No es por ser románticos, pero el amor lo puede todo, incluso llevar a Donovan Carrillo a uno de los escenarios más impresionantes para un deportista en el mundo, los Juegos Olímpicos. El patinaje artístico jamás fue un deporte en el que México destacara… hasta ahora.
Hoy, Donovan Carrillo está de nuevo en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Milano–Cortina 2026 no es solo una segunda oportunidad, es la confirmación de que lo que pasó en Beijing 2022 no fue suerte. Su primer objetivo es claro y se trata de avanzar del programa corto y colocarse entre los mejores 24 patinadores del mundo para asegurar su lugar en el programa libre. Es una meta técnica pero muy exigente. Y llegar hasta ahí le tomó casi dos décadas.
Para entender lo que significa verlo competir hoy en Italia, hay que regresar algunos años atrás, cuando patinar no parecía una decisión lógica ni sostenible para un niño mexicano.
Donovan Carrillo: Todos los sacrificios que hizo para llegar a donde está
Donovan Carrillo empezó a patinar a los 8 años, en 2008, en una pista de hielo dentro de un centro comercial de Guadalajara. No llegó al patinaje artístico por tradición familiar ni por un proyecto deportivo planeado. Él mismo ha contado que su motivación inicial fue que quería impresionar a una niña que patinaba. Lo que parecía un impulso infantil terminó marcando el rumbo de su vida.

Desde el inicio, el contexto jugaba en su contra. En México, el patinaje artístico es un deporte marginal. Hay pocas pistas, horarios limitados, entrenamientos interrumpidos y prácticamente ningún apoyo institucional. Donovan entrenaba en pistas improvisadas, muchas veces compartidas con público general, adaptándose a condiciones que están muy lejos de lo que exige un atleta de alto rendimiento.
Mientras otros patinadores del mundo crecían con acceso a entrenadores especializados, rutinas constantes y competencias frecuentes, Donovan Carrillo y su familia hacían malabares para sostener su carrera. No había becas estables ni infraestructura que garantizara continuidad. Hubo momentos en los que simplemente no tenía dónde entrenar y tenía que desplazarse largas distancias para encontrar una pista disponible.

A eso se sumaron los sacrificios familiares. Sus padres, sin vínculo previo con el deporte de alto rendimiento, asumieron el costo económico y emocional de apoyar un sueño que no ofrecía certezas. Cambios de ciudad, gastos constantes y la presión de mantener viva una carrera que, en México, parecía no tener futuro.
Con el paso del tiempo, la falta de oportunidades lo obligó a salir del país. Donovan se mudó en distintas etapas, primero dentro de México y después al extranjero, hasta establecerse en Canadá, donde finalmente encontró las condiciones necesarias para entrenar al nivel que exige el patinaje artístico internacional. Vivir entre México y Canadá no fue una elección cómoda, sino una necesidad para poder competir.
Lee también: Donovan Carrillo gana medalla de plata en Alemania con esta increíble rutina
El desgaste no fue solo económico. También hubo lesiones, agotamiento físico y dudas constantes sobre si valía la pena seguir. En un entorno donde su deporte no es reconocido ni celebrado, persistir significó resistir comentarios, estigmas y la idea recurrente de que su esfuerzo no tendría recompensa.

Aun así, en 2022, todo ese recorrido desembocó en un momento histórico y Donovan Carrillo se convirtió en el primer mexicano en 30 años en clasificar a unos Juegos Olímpicos de Invierno en patinaje artístico. Su participación en Beijing no solo rompió una sequía, también cambió la conversación alrededor del deporte en México. Patinar con música latina y mexicana fue una total declaración de identidad en uno de los escenarios más exigentes del mundo.
View this post on Instagram
Hoy, en Milano–Cortina 2026, Donovan no representa una sorpresa, sino una trayectoria. Cada sacrificio, cada mudanza y cada entrenamiento en condiciones adversas lo trajeron hasta aquí. Su presencia en estos Juegos Olímpicos es la prueba de que resistir durante años en un sistema que no estaba diseñado para apoyarlo tuvo sentido.
Más allá del resultado, Donovan Carrillo ya ocupa un lugar en la historia del deporte mexicano.
