La dama de los gorilas, la mujer que huyó de la crueldad humana y fue asesinada en las montañas

Miércoles, 17 de enero de 2018 10:37

|Monica Gonzalez

Para quienes la conocieron no había duda de que era una buena mujer; pero como todos, tenía un lado oscuro, y ese era su obsesión con los gorilas.



El registro de la historia humana nos ha permitido conocer a personas cuyas convicciones las impulsan a trabajar incansablemente para conseguir sus objetivos. Y si estas metas consisten en salvar vidas, la biografía se vuelve aún más interesante. Una de esas personas es Diane Fossey, mejor conocida como la Dama de los gorilas.


Fossey fue una zoóloga y primatóloga norteamericana brillante y excepcional. Es considerada la pionera del estudio y la protección de los gorilas de montaña. Su trabajo es un precedente que marcó una notable diferencia en la conservación de una especie que no tenía esperanza de sobrevivir, y que hoy en día prospera gracias a una mujer de carácter fuerte, aventurera, generosa, valiente y arriesgada. Fue hija de Kathryn Kidd, una modelo profesional, y George Fossey, un agente de seguros. Nació en 1932 en San Francisco, California, una ciudad donde la niebla es muy habitual para sus pobladores. Dian murió en 1985 en Ruanda, donde, curiosamente, la niebla también se apodera del territorio.





Tuvo una infancia dura. Apenas tenía tres años cuando sus padres se divorciaron, debido a que su madre no quiso seguir lidiando con el severo alcoholismo de su esposo. Tras la separación, Dian nunca volvió a ver a su padre. Poco tiempo después, su madre se casó con Richard Price, un hombre de negocios. Price era muy estricto y nunca vio a Dian como a una hija; la maltrataba psicológicamente, incluso llegó a prohibirle sentarse a cenar en la misma mesa con ellos. Fueron los constantes abusos de su padrastro y la falta de amor de su madre los que la convirtieron en una chica insegura y solitaria que prefería relacionarse con los animales —a pesar de que nunca la dejaron tener mascotas— que con las personas, porque creía que eran complicadas y los animales honestos.


Cuando llegó el momento de ir a la universidad, Price la presionó para que estudiara Economía, profesión que a ella le parecía aburrida. Por eso, cuando cumplió 19 años, desafió la autoridad de su padrastro y se matriculó en un curso de veterinaria en la Universidad de California. Fossey era buena estudiante, le gustaba la Biología; pero tenía problemas con Física y Química. Por ello, abandonó la carrera al segundo año y se inscribió en terapia ocupacional en el San Jose State College. Se especializó en la investigación de técnicas de trabajo con niños y se graduó a los 22 años.





Luego de licenciarse, consiguió un empleo en el Kosair Children´s Hospital en Kentucky, donde durante varios años se encargó de atender a niños con discapacidad, quienes la aceptaron con relativa facilidad, no sólo porque era empática y amorosa con ellos, sino por los métodos que utilizaba para comunicarse con los pequeños. Éste consistía en gestos, arrumacos, sonidos y juegos. Fue justamente este método que utilizó con los niños del hospital infantil el que sentaría las bases del que empleó en su trabajo con los gorilas de montaña.


Si bien es cierto que era una mujer discreta, también era intrépida y aventurera. Siempre manifestó un interés y gusto por conocer el continente africano, pero no fue sino hasta 1963 cuando viajó por primera vez a África, y se fascinó con todo lo que vio ahí. Durante este primer viaje conoció al antropólogo Louis Leakey, quien le sugirió que estudiara a los gorilas. Tres años después volvió a coincidir con Leakey, que le ofreció el empleo que cambió su vida, el que daría sentido a todo lo que había hecho hasta ese entonces. Al llegar a África, su principal tarea consistía en hacer un censo de los gorilas de montaña; pero ella quería saber todo lo que pudiera sobre ellos. Para ello recibió capacitación para el rastreo, y con paciencia y mucha meticulosidad comenzó a acercarse a los gorilas.





Poco a poco fue entendiendo su comportamiento y empezó a imitarlo. Aprendió a ser sumisa, porque ellos son criaturas dominantes que expresan su autoridad cuando se yerguen. Dian se acercaba a ellos en cuclillas para darles confianza y demostrarles que sus intenciones eran pacíficas —método al que llamó proceso de adecuación. Cuando comenzó a estudiarlos no se sabía con exactitud cuántos quedaban. Fue gracias a su incansable trabajo que se transformó la imagen que hasta ese momento se tenía de los gorilas; logró captar la atención del mundo y le mostró que eran criaturas fabulosas y no monstruos. Su trabajo con los gorilas fue extraordinario y único, para ella era apasionante a tal grado que su hogar estaba entre los gorilas, los cuidó y defendió ante cualquier amenaza. Sus métodos no eran muy ortodoxos, se dice que asustaba a los cazadores ilegales utilizando máscaras de halloween, los azotaba con ortigas y les confiscaba los machetes, lo que le generó una reputación de bruja entre los locales.





Sin embargo, tras la muerte de Digit —su mejor amigo, su gorila favorito—, la lucha de la primatóloga en contra de los cazadores se volvió más intensa. Para entonces ya no había rastro de la niña insegura, ahora era extremadamente enérgica y muy dedicada. Para quienes la conocieron no había duda de que era una buena mujer; pero como todos, tenía un lado oscuro, y ese era su obsesión con los gorilas, la cual también la llevó a enemistarse con mucha gente, a ser cautelosa y desconfiada. Lamentablemente, Fossey fue asesinada a machetazos; aún no se sabe con certeza quién fue el autor del homicidio. Su muerte fue un hecho lamentable y atroz; no obstante, ella era consciente de que podía suceder. Aún así tomó el riesgo y se convirtió en una leyenda que salvó a una especie. Dian Fossey fue enterrada en el lugar que ella misma arregló para los gorilas, ocho años después de la muerte de Digit.





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Monica Gonzalez

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