El misterioso significado del jaguar y otros animales en el México prehispánico

Sábado, 2 de diciembre de 2017 14:19

|Rodrigo Ayala Cárdenas

El miedo que les provocaba su ferocidad, fortaleza y majestuosidad también hicieron que los hombres les dieran un carácter sagrado.

Según algunas cosmovisiones de culturas prehispánicas, los dioses inventaron a los animales para que les rindieran pleitesía. Al ver que las bestias se limitaban a ladrar, aullar y pronunciar palabras ininteligibles, los iracundos dioses los castigaron haciéndolos vivir en barrancas y bosques. Los condenaron a ser cazados y comidos por los seres humanos, quienes sí se habían sometido a sus deseos de adorarlos y dedicarles sacrificios. Otras culturas estaban convencidas de que sus primeros antepasados fueron transformados en mariposas, perros, monos y otros animales, es por ello que su vínculo con ellos era tan grande, al grado de darles místicos significados.


El miedo que les provocaba su ferocidad, fortaleza y majestuosidad también hicieron que los hombres les dieran un carácter sagrado, tal es el caso del jaguar, un animal de imponente apariencia que se ganó el carácter de divino entre varias de las sociedades prehispánicas. La presencia animal fue abundante en esculturas, pinturas y relatos orales, ofreciendo una enigmática presencia a una cosmovisión que se cuenta entre las más fascinantes del mundo. ¿Quiénes eran los animales más venerados entre estas culturas? Descúbrelo en las siguientes líneas…

 

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Jaguar

 


Entre los pueblos mayas, este felino aludía a las tinieblas, al inframundo y al fin y principio de los tiempos. Tiene una fuerte alegoría con la destrucción y la muerte. Su imponente presencia en lo profundo de las selvas del sureste mexicano debió ser lo suficientemente atemorizante como para infundir miedo y darle un carácter hasta cierto punto sobrenatural. En ese mundo subterráneo del que es dueño y protagonista, el jaguar posee conocimientos que los humanos prefieren evitar al estar asociados con la oscuridad, lo prohibido y con un mundo habitado por los muertos y los dioses que quitan la vida.


En la sociedad azteca, este animal simbolizó una de las castas guerreras más importantes de sus imperio: los Guerreros Jaguar. Para los aztecas se llamaba ocelotl y para los mayas, balam.


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Serpiente

 


La majestuosa serpiente era uno de los animales más admirados por las culturas de Mesoamérica. En Teotihuacán se han encontrado vestigios pictóricos y escultóricos donde este animal aparece como un símbolo de poder de la clase política más alta. La diosa Coatlicue, madre de Huitzilopochtli, lleva una falda con serpientes de cascabel. El mismo dios Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, una de las deidades que más se popularizó entre los pueblos de prehispánicos, es el más claro ejemplo de que este animal era visto como algo sagrado.

 

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Águila


 

El cronista español Gonzalo Fernández de Oviedo relata que en su visita al palacio de Moctezuma vio hasta 50 águilas reales como mascotas del soberano azteca. No era nada raro ver a estos animales en cautiverio, ya que los mexicas usaban su plumaje y huesos como adornos de escudos, cascos, lanzas y demás atavíos de la realeza y los guerreros. También se destinaban a ofrendas o se disecaban. El águila estaba asociada con el Sol y encarnaba los valores del pueblo mexica: la fuerza, poderío, dominio sobre los otros, afán de ocupar el sitio central en el cosmos. De esa manera se constituyó como el animal que representaba a una de las dos castas más importantes de la élite guerrera azteca: los Guerreros Águila y los ya mencionados Guerreros Jaguar.

 

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Itzcuintli


 

El ahora conocido como xoloitzcuintle, era el perro doméstico por excelencia de los mexicas, el cual representaba la lealtad y el instinto dominante. Formaba parte de un relato sagrado que decía que al morir, las personas debían atravesar un río localizado en el Mictlán, guiados por un itzcuintli. Los que se hubieran portado mal en vida con alguno de estos perros tenían prohibida su ayuda y estarán condenados a vagar por toda la eternidad a la espera de poder cruzar ese río que los llevaría en su viaje por el más allá. Junto con otra raza de perro domesticada, el tlalchichi, el itzcuintli también sirvió como alimento de los mexicas. Esta antigua especie también tuvo contacto con los tlaxcaltecas, mayas y zapotecas.

 

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Quetzal


 

Las majestuosas plumas de esta hermosa ave estuvieron asociadas al dios Quetzalcóatl y su contraparte maya, Kukulkán, cuyo cuerpo de serpiente estaba engalanado con ellas en su totalidad. Aquel que se atreviera a cazar y matar a esta ave sagrada recibía la pena de muerte. Adorada entre mayas y aztecas, y seguramente más pueblos, hoy en día el quetzal se enfrenta a un alarmante peligro de extinción por su caza ilegal y por la pérdida de su hábitat a causa de la deforestación. Sus plumas majestuosas son las que adornan el famoso penacho de Moctezuma, muestra de que este animal estaba relacionado con las clases altas y los dioses. En lengua náhuatl quetzal significa “bella pluma brillante”.


En la cosmovisión maya, el origen del quetzal se da de la siguiente manera: cuando los dioses Kukulkán y Tepeu estaban creando el mundo, dieron vida a las aves con su soplo divino sobre las hojas azul-verdosas del árbol guayacán. Éstas salieron volando y de ellas nació el hermoso plumaje del quetzal.

 

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Como ya has leído, el jaguar y el águila eran seres tan importantes en el pasado mexicano que inspiraron la creación de una temible casta de guerreros que combatían con ferocidad para que el imperio azteca continuara con su pleno dominio sobre otros pueblos. El simbolismo que tienen estos y otros animales sagrados era muy importante para varios pueblos más que, ya sea por temor o fascinación, rindieron pleitesía a otras especies vivas a las cuales incluso consideraban dioses.

Rodrigo Ayala Cárdenas

Rodrigo Ayala Cárdenas


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