La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte.
El polímata Leonardo Da Vinci tuvo apasionadas relaciones con mujeres; tenía el poder de creación y destrucción sobre ellas, a las que inmortalizó en la superficie del lienzo, en el umbral de la obra creada.
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Desde el Renacimiento, testigos revelan que a Leonardo Da Vinci le gustaba rodearse de apuestos jóvenes; las relaciones personales se atribuyen a los registros históricos, a los escritos biográficos, cuya identidad sexual ha sido sujeta a cambios de acuerdo al contexto (tiempo-espacio).
En abril de 1476, a la edad de 24 años, Leonardo fue acusado de sodomía por medio de un anónimo depositado en el buzón público; se procedió a un juicio y meses después fue declarado inocente por falta de pruebas.
Elizabeth Abbott, en su libro History of Celibacy, afirma que debido a el trauma del caso sobre sodomía, Leonardo se convirtió al celibato para el resto de su vida.
Giorgio Vasari, pintor, arquitecto y escritor, es un personaje fundamental en la Historia del Arte y en la Historiografía, es considerado el primer historiador del arte por reunir la vida de los más notables pintores, escultores y arquitectos italianos. Vasari describió a dos hombres jóvenes como amantes de Leonardo durante varios periodos de su vida: Gian Giacomo Caprotti da Oreno (Salai) y el conde Francesco Melzi.

Vasari describe a Leonardo como un “ser maravillosamente dotado de belleza, gracia y talento en abundancia”.
En 1490, Da Vinci conoce a Gian Giacomo Caprotti da Oreno, un joven de 10 años que prestaba sus servicios de asistente y modelo, hijo de unos campesinos procedentes de Oreno. Leonardo se refiere a él como Salai o Salaino, nombre de un diablo, personaje de la obra Morgante, de Luigi Pulci. El encuentro queda registrado en uno de los libros de notas de Da Vinci.

Algunos críticos asocian rasgos físicos de Giacomo Caprotti en determinados dibujos de Da Vinci: su abundante y rizado pelo, la nariz recta, el mentón fino y las facciones femeninas características de Salai.

El rostro angelical y andrógino de Salai sirvió de inspiración a Leonardo para recrear personajes como: San Juan Bautista y El Ángel Encarnado, éste último un dibujo erótico que muestra a un “ángel” en estado de erección.

Leonardo le dio numerosos regalos a Salai y a su familia; al morir, le dejó una parte de su fortuna y algunos trabajos; mientras que su último compañero, Francesco Melzi, heredó sus notas.
En una carta de Melzi dirigida al hermano de Leonardo, en la que le notifica su deceso, relata la cercanía en la relación del artista con sus estudiantes: “sentimiento profundo y el amor más ardiente”.
Francesco Melzi fue compañero de Leonardo y quien presenció el último aliento del gran artista en Francia. Resguardó sus notas y las preparó para su publicación en la forma prescrita por su maestro.
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Sigmund Freud se basó en el dibujo de una relación homosexual que figuraba entre las notas de Leonardo, al igual que en varias ilustraciones detalladas del esfínter anal, y publicó Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci (1910), un estudio psicoanalítico en el que sostenía que el genio era homosexual pero célibe; Freud exalta el erotismo de Da Vinci por medio de una exhaustiva investigación basándose en el cuadro Santa Ana, con la Virgen y el Niño.
Impulso masculino, soledad, pasiones reprimidas, satisfacción y liberación en su obra son algunos de los misterios que rodean al genio Leonardo Da Vinci.
