecas?

Lunes, 15 de enero de 2018 9:26

|Diana Garrido

La pareja pasaba cerca de cuatro días en un tapete mientras el resto de la comunidad les hacía llegar regalos para su nueva vida en matrimonio.

Algo prestado, algo nuevo y algo azul; el velo, las arras, el ramo... son muchas las cosas que se deben preparar antes de una boda católica en la actualidad. A veces, se siguen algunas tradiciones para atraer la buena fortuna en el matrimonio que está por comenzar. No obstante, siempre ha sido un ritual muy detallado que implica el comienzo de la vida en pareja. Los aztecas, por ejemplo, tenían muy claros los cánones del matrimonio, así como los rituales a seguir en la ceremonia y a decir verdad, no son tan diferentes a lo que se vive en la actualidad.


Para que un matrimonio mexica pudiera llevarse a cabo, la pareja debía tener cierta edad. Los hombres 22 años y las mujeres 17 o 18. Sin embargo, ellos no podían elegir a su pareja, esa era labor de los padres, mismos que con algunas reuniones previas concretaban el matrimonio de sus hijos. El padre del novio, debía guiar al chico a tener un bonito detalle con el padre de la novia, pero debía ser un regalo lo suficientemente grande para que la familia de la mujer lo rechazara como señal de la pureza y dignidad de su hija. Posteriormente debía darle un segundo regalo a la familia, dónde la novia debía decidir si lo aceptaba o era rechazado.



Cuando ella no lo regresaba, era señal de que debían ponerle fecha al casamiento. Hasta entonces, los novios se conocían. Acto seguido, se daba un ritual muy específico. El novio salía a su puerta a recibir a la mujer con un incensario en manos, rodeado de personas que llevaban antorchas encendidas. Un sacerdote era el que tenía el poder para unirlos, los juntaba y los incensaba, enseguida cada uno de ellos decía una letanía con la que se bendecían y se aceptaba uno al otro.


En una estera, que era como un tapete grueso y grande, se colocaban para simbolizar su nuevo espacio. Había fuego y cuerdas. Con ellas amarraban las ropas de los novios y así, unidos, giraban en torno al fuego, quemando copal y celebrando la unión. Enseguida, hacían algunas plegarias y lanzaban un tipo de arena al fuego. Entonces estaban unidos por la bendición de las deidades, mientras que el sacerdote les daba una pequeña bendición extra.



Proseguía la celebración, misma que se llevaba a cabo en el mismo lugar. Los novios, sentados en la estera se alimentaban mutuamente y bebían pulque para festejar. Una vez que caía la noche, todos regresaban a su hogar, salvo los novios, mismos que se quedaban en el mismo sitio por cuatro días rezando, en ayuno y conociéndose. Cada día, dormían en diferentes lechos. El del hombre estaba adornado con plumas, mientras que el de la mujer tenía una piedra preciosa. De igual forma, durante el tiempo que permanecían en penitencia, les llegaban regalos de todo tipo hasta que estaban listos para unirse carnalmente.


Procedían entonces a vivir su matrimonio de modo que debían seguir un orden social específico en el cual el lema principal era «el padre es raíz y base de familia», entonces, la mayoría de los beneficios eran en favor de los hombres, quienes eran, en su mayoría, fuertes guerreros. Sólo si se dedicaban a la guerra, adquirían ciertos derechos como la poligamia, la cual efectuaban con ciertas mujeres, pero si alguna de ellas decidía hacer lo mismo, eran muy mal vistas. No obstante, si ella solicitaba el divorcio lo obtenían, aunque era un poco complicado, puesto que ella vivía en su calpulli (casa) y era difícil tener que moverse con sus hijos y sus pertenencias a un nuevo hogar o al de sus padres. No obstante, muchas mujeres volvían a casarse.



Si bien se vivía un sistema en el que los hombres tenían más derechos que la mujeres, ellas también gozaban de algunos privilegios que dejaban en mal a los caballeros cuando no cumplían con su deber. Es notorio que muchas de estas tradiciones mexicas siguen vigentes y aún prevalecen en nuestra sociedad a pesar del tiempo.

Diana Garrido

Diana Garrido


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